Es cierto que mucha publicidad tiende a transmitir mensajes que pueden caer dentro de la descalificación o la ofensa, pero también considero que elucubrar con la "violencia simbólica" y otras ideas alambicadas acerca de "agresiones" contra la figura femenina en la TV distorsiona el panorama hacia el cual apunta la idea que se quiere proponer. Porque la pregunta es qué es lo que realmente esperan estas personas de la publicidad. Pero antes de anticipar una respuesta, las cosas en su lugar: los medios de comunicación no ejercen una influencia hipnótica sobre la gente; mucho más decisivo es el papel del entorno tangible del individuo, familia, amigos, grupos de afiliación, etc. Considerando eso, sería ingenuo atribuirle a la publicidad o a los medios poderes sobrenaturales; de hecho, los medios son mucho más víctimas de sus audiencias que aquellas de ellos. Los mensajes publicitarios tienen mayor efectividad en cuanto más remiten a la esfera de experiencias y cotidianidad inmediata de las personas. Por lo tanto, una publicidad machista es resultado de la sociedad a la cual hace referencia.
¿Cuándo entonces sería lícito intervenir o sancionar un mensaje controvertido? Pasando por alto los innumerables bemoles y sutilezas que ponen en cuestión la libertad de expresión, la respuesta debería apuntar hacia aquellos mensajes que ponen en peligro a la sociedad misma: proclamas de odio racista, homofóbico, religioso, etc.; incitaciones al genocidio, a la violencia explícita, al maltrato de seres vivos, etc. En tal caso, sería plausible condenar aquellos mensajes que exalten la violencia física, sexual, moral, mental, etc. contra la mujer. Pero si hablamos de "violencia simbólica", dado que el término es bastante ambiguo, se puede caer en el franco abuso. Efectivamente, y me remito al primer ejemplo de publicidad citado en el artículo, aunque las señoras y señoritas del debate se escandalicen con las refinadas lecturas que hacen del anuncio, deben considerar que también deben haber muchas mujeres que sí se sienten identificadas con el mensaje. La publicidad de cervezas siempre ha sido sexista: hay una evidente cosificación de la mujer, pero también una caricaturización del hombre en sus aspectos más rudimentarios. Yo, la verdad, no me ofendo si me ilustran como un troglodita bebedor e idiota; también estoy consciente de que por muchas modelos que aparezcan en un anuncio de cerveza, el tomar determinada marca no me hará más atractivo para el sexo opuesto. ¿Por qué entonces no pueden hacer el mismo ejercicio al enfrentar la publicidad?
Hay un evidente menosprecio por la capacidad de discernimiento del resto de las personas "no concientizadas", como si todos los demás fueran idiotas e incapaces de distinguir lo real de lo imaginario, la ironía de lo serio. ¿Están ofreciendo acaso lo que es mejor para todos? Creo que sólo lo que ellas ven como adecuado.