No pocos planes de desarrollo se han frustrado en Guatemala a causa de la violencia y la inseguridad ciudadana. Aunque casi todos los gobiernos lo han señalado, muy poco se hizo hasta el momento, para combatirlas efectivamente.
“Antes los partidos políticos se veían el uno al otro como enemigos. Desde hace unos diez años que trabajamos con el Instituto holandés por una Democracia Multipartidaria y hemos creado una costumbre de dialogar entre políticos que no existía.
Los partidos políticos acostumbraban verse como enemigos entre si. Hoy el enemigo es otro y viene de afuera cargado de armas, cargado de drogas y de dinero.” Dice Roberto Alejos, ex presidente del congreso guatemalteco que junto a Antonio Orozco, coordinador de la comisión de desarrollo del congreso de Guatemala estuvo la semana pasada de visita en Holanda.
A pesar de que el gobierno holandés encabezado por el primer ministro Mark Rutte decidió cerrar la delegación diplomática en Guatemala, los contactos mutuos entre instituciones de los dos países se han mantenido. Ese es el caso del Instituto Holandés por una Democracia Multipartidaria, que desde hace más de una década estimula el cambio de la cultura política guatemalteca.
‘Ahora se debate y se dialoga’’ añade Alejos, recordando que en el pasado ‘se entraba armado al congreso”. Esa situación parece, de todos modos, haber quedado en el pasado.
Lo que no ha cambiado a la par del cambio en la cultura política es el nivel de pobreza de las grandes mayorías nacionales, en especial de la población rural e indígena. Según varios estudios, la enorme pobreza de las zonas rurales y la marginalidad de una parte de la población son un buen caldo de cultivo para el crecimiento de las manifestaciones violentas en el país.
Según el coordinador de la Comisión de Desarrollo del congreso guatemalteco, Antonio Orozco, el actual gobierno está impulsando una política que garantice, a futuro, la seguridad democrática del total de la nación.
Paralelamente a esto, Guatemala necesita, al igual que sus vecinas Honduras y El Salvador, solucionar urgentemente el problema de la inseguridad ciudadana. El país está conocido internacionalmente por sus altos índices de criminalidad y la actuación policial en grandes zonas del país no ha tenido los resultados que se esperaba.
Todo lo contrario: la violencia ha aumentado, sobre todo desde que los carteles mexicanos de la droga invadieron vastos territorios fronterizos entre los dos países. El combate al narcotráfico, principal generador de la violencia en toda Centroamérica, seguirá ocupando un lugar de importancia en las agendas de los gobernantes de la región, en este caso, de Guatemala.

















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