En una entrevista divulgada este lunes, el líder cubano Fidel Castro afirma que tiene "cosas que hacer todavía" en un mundo que está en la fase "más peligrosa de su existencia", tras haber "resucitado" de la grave enfermedad que casi lo llevó a renunciar a la vida.
"Llegué a estar muerto, pero resucité declaró Castro, de 84 años, a una periodista del diario mexicano "La Jornada", evocando la grave enfermedad intestinal que lo forzó a ceder el mando a su hermano Raúl Castro el 31 de julio de 2006.
Su esposa Dalia Soto del Valle, que participó en la entrevista en La Habana y quien lo acompaña en casi todas sus salidas públicas -unas 30 desde comienzos de julio-, precisó que el líder comunista apenas pesaba 66 kilogramos cuando inició su lenta recuperación. "No quiero estar ausente en estos días. El mundo está en la fase más interesante y peligrosa de su existencia y yo estoy bastante comprometido con lo que vaya a pasar.
Tengo cosas que hacer todavía", como conformar "un movimiento antiguerra nuclear", apuntó. Castro ha dedicado la mayor parte de sus más recientes artículos de prensa y presentaciones públicas a advertir al mundo sobre un peligro de conflicto nuclear que vislumbra si Estados Unidos e Israel atacan a Irán.
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Los megalómanos terminan siempre así, recitando disparates y probando a cada paso que, para estos "superegos" ebrios de sí mismos, el mundo gira alrededor de ellos.
Ahora Castro, el verdadero "tirano-banderas" de la ficción literaria latinoamericana, también se ha vuelto Castro-damus (confundiéndose con Nostradamus) y nos obsequia con predicciones catastróficas del "fin del mundo".
Y es que el megalo no puede concebir que el mundo siga girando sin su persona, así que su "tanatos" ha decidido ponerle fecha actual al "fin de la historia".
En capítulos anteriores de la historia ya otros megalómanos y psicópatas nos habían "obsequiado" con semejantes despliegues de megalomanía. Nerón quemó a Roma para rehacerla a su imagen y capricho, Hitler, ya encerrado en su guarida subterránea cuando perdía la guerra y los aliados se hallaban a las afueras de Berlín, daba órdenes de dinamitar la ciudad, prefiriendo el exterminio de la población "por haber perdido la guerra", y el ver a la ciudad en ruinas antes de entregarla.
De igual forma Castro, el pequeño napoleón del Caribe ha expresado en varias ocasiones, con su frase de "socialismo o muerte", su deseo expresado en sus propias palabras, de "ver a Cuba hundirse en el mar antes de presenciar el regreso de los yankis", el némesis de su obsesión.
Y con esto, como cualquier otro tirano, pretende decidir sobre la vida de millones, como pensó hacerlo cuando la CRISIS DE LOS MISILES del '62, en la que expresó también que prefería el comienzo de la III Guerra Mundial y el holocausto nuclear, a verse reducido y humillado por el "juego" entre las grandes potencias.
Ese mismo ego-enfermo, que ha destruído a Cuba, es que el ahora pretende darle cátedra de diplomacia y estrategia mundial a Obama. Grotesco y patético son los dos adjetivos que vienen en mente al presenciar esta última "comedia de errores y horrores" del senil dictador.