Australia se encontrará con un Parlamento sin mayoría, en un periodo de inestabilidad, tras las elecciones legislativas bastante reñidas del sábado que dejan codo a codo a los conservadores y a los laboristas de la primera ministra Julia Gillard, sancionada de esta forma por los votantes.
Julia Gillard, de 48 años, que sucedió en junio a Kevin Rudd en el cargo de primer ministro, decidió convocar estas elecciones anticipadas para aprovechar que los sondeos le eran favorables y afianzar así su mayoría.
Sin embargo, según resultados aún parciales anunciados por el canal público ABC, la oposición conservadora encabezada por Tony Abbott obtenía 73 escaños contra 70 para los laboristas, cuando se necesitan 76 escaños para lograr la mayoría en el Parlamento, que cuenta con 150 diputados.
La propia ex vice-primera ministra del gobierno de Rudd reconoció que los laboristas no lograrían los 76 escaños.
Las proyecciones de ABC darían al final 73 escaños a los conservadores, 72 a los laboristas, 4 a los diputados independientes y un escaño a los Verdes.
"Los electores se expresaron, pero se necesitará algún tiempo para determinar exactamente lo que dijeron", declaró Julia Gillard ante sus seguidores en Melbourne, inspirándose en una frase del ex presidente demócrata estadounidense Bill Clinton.
"Lo que está claro esta noche es que los laboristas han perdido definitivamente la mayoría. Estamos listos para gobernar", declaró por su lado Tony Abbott.
Será la primera vez desde 1940 que Australia no cuente con una mayoría definida en el parlamento. En este caso los laboristas tendrían que aliarse con los ecologistas para formar el gobierno.
"Es posible que sólo tengamos un gobierno dentro de dos semanas", estimó Norman Abjorensen, investigador de la Universidad Australiana.
Julia Gillard aseguró que entretanto seguirá gobernando.
Los dos campos van a lanzarse en grandes maniobras para conseguir el apoyo de los independientes o de los Verdes, pero la coalición que surgirá corre el riesgo de tener problemas para gobernar, según los analistas.
"Es la receta apropiada para mucha inestabilidad e incertidumbre", según Abjorensen.
Los resultados de esta votación constituyen un serio revés para Julia Gillard, cuya popularidad en los sondeos no cesó de caer durante las siete semanas de campaña.
Para su adversario Abbott, esta votación representa "un referéndum contra la ejecución política del primer ministro (Kevin Rudd) por el Partido Laborista.
Julia Gillard parece en efecto pagar la manera brusca e inesperada como apartó a Rudd de la dirección del partido gobernante, en momentos en que este experimentaba un descenso en su popularidad.
Según los analistas, Gillard también se vio perjudicada por sus impopulares declaraciones sobre una tasa a las enormes ganancias mineras, así como por su retroceso en las propuestas para luchar contra el calentamiento climático.
"No tendríamos por qué encontrarnos esta noche en la cuerda floja, no tendríamos por qué haber perdido escaños en todo el país", deploró Maxine McKew, diputada laborista derrotada en Sídney.
"No se puede echar a un jefe laborista y primer ministro y dos meses más tarde obtener semejantes resultado en las elecciones", añadió.
© ANP/AFP

















