Durante muchos años los niños ecuatorianos han trabajado duramente en las minas de oro de Nambija extrayendo el metal y en condiciones infrahumanas.
En 1985 llegó a la zona el sacerdote polaco Stanislaw Wrobel y paulatinamente fue abriendo un camino para que los pequeños salir de los túneles. Ahora la localidad de Nambija cuenta con escuelas repletas de niños, comercios y un colegio de minería. Se puede decir que el trabajo infantil en esa cuenca minera a dejando de ser un hecho.





















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