El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, anunció este domingo a través de un portavoz que revisará la estrategia de negociar con los talibanes tras el asesinato hace unos diez días de un ex mandatario encargado de hacer contactos con los insurgentes.
Karzai, alentado por la comunidad internacional, trata desde hace varios años de persuadir a los talibanes de sentarse a la mesa de negociaciones, ofreciéndoles incluso responsabilidades gubernamentales si entregan las armas.
Pero los líderes insurgentes islamistas, cuya guerrilla gana terreno desde 2007, jamás respondieron favorablemente, limitándose a algunos contactos preliminares. "Todas las discusiones de paz con los talibanes están suspendidas, el presidente revisará la estrategia de paz y reconciliación", declaró a la AFP Siamak Herawi, portavoz de la presidencia.
El jefe del Estado anunciará su nueva estrategia en un discurso transmitido por televisión a la Nación "en breve", agregó. Esta decisión fue adoptada después del asesinato, el 20 de septiembre, del ex jefe del Estado Burhanudin Rabani, presidente del Alto Consejo por la Paz encargado por Karzai de efectuar contactos con los guerrilleros.
Rabani fue asesinado al estallar una bomba oculta en el turbante de un hombre que se presentaba como un negociador enviado por el consejo supremo de los talibanes del mulá Omar. Los talibanes, siempre dispuestos a reivindicar los audaces ataques que tienen lugar en Kabul, no han hecho comentarios sobre este atentado.
"El mulá Omar no tiene dirección... Su emisario de paz finalmente era un asesino, entonces: ¿Con quién debemos hablar?", se preguntó Karzai el viernes pasado, durante una reunión en Kabul con altos responsables religiosos. "La nación afgana me pregunta con quién más estoy negociando, y yo les contesto: con Pakistán", agregó.
Afganistán acusa regularmente a su gran vecino de proteger al Consejo supremo de los talibanes, denominado por los occidentales la "Shura de Quetta" o consejo de Quetta. Quetta es la gran ciudad del suroeste de Pakistán en cuyos alrededores estaba escondido el mulá Omar y sus principales lugartenientes desde fines de 2001, cuando los talibanes fueron expulsados del poder por una coalición militar liderada por EEUU tras los atentados del 11 de septiembre.
Por otra parte, las zonas tribales del noroeste de Pakistán cerca de la frontera, bastión de los talibanes paquistaníes y principal santuario de Al Qaeda en el mundo, se convirtieron en base de la red Haqqani, el grupo de talibanes afganos más temido por Kabul y por los soldados norteamericanos.
Washington reprocha abiertamente a Islamabad, aliado clave en la "guerra contra el terrorismo" desde fines de 2001, de no hacer lo suficiente para echar a los Haqqani de las zonas tribales. Algunos altos responsables norteamericanos acusan incluso a los servicios de inteligencia paquistaníes de respaldarlos.
"La única solución, lo que todos reclaman, es que haya negociaciones con los paquistaníes, dado que todos los refugios de la oposición están en ese país", comentó Karzai ante los responsables religiosos. Esta semana se cumplirá, el 7 de octubre, el décimo aniversario de la invasión de Afganistán por una coalición militar liderada por EEUU, y según una mayoría de expertos, las perspectivas de paz se han alejado.
Mientras EEUU y la OTAN han iniciado la retirada de sus tropas combatientes, los talibanes han intensificado su insurrección en los últimos años y extendido sus acciones de guerrilla a la casi totalidad del país, incluyendo a la capital Kabul, a pesar de estar repleta de barreras de control y fuerzas de seguridad.
© ANP/AFP














