El rey de los belgas, Alberto II, nombró el lunes en la noche como primer ministro al socialista francófono Elio Di Rupo, poniendo fin así a la más prolongada crisis política de Bélgica, convertido en el país que pasó más tiempo sin gobierno en el mundo.
Di Rupo, de 60 años, es el primer francófono en dirigir un gobierno de Bélgica desde hace más de 30 años, y el primer socialista en este cargo desde 1974 en una Europa dominada por los líderes conservadores. Será también uno de los pocos jefes de gobierno en el mundo abiertamente homosexual.
El nuevo jefe del gobierno belga, que sucede al democristiano flamenco Yves Leterme, sus 12 ministros y seis secretarios de Estado prestarán juramento este próximo martes, precisó el comunicado del Palacio Real.
Bélgica, tironeada por reivindicaciones autonomistas flamencas, estaba sin un gobierno de pleno ejercicio desde abril de 2010. Una carencia de duración récord en el mundo.
Las negociaciones, que se llevaban a cabo desde las elecciones del 13 de junio de 2010, es decir más de 18 meses, tropezaron durante mucho tiempo contra las divergencias entre los partidos flamencos, mayoritarios en Bélgica, y los francófonos, a tal punto que llegó a plantearse inclusive el desmembramiento del país.
Elio Di Rupo presentará su declaración de política general ante los diputados el miércoles, lo que le permitirá asistir jueves y viernes a la cumbre de la Unión Europea en Bruselas. La Cámara de diputados debe votar la confianza al nuevo gobierno el sábado.
A la división lingüística del reino se agregó una división política creciente entre el norte flamenco, resueltamente anclado en la derecha, y el sur francohablante en Valonia, que se sitúa en la izquierda.
En el trasfondo de la crisis está el hecho de que los flamencos, 60% de la población, tienen la sensación de pagar por los francohablantes, más pobres y acusados de no hacer los esfuerzos necesarios para mejorar la situación económica.
Fue finalmente la crisis de la deuda en la zona euro que obligó a las dos grandes comunidades a llegar a un acuerdo. La agencia de calificación financiera Standard & Poor's rebajó la nota crediticia de Bélgica obligando a los partidos, que se oponían sobre temas presupuestarios, a hallar un compromiso.
El principal obstáculo fue levantado con un acuerdo sobre el presupuesto federal para reducir el déficit de Bélgica a 2,8% del PIB en 2012 y alcanzar el equilibrio en 2015 y estar en conformidad con la Comisión Europea.
Los cambios no son muchos con respecto al gobierno saliente.
El principal será un traspaso de carteras entre el liberal francófono Didier Reynders, ministro de Finanzas desde 1999, nombrado ministro de Asuntos Exteriores y Europeos, y el actual jefe de la diplomacia, el democristiano flamenco Steven Vanackere, quien reasumirá el ministerio de Finanzas, precisó el comunicado del Palacio.
La única diferencia notable será que los socialistas flamencos, en la oposición hasta el presente, se sumarán en la mayoría a los socialistas francófonos y a los liberales y democristianos, tanto flamencos como francófonos.
Los Verdes y los nacionalistas flamencos permanecerán en la oposición.
Varios ministros claves del último ejecutivo conservarán sus funciones, como la socialista francófona Laurette Onkelinx, confirmada en los Asuntos sociales y en la Salud, o el democristiano flamenco Pieter De Crem, quien fue confirmado en Defensa.
La centrista francófona Joelle Milquet pasará del ministerio del Empleo al del Interior. Otro centrista francófono, Melchior Wathelet, obtiene un secretariado de Estado encargado de la Energía, del Medio Ambiente y de los Transportes.
Los liberales flamencos del Open VLD, el partido más a la derecha del futuro gobierno, tendrán a su cargo la Justicia (Annemie Turtelboom), las políticas del Asilo y la Inmigración (Maggie De Block), así como las Pensiones (Vincent Van Quickenborne).
El futuro gobierno deberá lidiar con la vigilancia de los mercados financieros y la de los nacionalistas flamencos para evitar divisiones que resquebrajen su unidad.
© ANP/AFP

















