La popularidad del nuevo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, se ha saltado las barreras naturales de las diferencias ideológicas.
Una abrumadora mayoría que bordea el 82 por ciento tiene fe en que este nuevo mandatario le ayudará a mejorar su calidad de vida. Tan grandes son las esperanzas, que todo esfuerzo puede resultar insuficiente.
La toma de posesión del día lunes, primero de junio, ha sido de jolgorio popular. Más de cinco mil personas y numerosos presidentes y jefes de Estado han sido testigos de un cambio fundamental en la joven democracia salvadoreña.
Mauricio Funes fue inequívoco en su discurso al destacar su cercanía con el gobierno de Ignacio Lula del Brasil. Su esfuerzo será dedicado a los cambios pero dentro una mesura y un pragmatismo que permita dedicar el mayor esfuerzo a la construcción de futuro, y no a rencillas de entrecasa. Cambio y responsabilidad entonces.
Dentro de un ritmo que ha intentado desconocer la fatiga el nuevo mandatario, al borde de la medianoche, anterior a su investidura, concedió esta, una de las escasas entrevistas exclusivas al departamento Latinoamericano de Radio Nederland. José Zepeda, Director del Departamente Latinoamericano de RNW, viajó a San Salvador para conversar con el presidente.
























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