Ya hará 65 años que las bombas atómicas destruyeron las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, pero para John Franken, de 88 años de edad, los recuerdos de ese día se mantienen vivos. Incluso luego de emigrar a Canadá, después de la guerra, esas reminiscencias no se han disipado.
Franken nació en Indonesia, que en esa época era colonia holandesa. A los 18, se unió a la Armada Real de Holanda en calidad de marinero. Debido a que en 1942 las fuerzas japonesas se aproximaban peligrosamente a Indonesia, se decidió evacuar por mar a los militares allí estacionados. En su trayecto los esperaba un buque de guerra japonés, que tomó prisioneros a todos los militares.
Violaciones
John Franken fue a parar a una prisión en Makassar, en la isla indonesia de Célebes. “Éramos 110 hombres en un lugar con capacidad para 18”, comenta Franken. Tenía que construir casillas en un local escolar. Allí, los japoneses violaban a jóvenes indonesias raptadas de las calles. “Los japoneses recibían bonos, como si se tratara de ir al cine. Algunas jóvenes eran abusadas por hasta cuarenta soldados en un solo día.” Franken no podía hacer nada al respecto, so pena de morir apaleado. “Las oíamos gritar pidiendo ayuda, pero no podíamos hacer nada.”
Nueve meses más tarde, Franken fue trasladado al astillero de Nagasaki en Japón. “Era soldador, y eso me salvó. Un soldador lleva ropas gruesas y una máscara, así que podía de vez en cuando dormir una corta siesta sin que lo notaran.”
Bomba atómica
En 1945, John Franken fue enviado a trabajar a las minas de carbón de Nagasaki. Cuando la bomba calló en la noche del 9 de agosto, él se encontraba trabajando en la mina. “Volvimos a subir al otro día por la mañana, y vimos una enorme columna de humo. Bravo, pensamos, han dado con un depósito de municiones. Ni idea teníamos de que se trataba de una bomba atómica.”
Una semana más tarde Japón se rendía, el 15 de agosto de 1945. Los estadounidenses trasladaron a los prisioneros del campo a Filipinas para tratamiento médico. “No fue hasta ese momento que pude ver lo que había quedado de Nagasaki”, comenta Franken. “Nada. Un desierto. Sólo los edificios de hormigón se recortaban en el cielo. Increíble lo que la gente es capaz de hacer.”
Disculpas
Ya hace 17 años que John Franken se dirige todos los 15 de agosto, el día de la capitulación japonesa, a la embajada de Japón en la canadiense Ottawa para exigir disculpas por lo que se le ha hecho. Hasta el momento, sus esfuerzos no han dado fruto. “Pero no pierdo la esperanza”, dice Franken. “Nada es más cambiante que el ser humano”.

























"La ideología es una forma de eternidad"
general retirado (Ej) Alberto Müller Rojas
Señores de Radio Nederland, ruego a ustedes si pueden informarme de este programa,(Musicalmente suyo) y si se puede conseguir la música, que se difundia en la década de los '80 y '90.
Esperando una respuesta me despido muy cordialmente de ustedes muy cordialmente.
Jose Isaías S.
Enviar nuevo comentario