Acariciar vacas es en Holanda una popular terapia contra el estrés. En el establo, cerca de la vaca, y a disfrutar del contacto.
Habrá gente a la que le de miedo, pero para muchos la actividad tiene un efecto relajante.
Hace unos años, sólo había una “granja de asistencia” donde se podía acariciar vacas. En la actualidad son tres. Se trata de empresas agrícolas que además ofrecen este servicio a gente que sufre de estrés y a niños con problemas de conducta.
Gente que sufre de fatiga crónica, problemas afectivos o hiperactividad, puede buscar un paliativo en el contacto físico de un vacuno. La granjera Marente Hupkes es pionera en esta terapia con vacas.
Según ella, el efecto beneficioso reside en el estructurado aparato digestivo del animal, que contiene nada menos que cuatro estómagos. “Al estar próximo a una vaca, es como si la persona se dejara llevar por este organizado proceso digestivo de la vaca”, afirma Hupkes.
El efecto terapéutico de acariciar vacas no ha sido comprobado científicamente, pero para la granjera, las entusiastas reacciones de la gente son suficiente prueba.





















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