Gwang Il Jung estuvo tres años en el campo de prisioneros políticos de Yudok, en Corea del Norte. Jung habría trabajado como espía para Corea del Sur. Algo que, según este antiguo hombre de negocios, admitió tras ser torturado a lo largo de diez meses.
Después de su liberación, su familia y su casa habían desaparecido. Jung decidió entonces huir y en 2004 llegó a Corea del Sur. Desde allí lidera una organización que lucha contra la existencia de estos campos secretos, en los que se estima que permanecen unas 600.000 personas detenidas.


















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