Este programa es un homenaje de Radio Nederland a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en el aniversario 30 de su asesinato. El sacerdote católico salvadoreño se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y de los pobres, y murió asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral.
Realización de José Zepeda
Presentación y montaje: Juan Carlos Roque
Escuche o descargue el programa especial:
En este programa especial les ofrecemos una entrevista con Roberto Cuéllar, director del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Cuéllar trabajó junto a monseñor Romero durante varios años.
Uno de las motivaciones de la entrevista se centra en la repercusión del discurso de monseñor Oscar Arnulfo Romero al recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Lovaina, el 2 de febrero de 1980. En ellas se condensa su pensamiento y su acción.
Misión de la Iglesia
Para el monseñor Romero, la fe cristiana y la actuación de la Iglesia siempre han tenido repercusiones socio-políticas. Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración socio-política del mundo en que viven. El problema es cómo debe ser el influjo en el mundo socio-político para que sea verdadero según la fe.
Como primera idea, monseñor Romero citaba la intuición del Concilio Vaticano II. La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres. La Iglesia es, como Jesús, para "evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos, para buscar y salvar lo que estaba perdido" (LG 8).
Predicar la esperanza
El encuentro con los pobres, decía monseñor Romero, ha hecho recobrar la verdad central del evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión. La Iglesia tiene una buena nueva que anunciar a los pobres. Lo que hay en estas palabras es la coincidencia del anhelo de liberación y la oferta del amor de Dios a los pobres. Es la esperanza que ofrece la Iglesia y que coincide con la esperanza a veces adormecida y tantas veces manipulada y frustrada, de los pobres del continente.
La esperanza que predicamos a los pobres es para devolverles su dignidad y para animarles a que ellos mismos sean autores de su propio destino. En una palabra, la Iglesia no sólo se ha vuelto hacia el pobre sino que hace de éste el destinatario privilegiado de su misión porque como dice Puebla "Dios toma su defensa y los ama”.
























Enviar nuevo comentario