Señor Presidente, si usted no tiene inconveniente y producto de los últimos acontecimientos a nivel internacional, voy a comenzar al revés, con los aspectos internacionales, y luego pasaríamos por casa. ¿Era dable esperar una respuesta tan categórica de América Latina? Habíamos conocido, a través de la historia, generalmente respuestas bastante evasivas de los gobiernos cuando había golpes militares en los años 70. Pero ahora ha habido una respuesta, realmente, que para mucha gente no deja de ser sorprendente. Una sola voz que se levanta y que dice: “Esto es inaceptable”.
Pienso que no era dable encontrar una respuesta así tan categórica y de todos los países del hemisferio. Pero yo me siento muy feliz de haber sido, posiblemente, el que di el primer paso cuando frente a CNN dije cuál era la posición del gobierno de Costa Rica, en presencia del Presidente Zelaya que aterrizó aquí en la mañana del domingo. Y... Y bueno... Yo sí pienso que esto es un retroceso inaceptable, que si no actuamos así se puede dar el efecto dominó que induzca a que otras fuerzas armadas, en otras partes del continente, quieran seguir ese camino. Me parece que el primer llamado que yo hice al restablecimiento del orden constitucional y a decirle al mundo entero que el único presidente de Honduras es el presidente elegido por el pueblo.
Me parece que uno tiene que ser demócrata por convicción y nunca por conveniencia. Las democracias son gobiernos de leyes, no de hombres. Y en este caso es la fuerza bruta la que ha movido a los hombres, reemplazado a Manuel Zelaya. De tal manera que apelé en aquel momento a la comunidad internacional. En pocas ocasiones uno ve a Naciones Unidas respaldar un gobierno constitucional que ha sido, digamos, reemplazado un grupo de militares. Y me parece que está muy bien, que la OEA igual. Ahora, vamos a ver si logramos el cometido que es restablecer el orden constitucional y que vuelva el presidente Zelaya.
Usted sabe que los analistas, los estudiosos de este tipo de sediciones, de asonadas golpistas, dicen que lo fundamental son los primeros diez días, si logra consolidarse el golpe o realmente fracasa. ¿Usted tiene realmente esperanzas de que sea posible restablecer el orden constitucional en Honduras?
Tengo deseos enormes de que así sea y también guardo la esperanza de que así sea; porque lo he hablado con los presidentes del Istmo, con los presidentes del resto de América Latina; estuvimos en Managua los integrantes del grupo del ALBA y algunos países que integran todo lo que es el Grupo de Río y ciertamente los países de Centroamérica hemos sido muy categóricos en apoyar a Honduras. Sin embargo no va a ser una tarea fácil. Ayer hablé con la misión que envió el gobierno de Estados Unidos al traspaso de poderes en Panamá y los insté a que tenían que ser muy categóricos. Ellos han tenido una relación muy estrecha siempre, el Pentágono con los militares hondureños; así fue en mi primer gobierno, yo fui testigo de eso. De tal manera que ejerciendo un poco de presión diplomática y también de un gobierno como Estados Unidos es posible que podamos echar marcha atrás.
Pero usted tiene razón. Si no se logra en los próximos días va a ser mucho más difícil.
Efectivamente, usted, –desde el primer instante– ha estado absolutamente en contra del golpe militar y yo lo he escuchado con mucha atención cuando ha dicho que se es demócrata por convicción y no por conveniencia. Pero, lo menos que puede decirse es que las formas de gobernar y la mirada que tiene Oscar Arias respecto del ejercicio democrático y del poder difieren sustantivamente de las que tiene el señor Zelaya.
Puede ser. Pero el hecho que haya diferencias en nuestros planteamientos, en nuestra ideología, en nuestra manera de hacer las cosas, eso no quita que yo me vea en la obligación de apoyar a todo régimen democrático que ha sido derrotado. Lo mismo Arias, su fuera Lula el derrotado, su fuera Michelle Bachelet la derrotada, si fuera Hugo Chávez el derrotado... el derrocado, francamente aquí las diferencias ideológicas no cuentan. De lo que se trata aquí es de sostener el sistema democrático que hemos ido construyendo, poco a poco, en América Latina. Terminada la guerra fría no queremos volver a la triste noche de las dictaduras. Nosotros aquí las sufrimos, en América Central y tenemos que aceptar que el proceso de consolidar instituciones democráticas toma tiempo. A los ingleses les tomó muchos siglos y a los europeos muchos siglos. No es ese el caso de América Latina y de Centroamérica en particular. Pero, claro que tenemos instituciones... imperfectas. En Nicaragua acabamos de ver unas elecciones que no dejaron satisfecho a la oposición y a muchos otros países de América Latina y del mundo. Eso es así. Pero lo cierto es que no hacer todo lo que esté a nuestro alcance para revertir este golpe de Estado sería realmente traicionar a los pueblos de América Latina que no se merecen el regreso a las dictaduras militares.
Señor Presidente, para cerrar este capítulo del golpe militar de Honduras... Las especulaciones, usted lo sabe, los medios de comunicación... son enormes en el sentido de que no solo hay fuerzas internas o reacciones de carácter interno de militares y de sectores de la sociedad civil dispuestas a respaldar el golpe sino también han habido diversas actitudes de otros países en la región que crean desequilibrios en los sistemas democráticos frágiles de América Central. ¿Usted comparte esa visión?
Puede ser. Pero lo que para mí es inaceptable es que haya grupos políticos en Honduras respaldando el golpe militar. Que haya parte de lo que conforma la sociedad civil hondureña respaldando el golpe militar. Parece que esta gente nunca aprendió. Parece que la lección de pasado no fue aprendida por ellos. No se han dado cuenta que va a en perjuicio de ellos mismos. Permitir el regreso de la dictadura militar es funesto para el continente y como le decía, tenemos que impedir que se dé un efecto dominó, que si no se castiga a esta gente otros militares, en otras partes del mundo, tan solo porque discrepan con el gobierno civil de turno puedan verse estimulados con el apoyo de grupos internos, de partidos políticos internos, de diputados en un congreso o bien con el apoyo disimulado o muy tácito de gobiernos foráneos. Pero yo creí que ya habíamos aprendido la lección de que no queríamos más dictaduras militares. Y sin embargo uno se da cuenta que Honduras hay simpatizantes del golpe y esto me parece realmente grotesco.
Por eso es que yo he asumido un papel fuerte. Mi país tiene la autoridad moral, porque somos posiblemente la democracia más consolidada de América Latina. Y francamente que en mi condición de Premio Nobel de la Paz yo le he dedicado buena parte de mi vida a luchar por la democracia en Centroamérica. Parte de mi sueño, cuando presenté el Plan de Paz en los ochentas era convertir a Centroamérica en la primera zona desmilitarizada del continente. Y no deja de ser muy irónico que fuimos capaces desde aquí, de Costa Rica de acabar con las Fuerzas Armadas en Panamá, que no era parte del conflicto centroamericano. Pero no tuve respuesta de los presidentes de entonces en ejercer presión ni tampoco de la comunidad internacional, debo admitirlo, para acabar con las Fuerzas Militares aquí en Centroamérica. Yo me pregunto, ¿para qué han servidos las Fuerzas Militares en América Latina? Para defender la soberanía, muy poco. Esa es la excepción. La regla es que han servido para dar golpes de Estado. Y aquí tenemos a las Fuerzas Armadas de Honduras una vez más dando un golpe de Estado.
Señor Oscar Arias, demos vuelta a la página pero siempre en el ámbito internacional. Hace ya un tiempo se está tratando de consolidar el llamado proceso de integración UNASUR. Y he escuchado, debo confesarle, no muchas reacciones pero algunas que dicen lo siguiente: Está muy bien la iniciativa pero es excluyente. Ha dejado fuera a México y ha dejado fuera a América Central. La respuesta también ha sido categórica frente a esa reivindicación. Y se ha dicho: Sí, han quedado fuera porque hay que pagar un precio, primero, por las alianzas estratégicas que tiene Centroamérica y fundamentalmente México con los Estados Unidos. De tal manera que estamos hablando, en el fondo, de dos regiones que van a crecer de forma independiente y ajenas. Esto daría al traste con toda posibilidad de integración del conjunto de América Latina.
Bueno, con UNASUR o sin UNASUR yo no soy muy optimista sobre una integración económica, ¿verdad? Es evidente que hay gobiernos, en América del Sur, que no creen en acuerdos regionales de libre comercio, que tienen una visión un poco distinta. Los países que se han adherido al ALBA no han considerado oportuno estar... Mientras no avance la OMC y la Ronda de Doha en lograr un mayor libre comercio para el mundo entero, pues a nosotros no nos ha quedado más como países o como región que ir avanzando; porque creemos en la reducción de aranceles, en la disminución de esos aranceles en beneficio de nuestros pueblos. Poder importar más barato y poder tener acceso a mercados muy grandes... 300 millones en el caso de Estado Unidos... más de 500 millones en el caso de la Unión Europea, 1.300 millones en el caso de China. Eso lo ha hecho Costa Rica, lo ha hecho la región. Centroamérica está avanzando en un acuerdo de asociación con la Unión Europea. No sé este golpe de Estado qué efectos va a tener. Ciertamente es un tropiezo, un tropiezo que tendremos que ver cómo enfrentamos esto con los europeos. Porque no es justo que si esto se da los otros cuatro países, si quieren continuar adelante, no lo puedan hacer. Pero repito, hay visiones del mundo distintas y tenemos que aceptar que esa es una realidad; de tal manera que países como Ecuador, como Venezuela, como Bolivia pues yo no los veo entusiasmados con avanzar en la negociación de tratados de libre comercio con el resto de América Latina o con el Caribe o con los Estados Unidos o con otras regiones del mundo.
De tal manera que, con otras palabras, usted no es optimista respecto de procesos de integración en estos momentos en la región.
Que cubra a todos los países de América Latina, como hablábamos antes, cuando hablábamos del ALCA, ciertamente no.
Mencionaba usted el tema del Tratado de Libre Comercio. En Costa Rica usted lo vivió intensamente. Tres años de discusión sobre el tema. Se transformó casi en un trauma nacional. La nación quedó exhausta de la discusión del Tratado de Libre Comercio. ¿Se ha superado ese tema?
Yo pienso que sí. Absolutamente superado. Ya no es un tema de discusión. Fuimos capaces nosotros de pasar la página y ahora, como le digo, estamos negociando con otras regiones del mundo, con Europa, o con otros países del mundo como Singapur y con China. Y ya no tenemos la oposición que teníamos con respecto a CAFTA o al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana.
De una u otra manera, ligado con este tema, usted tiene en estos momentos más del 70% de la popularidad en el país. ¿Es entre otras cosas porque la gente cree que usted tenía razón y los otros no?
[Risas] Eso habría que...
¡Preguntárselo a la gente...! [Risas]
Preguntárselo a ellos. Yo me siento muy feliz, por supuesto, porque esa demostración de confianza me ayuda a conseguir cosas en la Asamblea Legislativa y a aprobar proyectos de ley que todavía están pendientes y me da mucha más fuerza para trabajar con muchos bríos hasta el final de mi mandato.
Pero... yo lo que sí le puedo decir es que la división que se dio cuando tuvimos que ir a un referéndum entre los que estaban a favor del libre comercio y los que estaban en contra, esa división ya no se da, felizmente. Y como le digo, no se está dando cuando estamos negociando otros tratados de libre comercio. Puede ser que haya divisiones internas por otros temas pero no por este.
Mencionaba usted el hecho de conseguir cosas... Una de las críticas que tiene la oposición al presidente Oscar Arias es precisamente eso. Bueno, llegó con una votación no demasiado abrumadora al poder pero sin embargo, desde el ejercicio de la presidencia, ha ido aumentando cada vez más el poder presidencial en Costa Rica. ¿Usted comparte esa visión de que el presidente es un presidente muy poderoso en Costa Rica, en estos momentos?
Bueno, puedo ser poderoso porque tengo un gran apoyo del pueblo de Costa Rica. Pero eso no quiere decir que el poder ejecutivo tenga poder por sí mismo, de manera constitucional. Por el contrario, es un poder ejecutivo muy débil. Hemos ido socavando el poder o las funciones del poder ejecutivo, creando instituciones donde ciertamente... el poder ejecutivo en Costa Rica es demasiado débil.
Lo que pasa es que hemos tenido la capacidad de convencer... Convencer y no vencer es la esencia del sistema democrático y hemos logrado convencer a los costarricenses de que las cosas que queremos hacer son buenas para nuestro país, son buenas para el pueblo de Costa Rica y ellos piensan que en efecto es así. Esto por supuesto que le molesta a la gente que no piensa como uno. Pero el poder ejecutivo de Costa Rica es más bien un poder ejecutivo muy débil. Y yo quisiera, algún día, poder cambiar muchas cosas. Pero bueno, ese es otro tema.
Señor Presidente, se ha especulado mucho. Estaba leyendo días atrás un importante documento, entre otros, subvencionado por organismos internacionales, respecto del futuro de la realidad del país. Y se decía que de una u otra forma, uno de los autores, estaba prácticamente agotada la cohesión social, el pacto social que existía en Costa Rica, creado a fines de la década de los 40 y comienzos de la década de los 50. Que había una crisis de la credibilidad política que era también reflejo, por supuesto, del tema internacional y que era imprescindible encarar ese tema a la brevedad posible.
Bueno, yo no creo eso. Los que estaban en contra del Tratado de Libre Comercio me culpaban mi de querer terminar con una cosa que ellos llaman el Estado Social de Derecho, que yo no sé en qué consiste ni tampoco sé por qué yo quería terminar con ese Estado Social de Derecho cuando es todo lo contrario. En este gobierno, más que nunca en la historia de este país, nunca se había gastado en los sectores sociales como estamos gastando hoy en día. Nunca se ha focalizado más el gasto del Estado y el gasto del poder ejecutivo a satisfacer las necesidades de la gente más necesitada, más pobre de este país. Hemos creado programas muy bellos, como tener ahora 150.000 madres de familia recibiendo una suma de dinero de 100 a 150 dólares por mes, bajo la condición de que su hijo o hija no abandone el colegio y pueda terminar. De tal manera que el efecto de esta crisis internacional que vive el mundo entero, que se refleja en muchos países en una deserción muy grande de los escolares... Aquí no se va a dar, porque los estudiantes de enseñanza media están recibiendo una ayuda económica con tal de que no abandonen el aula, la escuela, el colegio. Eso me parece maravilloso. De igual manera hemos subido las pensiones, hemos mejorado el salario real.
En fin, estamos trabajando para la gente más humilde. Yo le digo a los costarricenses siempre que los ricos no necesitan de un gobierno. Es la gente pobre. Y en América Latina, aunque el sistema tributario no es muy progresivo el gasto si puede ser muy progresivo. Y esa ha sido la tradición en Costa Rica. Podemos lamentarnos de que no tenemos un sistema tributario muy justo, muy progresivo. Pero el gasto sí. Y el gasto es así, para comenzar, porque tenemos 60 años de no tener ejército, que es el gasto más idiota, más perverso, más estúpido que uno puede pensar. Gastar en armas y soldados y no gastar en cultura y no gastar en salud y no gastar en educación y no gastar en infraestructura, que nuestros países no han logrado construir a través de los años, pues es un contrasentido.
Desde ese punto de vista nosotros, desde los años 40, creamos un código de trabajo, creamos un Estado de bienestar que conforme han pasados los años se ha ido fortaleciendo. Se universalizó el acceso a la salud, por ejemplo, en nuestro país. Ni qué decir de la educación, que es gratuita y obligatoria desde los años 60, en el siglo XIX. Y... Y bueno... yo no veo ni que este gobierno ni ninguno vaya a querer acabar con eso. Por el contrario, queremos seguir avanzando, construyendo una sociedad más igualitaria, más inclusiva, más solidaria. Pero, por otro lado tenemos que entender que no vamos a conseguir una sociedad más próspera en Costa Rica ni en América Latina sino tenemos tasas de crecimiento mucho más elevadas. Por eso es que yo logré convencer a los costarricenses de que la locomotora del crecimiento económico para un país de 4 millones y medio de habitantes que produce lo que no consume y consume lo que no produce es insertarse más y más en la economía internacional. Porque nuestro comercio de bienes y servicios representa el 100% de nuestro Producto Interno Bruto. Ah... En Estados Unidos es un 12%. En Brasil es un porcentaje muy pequeño. O sea, un país como este, necesariamente tiene que andar buscando como ampliar sus mercados. Y ese es el camino a seguir. Y esa pelea la ganamos, la ganamos convenciendo al electorado de que tenía que votar por el sí en el referéndum y la vamos a ganar en las próximas elecciones y espero que así sea por muchos años más.
Voy a ligar lo que usted dice con un artículo suyo, bastante reciente, que ha tenido mucho éxito en América Latina, donde usted decía, entre otras cosas que los latinoamericanos siempre nos habíamos acostumbrado a lo largo de la historia en estarle echando la culpa a los Estados Unidos de nuestros males. ¿Usted considera que es indispensable dejar el papel de víctimas y asumir el papel de responsabilidad, en consecuencia?
Sin duda alguna. Sin duda alguna, como lo dije en esas palabras que fueron en respuesta a algunos colegas en la Cumbre de Trinidad y Tobago. El siglo XXI es el siglo de los asiáticos. Aquí, en América Latina, nos estamos preparando los países latinoamericanos, en distintas fechas, para celebrar los 200 años de vida independiente. Y en los 200 años de vida independiente no hay un solo país del primer mundo. Y ahora, más, recordaba... en Trinidad y Tobago que México, hace 50, 60 años, era más rico que Corea del Sur. Que Honduras y Nicaragua hace 60 años eran más ricos que Singapur. Que posiblemente cualquier país suramericano, Argentina, era más rico que Malasia. Nosotros no hemos sabido aprovechar las oportunidades. También mencionaba, en esa réplica, que aquí seguimos en discusiones estériles sobre ideologías. Mencioné diferentes ismos... Capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo... Mientras los asiáticos han acogido un ismo que es el pragmatismo. Hacen las cosas... hacen las cosas bien. Y sí, mencioné que cada vez que nos reunimos los países de América Latina es o para pedirle plata a Estados Unidos o para quejarnos ante Estados Unidos. Y que ya es hora de que hagamos las cosas bien. Y... Y bueno... para comenzar, ¿cómo vamos a salir adelante con mayor justicia, con menor desigualdad y con mayor crecimiento económico si el promedio de escolaridad en América Latina son siete u ocho años? Y eso demuestra lo equivocados que hemos estado en definir prioridades. Y sigo repitiendo... Como somos un país que no tiene ejército desde 1948 uno de los programas internacionales que más he querido divulgar ante organismos internacionales y ante países ricos es una cosa que llamamos el consenso de Costa Rica. Y que consiste sencillamente en que no se castigue sino más bien se premie aquellos gobiernos, como el nuestro, que han gastado a través de los años más en protección del medio ambiente, en salud y en educación y menos en armas y soldados, menos en las Fuerzas Armadas. Porque es al revés, hoy en día. Hoy en día un país como Costa Rica Estados Unidos no le da ayuda externa y tampoco Holanda, como le da a los países del África, sin importarles que buena parte del ahorro nacional se dedique en esos países a mantener grandes ejércitos que no son necesarios y que no son importantes para el desarrollo de esos pueblos. En América Latina los países más pobres siguen recibiendo ayuda de los europeos, de los Estados Unidos. El Millennium Challenge Corporation de Estados Unidos a nosotros nos castiga, nos cortaron la ayuda desde hace mucho tiempo porque somos un país de renta media. Pero somos un país de renta media porque hemos hecho las cosas bien. Yo sigo preguntándome para qué sirven los ejércitos en América Latina, sino es para dar golpes de Estado.
De tal manera que, a la par de esa iniciativa internacional, hemos introducido en Naciones Unidas un tratado para la prohibición del comercio de armas, con ciertos criterios. Que, por lo menos, lo bueno que tiene es que ya lo está conociendo Naciones Unidas. Ciertamente esto es una idea a la cual no le ha llegado su hora pero lo importante es que se debata y que los países ricos dejen de estar vendiendo armas a los países pobres, poniendo las utilidades por encima de los principios y de los valores que dicen profesar; a sabiendas de que vendiendo esas armas lo único que están logrando es perpetuar la pobreza de nuestros países.
Señor Presidente, y con esto yo voy a concluir, parte de mi pregunta usted ya la ha respondido recién. Pero iba a concluir con aquello de que durante su primer gobierno y durante la búsqueda de la paz cuando estas naciones estaban en una guerra fratricida –no Costa Rica, por supuesto, estoy hablando de otros países de Centroamérica– existía la creencia, el convencimiento, la ilusión de que había un camino junto a Europa de parte de América Central y de América Latina en su conjunto. Los europeos, por ser padre y madre de estas naciones podían tener esta relación. ¿Se ha terminado esa ilusión? ¿Ya no existe más?
Bueno... Con esta crisis que ha azotado al mundo entero y a buena parte de los países europeos con tanta severidad como ha golpeado también a los Estados Unidos, me parece que es lógico que los países más ricos, con la ampliación de la Unión Europea de países de Europa Central y Europa del Este, con un nivel de desarrollo muy por debajo de los países europeos occidentales hayan readecuado sus prioridades para ayudarle a sus hermanos europeos.
Sin embargo, pienso que Europa nunca ha abandonado a los países más pobres, en vías de desarrollo; fundamentalmente el África subsahariana y en América Latina a los países más pobres de aquí. El caso más emblemático es ciertamente Haití, donde ha habido una gran generosidad europea para ayudarle a ese sufrido pueblo haitiano. Pero tampoco se ha abandona la ayuda a países como Honduras o Nicaragua.
Nosotros hemos querido introducir el tema de libre mercado. Y ciertamente los europeos son mucho más proteccionistas que los norteamericanos, aún. Nos sentimos muy contentos de que de fructificar el acuerdo de asociación con la Unión Europea sería el primer tratado o acuerdo de asociación de los europeos con una región, como sería Centroamérica. Repito, con el traspié que tenemos ahora, con el golpe de Estado en Honduras. Vamos a ver qué va a pasar. Pero... No... Yo pienso que los gobiernos europeos siguen siendo muy generosos. En los años 80 esa generosidad se vio plasmada en mucha ayuda a nuestros países. Sin embargo, 100.000 millones de dólares en ayuda de los países ricos al 80% de la población del mundo no es nada comparada con un gasto militar de más de 1.300 millones de dólares. Y repito que yo sigo, como costarricense, convencido de que sin dejar de ayudar con asistencia económica a nuestros gobiernos lo peor que hacen los países ricos es venderle armas a países en vías de desarrollo. Y desde este punto de vista aprovecho para volver a reiterarle a esos países que pongan los valores y que pongan sus principios que dicen profesar por encima de las utilidades de las compañías que producen armas.
Señor Presidente, muchísimas gracias por esta entrevista. Ha sido usted muy amable.
Encantado.

























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