La Reina holandesa reanuda sus reuniones con parlamentarios; Salomé: elogios holandeses, críticas francesas; Holanda invierte más dinero en ABN Amro.
Recientemente se reanudó en Holanda una costumbre que existió hace 10 años: las reuniones de parlamentarios con la reina Beatriz. En tres encuentros, la Reina, el príncipe Guillermo Alejandro y la princesa Máxima, dialogan con un grupo de los 150 miembros de la Segunda Cámara. Las conversaciones son confidenciales. El Partido Socialista, SP y el partido Demócratas 66 han anunciado que no participarán en las reuniones porque no las consideran útiles. Hace diez años, se suspendieron los encuentros, porque varios legisladores habían revelado, anónimamente, detalles de lo hablado. Al cabo de la primera reunión que se celebró esta semana, Arend Jan Boekestijn, representante del liberal VVD, reveló varios detalles de las declaraciones de la Reina, entre otros que está preocupada por la brecha entre la política y el pueblo. Boekestijn ha ofrecido sus excusas ala soberana y a sus colegas parlamentarios y ha renunciado a su escaño en la Segunda Cámara.
Si sobre gustos no hay nada escrito; críticas se han publicado mucho, pero no siempre son coincidentes. Recientemente se estrenó una nueva escenificación de la ópera ‘Salomé’, de Richard Strauss en la Nederlandse Opera (la Ópera Neerlandesa). Mientras los periódicos holandeses fueron unánimemente positivos en sus comentarios, el diario francés Le Monde no escatimó términos para criticar el espectáculo. El rotativo francés señaló que la representación fue “histérica, grotesca, pornográfica y pretenciosa”. La soprano que da vida a Salomé, “grita su parte con una voz estridente, el director Stefan Soltesz no controla la partitura” y la interpretación de la orquesta es ‘banal’. Esta obra maestra de Richard Strauss también ha subido a escena en París, bajo la batuta de Lev Dodin. Si bien la dirección musical cuenta con el beneplácito de Le Monde, peor suerte corre la soprano, quien recibe una crítica demoledora del rotativo francés.
Esta semana se dio a conocer que el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, no será el primer Presidente de la Unión Europea. En su lugar fue elegido el actual primer ministro belga, Herman van Rompuy. A pesar de que el político holandés siempre negó ser candidato para este importante puesto, muchos comentaristas creen que sí lo fue, y que el nombramiento de su colega belga constituye un severo revés para él. Algunos comentaristas señalan que, a raíz de este hecho y de otros problemas de carácter político nacional, la posición de Balkenende se ha debilitado. Varios políticos de la coalición gubernamental se muestran aliviados, porque la partida de un jefe del Gobierno en medio de una crisis financiera no habría sido beneficiosa para el país. Al mismo tiempo, consideran que se evita la posibilidad de nuevas elecciones, las cuales, según las encuestas actuales, serian desastrosas para el socialdemócrata PvdA, integrante de la coalición gubernamental.
El ministro holandés de Finanzas, Wouter Bos, invierte otros 4.400 millones de euros en el banco ABN Amro. La inyección es necesaria para fortalecer la posición financiera de la entidad. En total, ahora el Estado holandés ha invertido más de 30 mil millones de euros en la entidad bancaria. El ministro asegura que es la última vez que invierte dinero del contribuyente en ABN Amro. La medida se hizo inevitable a raíz de la reciente venta, impuesta por la Comisión Europea, de uno de los componentes del ABN Amro, al alemán Deutsche Bank. De lo contrario, ABN Amro y Fortis, se convertirían en una entidad demasiado grande.
























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