Una gran parte de los actos delictivos que se generan dentro de la sociedad centroamericana se le atribuye a las bandas juveniles o pandillas.En el caso de Guatemala, Honduras y El Salvador estas organizaciones han puesto a la población civil al borde de la zozobra y al gobierno en permanente estado de emergencia.
En Holanda las actividades criminales de las bandas juveniles son también materia de atención diaria a través de los medios. Entre otras cosas debido a eso, desde hace algún tiempo, Holanda apoya a través de sus organizaciones de ayuda para el desarrollo como Cordaid, proyectos destinados a paliar el mal en el istmo.
Se trata de proyectos de prevención y también de reinserción social. Muchos de estos incluyen también actividades destinadas a generar empleos para los mismos jóvenes, que desde ya, se encuentran en el segmento más marginal de la sociedad. Sólo por haber sido o ser integrante de una pandilla o mara.
Para evaluar el resultado de esa cooperación y con el fin de compartir experiencias, Cordaid y la fundación Socires organizaron el pasado 26 y 27 de enero una conferencia en la que estuvieron presentes participantes de ambas partes.
Aida Santos de Escobar, Presidenta del Consejo Nacional de Seguridad Pública, de El salvador, ponderó durante su intervención el cambio de política referente a los jóvenes del gobierno del actual presidente Mauricio Funes. Según ella en El Salvador se ha puesto el acento en los programas de prevención y se toma en cuenta, más que antes, las necesidades primordiales de la juventud.
Luis Moreno, ex pandillero y actual director de la organización Homis Unidos, que se dedica a asistir a los jóvenes que desean reemprender su vida, asiente a medias sobre los avances que habría logrado el gobierno del presidente Mauricio Funes. ‘’a sólo tres meses de haberse instalado en el gobierno, Funes sacó el ejército a las calles” asegura.
Las críticas son muchas, sobretodo de los propios interesados, acerca de la política que sigue el estado salvadoreño en el tema de la delincuencia juvenil y las maras o pandillas. ‘’La política de mano dura implementada por los gobiernos anteriores no ha cambiado en esencia’’, dice Carlos Alberto Benítez, quien estuvo varios años en la cárcel acusado de diversos delitos.
La política que siguen los países vecinos, Guatemala y Honduras no difieren mucho de la salvadoreña. En casi todos ellos el acento continúa en la represión del mal y no en atacar los síntomas ni las causas que lo producen.
En este sentido, los diversos proyectos de prevención del delito, la mayor parte de ellos ejecutados por organismos no gubernamentales, han ayudado a mitigar el problema de la criminalidad juvenil. Sin embargo el esfuerzo desplegado hasta ahora, con o sin ayuda exterior, es insuficiente. Los gobiernos locales carecen o no destinan los medios suficientes para enfrentar el problema y la ayuda exterior, especialmente la europea corre peligro por la política de ahorros en este rubro que se han planteado, casi al unísono, los gobiernos de la unión europea.
Ese recorte planeado por los gobiernos de la Unión Europea tendrá, se quiera o no, un fuerte efecto en la ejecución de proyectos de prevención del delito y de reinserción de los jóvenes que se encuentran en la criminalidad, a la sociedad civil, afirma Luis Moreno de Homis Unidos, organización que opera en Centroamérica y que recibe ayuda holandesa a través de Cordaid.


















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