El presidente francés Nicolas Sarkozy, que prometió una "República irreprochable" al empezar su mandato en 2007, se ve afectado por una serie de escándalos en los que son acusados varios de sus allegados, lo que podría debilitarlo a menos de tres meses de la presidencial.
Sospechas de financiamiento político ilegal, espionaje, sobornos en ocasión de una venta de armas, favoritismo: los casos se suceden desde hace dos años.
Sus predecesores no escaparon a los escándalos.
El socialista François Mitterrand fue salpicado por el caso de escuchas de personalidades ordenadas por la presidencia.
En la derecha, Jacques Chirac fue condenado recientemente por un caso de malversación de fondos públicos en la época en que era alcalde de París.
Pero ninguno de ellos se vio confrontado a tal sucesión de escándalos, que se convierten en otras tantas bombas de tiempo cuando faltan menos de tres meses para la elección presidencial, en la que los últimos sondeos prevén que Sarkozy será derrotado por el socialista François Hollande.
El miércoles, un ministro apartado de su cargo en 2010 será inculpado sin duda en el marco del escándalo político-fiscal ligado a la heredera del gigante de los cosméticos L'Oréal, Liliane Bettencourt.
Eric Woerth, ex ministro y ex tesorero del partido del presidente, UMP, es sospechoso de financiamiento ilegal de la campaña electoral de Nicolas Sarkozy en 2007.
Surgido de un diferendo familiar, el caso Bettencourt adquirió a mediados de 2010 un cariz político después que la prensa revelara la existencia de escuchas piratas y de testimonios que daban a entender que la familia Bettencourt pudo financiar ilegalmente el partido del presidente.
El propio Nicolas Sarkozy desmintió haber recibido dinero de la mujer más rica de Francia, apoyo notorio de la UMP, mientras la oposición ironizaba alegando que la "República de los próximos" había reemplazado a la "República irreprochable" prometida por el jefe de Estado.
El caso irritó al poder lo bastante para que éste hiciera vigilar las conversaciones telefónicas de periodistas del diario Le Monde que investigaban al respecto.
Fue esto lo que desembocó en la inculpación de varios allegados del presidente, empezando por el jefe del servicio de contraespionaje francés, Bernard Squarcini, inculpado el 17 de octubre pasado por "colecta ilícita de datos".
Tras ello, el jefe de la policía Frédéric Péchenard fue interrogado por la juez a cargo de la causa. Y después, en enero, fue inculpado a su vez el procurador de Nanterre (periferia de París) Philippe Courroye.
Otro escándalo que envenena el mandato de Sarkozy es el llamado caso "Karachi" sobre comisiones ocultas y en el que otros allegados del presidente fueron inculpados.
Al respecto, los jueces investigan si comisiones pagadas legalmente en el marco de contratos de ventas de armas firmados en 1994 con Pakistán y Arabia Saudita dieron lugar a retrocomisiones que habrían financiado ilegalmente la campaña presidencial del ex primer ministro Edouard Balladur en 1995. En la época, Sarkozy era uno de los próximos colaboradores y portavoz de Balladur.
Esta causa es tanto más grave cuanto la justicia investiga si está ligada a un atentado cometido en mayo de 2002 en Karachi, en el que murieron once franceses.
Nicolas Bazire, ex director de campaña de Balladur, fue inculpado en septiembre de "complicidad de abuso de bienes sociales" en la parte financiera del caso Karachi.
Dos meses después, Thierry Gaubert, ex consejero de Sarkozy, fue a su vez inculpado de "soborno de testigo". Es sospechoso de haber presionado a su esposa, que había afirmado que él viajó a Suiza para recuperar "voluminosas" maletas llenas de dinero.
El jefe de Estado no ha sido nunca implicado directamente en estos casos, pero la oposición exige que "Nicolas Sarkozy se explique".
© ANP/AFP


















