Esta semana el testimonio de Maria del Carmen y Osvaldo. Ambos tienen varias cosas en común. Son argentinos y han pasado por una clínica especializada para bajar de peso. La obesidad a ambos les ha ocasionado diversos trastornos a la salud. Sus palabras no necesitan mucha introducción.
María del Carmen, 53 años
“Desde 1995 me descubrieron diabetes. Siempre fui gordita. Con la diabetes no me cuidaba, porque me manejaba con la insulina. Hace cuatro años, el tema se empezó a agravar. Empecé a sentirme mal. A fines de septiembre, tuve una angina de pecho, y a fines de octubre terminé en unan sala de operaciones con tres by-pass coronarios. Ahí tomo conciencia de mi enfermedad, de la diabetes, consecuencia de mi gordura, y decido hacer algo”
“Dejé de pesarme cuando tenía 110 kilos. En diciembre, cuando dejo la clínica, solamente había bajado 4,8 kilos, pero me fui sin insulina. De tener 36 unidades al mediodía, 26 a la noche y otras correcciones, me fui sin nada. Empecé a hacer actividad física, jamás la había hecho. Me metí en una pileta por primera vez. Hice aquagym. Salí de acá y me prometí hacer actividad, ahora hago aquagym y gimnasia aeróbica”.
“Mi seguro social me permitió ingresar otra vez . Con mi segunda internación ya he llegado a 3 kilos debajo de mi peso ideal y con dos unidades de insulina. Me retiraron la pastilla de la presión y la del corazón. Aparte he logrado avances en el movimiento. Cuando ingresé me faltaban casi 30 centímetros para tocar el piso. Ahora me voy con 3 centímetros”
“Ahora viene la etapa más difícil. Te agarrás de la punta del barrilete y queda en vos si te soltás o te agarrás para no volver a caerte. Yo espero y creo que ya aprendí bastante porque no quiero volver a estar en una sala de operaciones. Mi última meta es dejar la insulina”
“Sentí que el punto límite llegó cuando el médico me dijo que no se podían hacer los stends y que tenía que ir a una operación. Yo le tenía miedo a la anestesia. Me puse a llorar y le dije que no me iba a operar. Me dijo: o te morís en la sala de operaciones o te morís porque no haces nada. Por la complicación con la diabetes, estuve tres días internada y un mes con una escara y una septicemia, de la cual pude salir. Cuando estaba en la clínica, mis hijas y mis nietos me mandaban mensajitos, y yo me dije: ¿qué estoy haciendo?. Creo que ahí fue cuando cambié.”
“Sí que se puede. Sólo queda en uno. Acá en la clínica te dan todas las armas, las herramientas, pero queda en uno, porque en la enfermedad está uno solo. El de afuera te puede decir todo, pero queda en vos cuidarte. Nadie te abre la boca para que comas o no comas. Eso queda a criterio de cada uno.”
“A mí nunca me molestó mi gordura. O si me molestaba, uno lo iba escondiendo con otras cosas. Me cuesta mucho reconocerme lo que bajé. Sigo teniendo actitudes de una persona más gorda, como sentarme sola en un colectivo para no molestar a otros. O el verme más gorda de lo que estaba antes. Te enseñan que tenés que manejarte mucho con fotos, verte. Yo regalé mi ropa de gorda. Es la primera vez que regalé algo. Antes siempre la guardaba. Pero cuando vi el tamaño de la ropa y que no me quedaba holgada... Cuando mi nieta me dijo: abuela, ¿esto usabas vos?", sí, y me quedaba chico. Entonces en ese momento de nuevo hay un clic en tu vida. Hay que trabajarlo mucho. Ha habido compañeros que han bajado su peso y no pudieron sostener su nueva imagen y se pusieron de nuevo todos los kilos encima. Entonces cuesta mucho trabajarlo. Pero se puede.”
Osvaldo Gonzalo, 57 años
“Siempre fui gordito. A los 18 años, pesaba 104 kilos. Cuando me casé, a los 27 años, ya pesaba 122 kilos. De ahí en más, seguí aumentando en forma paulatina, pero siempre incrementando. Y haciendo miles de dietas con las que bajaba, porque he bajado hasta 50 kilos, pro uno se los pone de nuevo. Mi peso máximo llegué a tenerlo en el 2006, pero no lo registraba. Sí me daba cuenta de que estaba muy gordo. Vivía sentado en un sillón entre la mesa y la heladera. De ahí sacaba, cortaba sobre la mesa y comía. Solamente me movía para ir a mi trabajo. Por supuesto que no lo desarrollaba con toda la capacidad que se requería. Y tenía ciertos problemas laborales que me llevaron a que tomara la decisión de internarme”
“Mi derrotero con respecto al peso fue en el 2006, cuando se me ocurrió hacer un curso de pedicura. En su primera clase, me di cuenta de que, para poder trabajar de pedicuro, tenía que sentarme en una sillita baja, muy baja, que no entraba ni de casualidad. Salí a buscar la solución. A las 24 horas, lo primero que encontré fue un grupo de autoayuda. Estuve un año y bajé 30 kilos. Después abandoné porque me sentía bien. Y en un año, de los 30 que bajé, me puse 10 kilos encima. Aunque había bajado, ya estaba en 177, pero mi peso máximo fue de 197”.
“Entonces, tomé la decisión de venir a la clínica, y salí con 164 kilos. De ahí en adelante seguí por mi cuenta con una doctora que me controlaba y me apoyaba en ALCO (www.fundacionalco.org), que es a nivel regional como un apéndice de la clínica. Logré bajar 21 kilos más. Hice el tratamiento que me habían dado en la clínica más las caminatas. Mientras tanto, presenté el pedido de otra internación, que mi seguro me concedió. Me interné el 26 de mayo y entré a la clínica con 142,3 kilogramos. Actualmente, estoy en 132,8. En un par de días ya salgo. Yo considero que voy bien. La diferencia es que esta vuelta, a diferencia de la internación anterior, tuve un defasaje en la presión. Tuve una hipopresión que me llevó a descontrolarme y, por lo tanto tenía que hacer reposo. Como no podía hacer actividad física, uno baja menos. Porque todo es un complemento: dieta más actividad física”
“Todavía me quedan 25 kilos más para llegar a mi peso posible o deseable. Esos 25 kilos los voy a tratar de bajar en mi ciudad, con caminatas, con la dieta, y con el aporte de los grupos. También he pedido una nueva internación que a lo mejor se me podría dar el año que viene, como para ver en qué estado estoy, si he sufrido algún rebote, algún desliz, o si ya estoy para llevar un mantenimiento y empezar mi vida normal, que espero tenerla”
“Me dí cuenta que la cosa se agravaba cuando caminé dos cuadras y no podía caminar de lo agitado que estaba. Me tuve que apoyar en mi señora para que me bajaran las palpitaciones. Estaba mal, muy mal. Fue mi detonante. En ese momento, no tenía tanto defasaje en mi salud. Simplemente, tenía obesidad. Con el tiempo, se me declaró la diabetes, la presión, la hipertensión, me convertí en insulino-resistente, y ahí empecé a darme cuenta de todo el síndrome metabólico que me había cargado”
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“Tendría que haber tenido en cuenta todo eso puesto que mi padre murió con todo este tipo de glucemia, de obesidad, de presión alta. Hasta que a uno no le toca de cerca, no se da cuenta. Me vi al límite de la muerte. Era bajar de peso o estar muerto. Era una bomba caminando. Y bueno, hoy estoy muy contento de lo que logré. Ahora estoy caminando 7 kilómetros diarios. Es un logro”
“Uno de los factores que hacen hincapié en la clínica es que llegue el clic de la concientización. Yo creo haberla obtenido. Con todas las herramientas que nos dan para defendernos afuera, creo poder llegar a mi meta. Las condiciones están dadas y sólo yo puedo manejarlo. No quiero volver a lo mismo ni matarme. Cuando estaba sentado entre la heladera y la mesa, no me importaba nada si me moría al otro día. Hoy sí, porque uno aprende que no solamente los cambios son a nivel físico. También cambio mental. Uno empieza a pensar más en las cosas, a sacar conclusiones, ya no desde lo emocional, sino desde lo racional. Tomar más conciencia y tomarse su tiempo para contestar, para actuar”
“Lo más importante es darse cuenta de que la vida es linda y que hay que vivirla. Para eso, hay que tener una buena calidad de vida y un régimen de vida. El cambio tiene que ser radical con respecto a la comida. No comer saturados, comer comida sana, no comer comida chatarra, no comer fritos, y basarse todo en lo natural: frutas, verduras y carnes magras. Tomar mucho líquido, por lo menos tres litros por día. Y caminar.”
Entrevistas Carolina Gil Posse, corresponsal en Buenos Aires, Argentina. Agradecimiento a la Clínica Cormillot de Buenos Aires por haber organizado la entrevista con Osvaldo y María del Carmen.
























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