Los enfrentamientos constantes entre autoridades y medios privados dejan al descubierto dos asuntos: los gobiernos se empeñan en lucir su intolerancia y la prensa va perdiendo la vergüenza y se olvida de la ética profesional.
Fernando Cabrera
A comienzos de esta semana el ministro de la Presidencia de Bolivia, Carlos Romero, calificó a algunos medios de comunicación nacionales de "genocidas y masacradores’’, ya que según él, se inventaron muertos y se prestaron al juego de los políticos de la oposición en las protestas contra la construcción de la carretera en la reserva natural del TIPNIS ".
Anteriormente, en Ecuador, un tribunal condenó al columnista Emilio Palacio por injurias contra el mandatario Rafael Correa expresadas en su columna del matutino El Universo, que se edita en Guayaquil.
Palacio acusó al mandatario de haber dado orden de disparar durante la ocupación del hospital militar en Quito donde el 30 de septiembre del año pasado un grupo de policías amotinados habría tomado de rehén al presidente. Furioso, Correa presentó una denuncia ante la justicia que finalmente condenó a Palacios a algunos años de cárcel y al pago de una millonaria multa.
En estos dos casos los periodistas respondieron casi con el mismo argumento: el gobierno comete abuso de autoridad y atenta contra la libertad de expresión. Los gobiernos, por su parte, se quejaron de la falta de ética de los periodistas.
Pero, ¿existe verdaderamente eso que se denomina “ética periodística’’? Según expuso alguna vez Luis Ramiro Beltrán, reconocido experto en el tema, la ética periodística es “...la manera moral de ser y de hacer del periodista regida por su profunda identificación con principios y normas de adhesión a la verdad, a la equidad, al respeto por la dignidad y por la intimidad de las personas, al ejercicio de la responsabilidad social y a la búsqueda del bien común”.
Si partimos de esa definición, no hay sino espacio para lamentar que algunos gobiernos tienen la razón. Muchos trabajadores de los medios, esperemos que sean los menos, apenas si tienen la voluntad o el tiempo necesario para confirmar sus aseveraciones y consultar varias fuentes antes de difundir lo que sostienen.
En consecuencia es muy fácil que, voluntariamente o no, se equivoquen y que la noticia que difunden carezca, muchas veces, de una aceptable dosis de verdad.
Sin embargo, culpar de todo al periodista sería un gravísimo error. Los trabajadores de la prensa se encuentran permanentemente bajo la presión del dueño del medio para el que trabajan y es éste el que, al fin de cuentas, determina bajo qué principios éticos se efectúa la noble labor del informador.
Sobre este tema conversamos en Cabildo Abierto con Mauro Cerbino, analista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO en Quito, Ecuador; nos acompaña también Alex Contreras, periodista investigador boliviano y ex jefe de prensa del presidente de Bolivia Evo Morales e Ignacio Ramonet, director del prestigioso Le Monde Diplomatique, que se edita en París.























ayudenme kon la autoridad de cabildo
No creo que se pueda generalizar, diciendo que la prensa o los periodistas hayan perdido la ética profesional, simplemente muchos periodistas con ética profesional ya no trabajan en su ramo y pueden estar haciendo cualquier otra actividad para subsistir, que sucumbir a sus principios y a su ética como periodistas de vedad.
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Otros como Pascual Serrano y un largo etcétera, han preferido trabajar por separado de la media corporativa y poder demostrar que si se puede ser periodistas con ética profesional, han creado medios alternativos para informar verazmente.
Otra casta son los pseudo periodistas que se prostituyen y venden el alma al diablo por un buen salario y hacen lo que el patrón les pida para subir escalones en su profesión.
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Lamentablemente en este mundo existe de todo y la norma dentro del principio del neoliberalismo en donde todo vale mientras sea para generar riqueza, se dan muchos casos de pseudo periodistas lacayos que se prostituyen en favor de una media corrupta que calumnia y miente para saciar la voracidad del ambicioso que quiere ser el mejor, el más rico y el que más poder acumula.
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Estos pseudo periodistas son los peores canallas y gente que no se merece ningún respeto, que con el poder que les confiere la media que tienen a su disposición, mienten en favor de un patrón corrupto, en desmedro de millones de seres humanos que se mueren del hambre, por un sistema económico obsoleto, que solo favorece a unos pocos dueños de los grandes capitales, que también son los dueños de los medios de información donde se alimentan estos canallas pseudo periodista sin escrúpulos.
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Quisiera que estos canallas se miren al espejo y hagan un examen de conciencia de lo que hacen y lo que podrían hacer si tuvieran principios y ética profesional.
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