Los marroquíes acudirán el viernes a las urnas para votar a favor o en contra de una nueva Constitución propuesta por el rey Mohamed VI ante la petición de reformas en el país, en la estela de la "primavera árabe".
Unos 13 millones de marroquíes, incluido el Rey, y los residentes en el extranjero, el ejército y las fuerzas de seguridad, deben responder "sí" o "no" a la pregunta de si son favorables al proyecto de Constitución.
Pese a la oposición del Movimiento del 20 de Febrero, que reclama reformas profundas y una verdadera monarquía parlamentaria, el Rey está casi seguro de que su texto será adoptado, según los expertos.
Mohammed VI encabeza la dinastía árabe más antigua, que remonta al siglo XVII, y es el heredero de un poder absoluto. Lleva doce años encarnando la monarquía marroquí pese a reivindicar una ruptura con su padre, pero la juventud está frustrada e, inspirándose en la primavera árabe, se lo ha dicho a gritos en la calle.
El Movimiento del 20 de Febrero, que reivindica 60.000 miembros, llamó a boicotear el referéndum. Por el contrario, los partidos políticos son favorables a él y los imanes de las mezquitas también.
"Este proyecto incluye todos los beneficios que necesita nuestra sociedad para organizar su vida cotidiana, que seguirá así apegada a los fundamentos religiosos", según el sermón leído por todos los imanes del reino durante la oración del viernes pasado, una semana antes del referéndum.
El rey propone un equilibrio de poderes que concede un papel más importante al Ejecutivo y al Parlamento.
El primer ministro, procedente del partido vencedor en las elecciones, podrá disolver la Cámara de Representantes, algo que por el momento sólo puede hacer el Rey.
Con su política del poco a poco, el monarca se desmarca de las otras monarquías árabes que hacen caso omiso de las reivindicaciones de reformas de la población y optan por mantener el statu quo.
Entre las novedades figura la creación de un Consejo Superior del Poder Judicial, presidido por el Rey, para garantizar la independencia de la justicia.
En la Constitución propuesta, el Rey, "comendador de los creyentes", pierde la sacralización de su poder, una noción obsoleta en el mundo de hoy.
El monarca mantendrá su sólida parcela, especialmente en los asuntos de defensa y religiosos, así como en todo lo que afecta a los nombramientos de carácter estratégico como los gobernadores provinciales, que son representantes del ministerio del Interior.
Las reformas propuestas constituyen un acto de clarividencia en una región zarandeada por profundos cambios, donde regímenes autoritarios considerados corruptos acabaron cayendo, otros están sumidos en la guerra o la anarquía y otros libran una represión cruenta contra los opositores.
El Rey asumió el riesgo de no realizar una campaña propiamente dicha con tal de agilizar la celebración del referéndum, que se celebra sólo dos semanas después del anuncio del proyecto de reforma.
El objetivo del proyecto es "consolidar los pilares de una monarquía constitucional, democrática, parlamentaria y social", declaró el rey Mohamed VI en su discurso a la Nación.
"Estamos frente a una monarquía que ofrece reformas, que inicia el cambio, que instaura la alternancia (...). Es cierto que el poder del primer ministro es más importante, pero este cambio no constituirá un verdadero adelanto a no ser que las elecciones (legislativas) se lleven a cabo en la transparencia y la competencia política, lo que no era realmente el caso hasta ahora", advierte Jadija Mohsen Finan, investigadora sobre el Magreb de la Universidad París 8.
© ANP/AFP

















