China, con una creciente influencia mundial, gasta miles de millones de dólares para mejorar su imagen, pero sus esfuerzos se ven cada vez más comprometidos por el firme apoyo que brinda a regímenes poco presentables, comenzando por el de Siria.
Pekín es objeto de múltiples críticas desde que el fin de semana vetó, junto a Moscú, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando la represión de las fuerzas de Bashar Al Asad.
Este doble veto, que provocó la indignación de los occidentales e incluso la cólera de numerosos países árabes, fue calificado de "permiso para matar" por la oposición en Siria, donde la represión podría haber provocado más de 6.000 muertos.
China rechazó las acusaciones estadounidenses según las cuales protege a Siria y aseguró "defender la justicia en la cuestión siria".
"Pekín se enfrenta a problemas repetidos cuando su política nacional entra en conflicto con su deseo de mejorar la imagen de China", destacó Jonathan Fenby, del instituto de estudios Trusted Sources.
"Tal fue el caso con la prisión del premio Nobel de la Paz 2010 (Liu Xiaobo) y lo es ahora con el veto sobre Siria. China hace notar que su política nacional, incluyendo la defensa de sus 'intereses fundamentales' paga el precio", prosiguió, designando la capacidad de convencer a través de medio no coercitivos, como la cultura o la ideología.
Pekín trata de propagar en el extranjero su cultura y su propaganda oficial, esperando así que la segunda potencia mundial proyecte una imagen positiva a nivel internacional. Es así como China atribuyó grandes sumas para la expansión en el extranjero de sus grandes medios informativos. Pekín también hizo más importante la red de sus institutos Confucio, cuyo objetivo es promover el idioma y la cultura chinas.
"Pekin tiene éxito en promover una imagen positiva de la China ante el público extranjero, en particular en el mundo no occidental. La gente queda impresionada por su éxito económico y su estabilidad social", estimó William Callahan, profesor de Ciencias políticas en la Universidad de Manchester. Pero, "en Occidente no creo que logre tal éxito", agregó.
Es verdad que China, consciente de ser considerada en Occidente como un Estado autoritario que reprime la libertad de expresión y la disidencia, no mejora la situación con sus alianzas con Estados poco frecuentables como Siria, Corea del Norte, Irán, Zimbabué o Sudán.
Los Hermanos Musulmanes de Siria acusaron el lunes a Rusia, China e Irán de ser "cómplices de las matanzas" cometidas en el país.
Los dirigentes del PCC ven a China más bien con un recién llegado al mercado mundial, obligado de ir a lugares o países donde los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) -como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- no dominan", prosiguió.
Willy Lam, un experto de la China en la Universidad de Hong Kong, piensa que Pekín será cada vez más víctima del ostracismo, después de la 'Primavera árabe'. "Si, como es probable, nuevas ideas y valores mundiales se propagan en Oriente Medio y África, China se encontrará en una posición mas difícil", predijo.
© ANP/AFP


















