La insurrección iraquí, debilitada por la muerte de importantes líderes, mostró sin embargo que todavía es capaz de organizar atentados en todo el territorio, como los que el lunes dejaron al menos 110 muertos, el peor balance desde comienzos de año.
Según un último balance comunicado el martes por los hospitales y fuerzas de seguridad, al menos 110 personas murieron y más de 500 resultaron heridas en los episodios violentos de la víspera.
Gracias a una organización que ha demostrado un alto nivel de sofisticación, los insurgentes perpetraron 60 ataques desde la primera hora de la mañana hasta la noche en todo el territorio iraquí, según una fuente del ministerio del Interior.
Irak no había sufrido ataques de esta importancia desde 2007, cuando se registraron los peores episodios de violencias confesionales.
Desde el año 2003, cuando Estados Unidos y sus aliados invadieron Irak, entre 96.000 y 112.000 civiles murieron en Irak, según estimaciones de las organizaciones independientes Iraq Body Count y Brookings Institution basadas en Washington.
En Bagdad, donde las importantes medidas de seguridad dificultan la realización de grandes atentados, los insurgentes se disfrazaron de agentes municipales de las carreteras y atacaron en ocho ocasiones puntos de control militares con armas silenciosas.
En otras ciudades con menos seguridad, los rebeldes adoptaron la clásica técnica del doble, incluso triple o cuádruple atentado con explosivos y coches bomba.
En la ciudad de Hilla, a 95 km al sur de Bagdad, se produjo una verdadera masacre. Dos coches bomba conducidos por kamikazes explotaron cuando los empleados se subían a los autobuses para regresar a casa. Un tercer coche explotó cinco minutos más tarde y un cuarto a la llegada de los policías y las ambulancias, según las fuerzas del orden. El balance es de 53 muertos y 157 heridos.
Los atentados no fueron reivindicados pero las autoridades acusaron a Al Qaida.
"Estos atentados llevan la marca de Al Qaida y al tomar como objetivo varias regiones como Basora, Wasit o Hilla, quisieron hacer pasar el mensaje de que pueden golpear en el mismo momento en diferentes lugares", afirmó a la AFP el portavoz del ministerio de Defensa, Mohamed al Askari.
Los ataques "son el resultado de los golpes asestados a Al Qaida con la muerte y la detención de sus jefes", subrayó.
El 18 de abril, los dos principales jefes de la red Abu Omar al Bagdadi y Abu Ayub al Masri murieron en una operación de las fuerzas iraquíes y estadounidenses. Sin embargo, las autoridades iraquíes y estadounidenses habían avisado que, pese al golpe a Al Qaida, no había que bajar la guardia.
Como ocurre tras cada oleada de violencia, las autoridades iraquíes han criticado la negligencia de las fuerzas de seguridad.
"Lo que pasó es consecuencia de las negligencias en materia de seguridad debidas a la debilidad de las medidas de control en los puntos de control en Bagdad y en el resto de Irak", afirmó el viceministro del Interior, encargado de los órganos de información, Hussein Kamel, en unas declaraciones publicadas el martes.
Según una fuente de seguridad, se hicieron pasar hace dos semanas informaciones para prevenir la inminencia de "acciones terroristas" en las provincias chiitas del sur. Pero parece que no se tomó ninguna precaución adicional.
© ANP/AFP

















