Microcrédito está contribuyendo lentamente a cambiar la vida de Comfort Azelima. Ella solía vender maíz asado y plátano frito en un Mercado en Kumasi, la segunda ciudad en importancia de Ghana. Pero tenía que trabajar mucho y ganaba muy poco. Así que se decidió cambiar al trabajo tiñendo y pintando textil.
Tras dos años de aprendizaje donde su hermana en la capital ghanesa de Accrá, Comfort retornó a Kumasi y abrió su negocio en su propio hogar. Cuatro años más tarde, se dio cuenta que necesitaba más capital par ampliar su negocio. Fue entonces cuando se enteró de la existencia de Sinapi Aba Trust, una organización local cristiana de microcrédito, que opera sin fines de lucro. Sinapi cobra anualmente a sus clientes entre un 18 y un 35 por ciento de interés, muchísimo menos de lo que cobran los bancos comerciales.
Comfort recibió su primer microcrédito de unos 100 euros en el 2006. Ella utilizó el dinero para comprar más materia prima, como tinturas y polvos. Comfort logró pagar fácilmente el préstamo en seis meses y desde entonces ha recibido otros cinco préstamos más. El último ha sido de casi €200.
Comfort, al igual que muchos otros clientes de Sinapi, necesitará por lo menos diez años de microcréditos antes de poder financiarse ella misma. Pero ella piensa que ha logrado llegar al punto en el que puede pedir un préstamo más grande a un banco comercial. Llegado el momento ella piensa incluso comprarse un terreno para ampliar su negocio aún más.
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Este vídeo forma parte de una serie dedicada a pequeños empresarios que han recibido un microcrédito. Los ocho retratos en vídeo han sido realizados con motivo del proyecto realizado por RNW 'Microfinanciación: ¿quién gana?', presentado el día 25 de enero en el Palacio de la Paz en la ciudad holandesa de La Haya donde se celebró la CONFERENCIA.




















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