La fiebre del caucho que arrasó en la Amazonía hace un siglo, dejó secuelas imborrables. Indígenas bolivianos se oponen rotundamente a los transgénicos.
El director de Survival International, Stephen Corry, declaró que "La fiebre del caucho puede parecernos historia antigua, pero, sus efectos aún persisten. Cuando comenzó el matrimonio de occidente con el coche a motor, sus cartas de amor estaban escritas con sangre indígena".
Recordemos que tras el invento de la vulcanización, el caucho pasó a ser una materia prima muy apreciada por sus diferentes aplicaciones. Grandes empresas se internaron en la Amazonía para extraer el preciado látex, lo que condujo al florecimiento de ciudades como Manaos e Iquitos. Pero la medalla también tenía otra cara: Miles de indígenas fueron obligados a trabajar en situación de esclavitud en la recolección del látex. La fiebre del caucho en la Amazonía menguó cuando prosperaron las plantaciones del árbol del caucho en Asia.
Recientemente se cumplieron 100 años desde que el periódico Daily News presentara al público británico a los esclavos witotos Omarino y Ricudo, que habían sido llevados a Londres. Sus familiares en la selva amazónica colombiana nunca más tuvieron noticias de ellos. Y ahora han lanzado un llamamiento para que el mundo les ayude a desvelar qué fue de sus hermanos indígenas. Fanny Kuiri, una mujer witoto de Colombia nos habla de esta situación.
En La Paz, Bolivia han tenido lugar recientemente la Cumbre Indígena en Defensa de la Pachamama y la Cumbre Nacional para analizar el Anteproyecto de Ley marco de Consulta Previa. Los eventos fueron convocados por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu, CONAMAQ.
Walberto Baraona es mallku de la Comisión de Medio Ambiente del Conamaq.

















Enviar nuevo comentario