J.González27 de agosto 2011 - 9:16 de la tarde / España
Pienso que para algunas personas es muy fácil decidir sobre la vida de los demás. Nos gusta tanto tener el control de los acontecimientos que nos contrariamos cuando nuestros planes son contravenidos y tiramos enseguida por la calle de en medio. Esta es la era del quita y pon, del todo vale y lo que no vale: ¡a la basura! Pero cuando se trata de nuestra propia vida, ahí sí: dejamos de sentirnos diosecillos, nos aferramos a ella, luchamos hasta por la última brizna de aire y le pedimos a Dios que nos deje un poco más de tiempo.
Algún día, creyentes y ateos, todos, rendiremos cuentas ante el Supremo Dueño de cada vida y, algunos, tendrán que explicarle a Él la razón de por qué consideraron a otros más "dignos" de la muerte de lo que ellos valoraron sus propias, egocéntricas, existencias.
Pienso que para algunas personas es muy fácil decidir sobre la vida de los demás. Nos gusta tanto tener el control de los acontecimientos que nos contrariamos cuando nuestros planes son contravenidos y tiramos enseguida por la calle de en medio. Esta es la era del quita y pon, del todo vale y lo que no vale: ¡a la basura! Pero cuando se trata de nuestra propia vida, ahí sí: dejamos de sentirnos diosecillos, nos aferramos a ella, luchamos hasta por la última brizna de aire y le pedimos a Dios que nos deje un poco más de tiempo.
Algún día, creyentes y ateos, todos, rendiremos cuentas ante el Supremo Dueño de cada vida y, algunos, tendrán que explicarle a Él la razón de por qué consideraron a otros más "dignos" de la muerte de lo que ellos valoraron sus propias, egocéntricas, existencias.