Aparte de la censura directa, que también se practicó durante gobiernos supeustamente democráticos, también existe una censura mucho más solapada en cuanto a cantantes y autores, practicada sistemáticamente por los medios de comunicación. Al no pagar "payola" las radios no promocionan a los artistas. Al no venderle el alma (y un grueso de la regalías) a un sello discográfico, el músico es un don nadie, un cantante itinerante. Y más aún, la música de protesta siempre ha sido amplia y completamente ignorada en los medios de comunicación pasados y presentes... Y es que el "negocio" de la música no consiste en concientizar, sino más bien consiste en embrutecer a las personas.