Las tropas de combate estadounidenses, que prevén retirarse de Irak el 31 de agosto, pueden jactarse del derrocamiento de Sadam Husein, pero dejan tras de sí varios asuntos pendientes, como el combate al terrorismo, mejorar la estabilidad política y la convivencia con Irán.
Más de siete años después de haber invadido el Irak de Sadam Husein y en momentos en que Washington se dispone a anunciar el fin oficial de su misión de combate, los expertos consideran difícil establecer cuáles fueron los éxitos y fracasos en el país.
"Lo que debemos subrayar sobre todo es que es mucho más complejo de lo que parece", afirma a la AFP Stephen Biddle, experto en el centro de reflexión Council on Foreign Relations.
Es el caso de las armas de destrucción masiva, cuya presunta presencia en Irak fue usada como argumento por el gobierno de George W. Bush para invadir el país.
Si bien estas armas nunca fueron halladas, Biddle se pregunta en qué estado estaría la región si la intervención no hubiera ocurrido. El experto estima en este sentido que Sadam Husein, aprovechando una lenta erosión de las sanciones de la ONU, podría haber reconstituido su programa nuclear, lo que habría desatado una carrera armamentista con Irán.
Al mismo tiempo, el debilitamiento de Irak luego de la caída del poder sunita de Husein, suprimió un obstáculo para el Irán chiita, enardeciendo a los miembros de esta rama del islam en los países con mayoría sunita.
Los Estados árabes del Golfo temen la idea de "un poder chiita y la posibilidad de que se unan los chiítas de Irán y los de Irak", afirma Marina Ottaway, del Carnegie Endowment for International Peace.
Sin embargo, escribe en el sitio web del centro de reflexión, "estos temores son exagerados, porque los iraquíes son árabes, mientras que los iraníes, no. Los iraníes tienen dificultades para obtener lo que quieren de Irak".
Para Michael O'Hanlon, del Instituto Brookings, la invasión permitió, a fin de cuentas, establecer límites más claros entre Irán y los Estados árabes del Golfo, que ven ahora a la República islámica como la principal amenaza en la región, en beneficio de Washington.
"De alguna manera, esto simplifica nuestra gestión de las alianzas. Prácticamente todos los Estados árabes quieren un acuerdo militar con nosotros (Estados Unidos)", añade el experto.
Como Biddle, Michael O'Hanlon cree muy difícil establecer una balance totalmente negativo de la invasión estadounidense de Irak, en su lucha contra Al Qaida.
"Al Qaida lo usó (como argumento la invasión de Irak) para reclutar. Al Qaida también pagó un costo en la opinión pública por la manera (violenta) en que la red participó de la guerra en Irak. Así que no sé hacia dónde se inclina la balanza", afirma Biddle.
En cuanto a los objetivos estadounidenses de instaurar un gobierno democrático en Irak y de generar un efecto dominó en la región, los expertos siguen sin establecer un balance claro.
Para Ottaway, las elecciones de marzo podrían constituir "una etapa importante en la dirección correcta, no sólo para Irak, sino también para la región".
Biddle estima por su parte que es demasiado temprano para saber si la democracia se arraigará en Irak, pero estima poco probable que ocurra un efecto dominó.
"Imagino que mucho aspirantes demócratas de la región miran Irak y piensan: 'si éste es el resultado, no contarán conmigo'", afirma.
La imagen de Estados Unidos también quedó fuertemente dañada en el mundo con la invasión de 2003, con cientos de miles de manifestantes abucheando a George W. Bush, sobre todo en las capitales europeas.
Aunque siete años más tarde, "las cosas mejoraron mucho" con la elección de Barack Obama y la disminución de la violencia en Irak, observa O'Hanlon.
© ANP/AFP

















