María ingreso a los 12 años a las filas de la guerrilla colombiana de las FARC. Luego de tres intentos de fuga logró escapar y nos contó su historia.
El reclutamiento forzado de menores es definido por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional como un crimen de lesa humanidad. En esta lista negra entran también el asesinato, el desplazamiento forzoso, la tortura, la agresión sexual, la desaparición forzada, el secuestro, entre los delitos más importantes. Estos hechos, para configurarse como crímenes contra la humanidad deben ser cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil. Si se dan en el contexto de un conflicto armado son además, crímenes de guerra.Latinoamérica y sus crímenes de lesa humanidad
En América Latina existen en este momento dos países que llaman la atención de los tribunales interamericanos e internacionales: México, Colombia y Honduras. En concreto la Corte Penal Internacional (CPI) adelanta dos investigaciones preliminares en la región, a saber: Honduras y Colombia. En este último monitorea los avances de la aplicación de justicia en los casos más graves de crímenes contra la humanidad cometidos en este país, como lo son las masacres, el reclutamiento forzado de menores, el desplazamiento y el abuso sexual como arma de guerra. En Honduras se investigan las denuncias de crímenes que se han cometido a partir del golpe de Estado de 2009.
A continuación reseñamos algunos ejemplos, con nombres y apellidos, de los crímenes más generalizados que han sido cometidos contra la población civil en las dos últimas décadas.
El terror de las masacres
En un noviembre negro del año 2000 en la Ciénaga Grande de Santa Marta al norte de Colombia, 57 hombres de las entonces Autodefensas Unidas masacraron a 37 personas. Jesús Suárez, un habitante que logró sobrevivir nos relató lo ocurrido esa noche: “Entre las 2 y 5 de la mañana, los paramilitares en dos lanchas rápidas y una canoa comienzan a recorrer el pueblo palafito y van sacando a los hombres de sus casas con lista en mano y los llevan a la iglesia. Allí los ejecutan”. Luego de la masacre, la población huyó despavorida, dejando abandonadas sus casas y pertenencias.
En los 90 y durante la primera mitad de la década del 2000, Colombia vivió una de las épocas más negras de su larga historia de violencia. Años en los que el país asistía horrorizado a las noticias de asesinatos en masa, de cuerpos quemados o despedazados con motosierras, de niños decapitados. Según la fiscalía de Justicia y Paz sólo en el periodo de su jurisdicción es decir, entre los años 2002 y 2006, en Colombia tuvieron lugar 1.672 masacres.
Violencia sexual, crimen contra la humanidad
Eran cerca de las 10 de la mañana del 25 de mayo del 2000 cuando la actual subdirectora de la sección judicial del periódico El Tiempo, Jineth Bedoya, llegó a una importante cárcel de la capital colombiana para realizar una entrevista con un paramilitar, quien la había contactado previamente. Todo resultó ser una trampa y la periodista, acostumbrada a escuchar los relatos de las víctimas del conflicto de su país, se convirtió en una de ellas. Bedoya fue secuestrada violada y torturada y unas horas después fue encontrada por las autoridades, golpeada e inconsciente en una zona alejada de Bogotá.
La comunicadora se ha convertido en el rostro de una campaña que pretende denunciar que entre el 2002 y el 2009 más de 94 mil mujeres fueron violadas por los agentes armados. La realidad de la violencia sexual en Colombia como arma de guerra fue puesta en cifras por la organización OXFAM Internacional. Según su estudio en entre el 2002 y el 2009 más de 94 mil mujeres fueron violadas por paramilitares, guerrilla o fuerzas estatales.
Pero no solo en Colombia, las mujeres son víctimas de la violencia sexual por parte de grupos armados. Valentina Rosendo es una mujer indígena del Estado de Guerrero, en México, que en el año 2002 fue violada por un grupo de militares. Cansada de ver que su caso no era atendido en las instancias judiciales mexicanas, elevó una demanda contra el Estado ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, y su expediente llegó a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos con sede en Costa Rica. En octubre del 2010, la Corte falló contra México y lo responsabilizó de la violación de varios derechos consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y otros tratados internacionales que protegen la integridad personal.
Delitos poco santos
Julia Klug es una mujer guatemalteca que fue víctima de abusos sexuales por parte de un sacerdote cuando era pequeña. Lleva años denunciando a la jerarquía católica y lo hace colocándose en el Zócalo de Ciudad de México frente a la catedral. Ha sufrido amenazas y asegura que a su hijo lo asesinaron para que depusiera su actitud.
El escándalo por los abusos sexuales cometidos por representantes de la Iglesia católica ha llegado también a los tribunales internacionales. Víctimas de dichos abusos pidieron a la Corte Penal Internacional que acuse formalmente al Papa Benedicto XVI y a otros importantes dignatarios del Vaticano por crímenes contra la humanidad. Los expertos consideran que es difícil que la CPI atienda a la petición de las víctimas, pero el hecho de que el caso haya llegado a La Haya es, de por sí, motivo de satisfacción para ellas.
El juego de la guerra
En una granja a las afueras de Bogotá, la organización Bemposta alberga a niños y niñas que han sufrido el drama de combatir en una guerra inventada por los adultos. Allí encontramos a María y Andrea (protegemos sus identidades) quienes estuvieron por varios años en los grupos armados. María combatió con las FARC y Andrea fue reclutada por los paramilitares en la zona de Urabá. En esa dinámica perversa de la guerra, estas dos jóvenes que ahora conversan y se ríen podrían haberse enfrentado durante un combate. Ambas, intentan hoy, a pesar de las dificultades, construirse un futuro.
A miles de kilómetros de allí, la Corte Penal Internacional de la Haya está a punto de producir su primera condena contra el líder de las Fuerzas Patrióticas por la Liberación del Congo, Thomas Lubanga por reclutar a menores de 15 años. Un veredicto histórico sobre todo para un país como Colombia, en donde la realidad de los niños soldados ha tocado de frente a miles de menores y sus familias. Según datos de la Vicepresidencia, actualizadas a 31 de octubre de 2011, al menos 4.700 menores han sido atendidos por un programa especializado del gobierno colombiano.
Las esperanzas de justicia
Durante todos estos años, no solo las víctimas de la masacre de La Ciénaga Grande de Santa Marta, sino las de las más de 1.600 matanzas masivas que registra la Fiscalía de Colombia, han pedido que sus crímenes no queden impunes. Una petición que repiten sin cesar las mujeres que como la periodista Jineth Bedoya o la mexicana Valentina han sufrido abuso sexual en medio de un conflicto. Lo exigen también los familiares y representantes de los niños y niñas que se han visto metidos en una guerra de adultos.
Muchos han perdido la confianza en la justicia de su país y ponen sus esperanzas en la justicia universal, especialmente en la Corte Penal de la Haya, aunque su jurisdicción solo se aplica a los delitos ocurridos después de su puesta en funcionamiento en el 2002. Todos sin excepción esperan que sea cual sea el tribunal que se ocupe, la justicia aunque tarde, llegue.

























Anonymous:
Estamos de acuerdo, el reclutamiento de menores, que practicó incluso el propio ejercito colombiano, es horroroso.
Ahora bien, quiero decir que el problema no es un simple quebrantamiento de la ley; en Colombia, hay densas estructuras de sátrapas que se han alzado con el poder, desde hace décadas, éstos han sumido al pueblo en un conflicto social descomunal.
En estos momentos se impone la paz de los fusiles, los movimientos más fuertes, ELN y FARC, que finalmente no son el problema sino el efecto de la descomposición a la que condujeron los regimenes gobernantes, sienten el rigor de un plan militar con respaldo económico que se ejecutó estratégicamente desde EE.UU.
Ahora es el momento de la cosecha; el capital transnacional se quita una piedra del zapato. Mi país ésta en venta de garaje, la minería lo vaciará por enésima vez, la producción que genere esta actividad, en un gran porcentaje corresponderá como siempre a los dueños del negocio en el mundo, migas les quedarán a los ladrones que desde aquí están licitando concesiones como serviles esclavos de esas grandes firmas, sin embargo, suficiente lo que recibirán para seguir empoderados, al pueblo no le corresponderá nada.
Me refiero, entonces, que el problema de Colombia debe ser discutido como un asunto complejo y no simplemente como una cosa de buenos y malos.
Lázaro:
Necesitarías estar en Colombia y conocerla, así podrías llegar a saber de qué se trata todo esto. Tu comentario es muy ligero o reduccionista, no da cuenta de una dimensión justa del problema al que te refieres.
Entonces cual es la dimension del problema? EL reclutamiento de menores es repudiable en cualquier lugar del mundo....
Muy buen Reportage y mas aun el Testimonio que nos brinda la Ex-guerrillera ,terrible el drama que viven esos Niños cuando los convierten a la fuerza en verdaderos asesinos y quebradores de la ley ,algo que solo sera superado el dia que Colombia de la Estocada Final a esos grupos que al margen de la ley solo a su paso siembran la muerte y el dolor entre sus mismos paisanos que dicen representar.
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