Aumentan quiebras en Holanda. Severos castigos para alborotadores en Noche Vieja. Buñuelos holandeses causan atascamientos en alcantarillado. El Hermitage en el Amstel.
En comparación con el anterior, este año el número de quiebras en Holanda aumentó en un 68 por ciento. Así consta en un informe publicado por la empresa Dun & Bradstreet. La mayoría de las bancarrotas se produjo en los sectores de la construcción, la industria y el sector financiero. Los investigadores consideran llamativo que este año quebraron muchas empresas grandes, entre ellas el banco DSB.
Todo alborotador que, durante la celebración del Año Nuevo, se exceda en actividades destructivas, amenazas o violencia contra la policía o personal de asistencia sanitaria, será tratado con mano dura. Durante la Noche Vieja cientos de unidades adicionales de policía se hizo presente, y se realizó y un intenso control con cámaras. La fiscalía dio a conocer que las personas que son detenidas serán enjuiciadas en pocos días y que el juez dictaminará penas más severas. La experiencia del año pasado ha demostrado que los acontecimientos graves no solamente se producen en las grandes ciudades, sino también en las poblaciones lejanas. En muchas ocasiones, el pueblo se vuelca contra la policía si ésta quiere poner fin a los alborotos. La mayoría de los jóvenes alborotadores son autóctonos, y como agravante, sus padres los protegen ante la policía.
Tradición en la Noche Vieja en Holanda son los así llamados ‘oliebollen’, o buñuelos. La grasa en la que se fríen esos buñuelos causa un exceso de trabajo a la entidad que administra las aguas públicas en Holanda, ya que se requieren millones de euros para limpiar el agua. La grasa se coagula en la alcantarilla y causa atascamientos. Además, las instalaciones de purificación no están preparadas para procesar tanta suciedad. Según un portavoz de la administración de aguas públicas, la limpieza cuesta unos 3 euros por cada litro de grasa. En consecuencia, se insta a los ciudadanos a tirar la grasa en una bolsa de plástico en el cubo de la basura, en vez de hacerlo en el desagüe.
Otra tradición que se ha puesto de moda en los últimos años son las fiestas en discotecas en las que los presentes pagan un precio único por toda la noche y pueden beber alcohol sin límite. Voces criticas denuncian que de tal manera se contribuye al excesivo consumo de bebidas etílicas, pues los clientes tratan de compensar con bebida el alto precio de la entrada. El pediatra Nico van der Lely, quien califica de escandalosas estas fiestas, señala que en las celebraciones de Navidad, ingresó diariamente a su clínica un niño con intoxicación etílica. Además, a menudo, los menores ebrios participan en delitos de violencia. Por tanto, el pediatra aboga por prohibir este tipo de fiestas.
El diario holandés TROUW publica una entrevista con Ernst Veen, director del museo De Hermitage en Ámsterdam. Hace seis meses, el museo reabrió sus puertas, después de una profunda renovación, y en ese breve período ya ha recibido más de 600.000 visitantes. Veen se muestra gratamente sorprendido por el, a su juicio, genuino interés que en Holanda existe por Rusia. El ‘Hermitage en el Amstel’, como se llama el museo, es una sucursal del famoso museo de San Petersburgo. Según encuestas, los visitantes, que permanecen un promedio de tres horas en el edificio, opinan que el museo contribuye a alegrar su estado de ánimo. En el curso del año que ha comenzado, se celebrará una exposición especial en la que se mostrará un 95 por ciento de las obras de arte moderno del Hermitage en San Petersburgo. Esta exposición, titulada ‘De Matisse a Malevich. Pioneros del arte moderno’, se inaugura el próximo 6 de marzo.
Foto: Escena nocturna de Ámsterdam. Foto: Gerco (Flickr / Creative Commons)
























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