La cuenta regresiva de Manuel Zelaya Rosales en Honduras ha comenzado. El 27 de enero, después del mediodía, está previsto que ponga fin a 131 días de encierro en la sede de la embajada de Brasil en Tegucigalpa para iniciar un largo exilio del cual sólo se conoce su primera escala: Santo Domingo, República Dominicana.
Con un salvoconducto en la mano, acompañado de algunos de sus más cercanos colaboradores y bajo la protección del presidente dominicano, Leonel Fernández, el depuesto mandatario saldrá por el aeropuerto Toncontin, grabado en su memoria por los acontecimientos del 5 de julio del año pasado.
Esa mañana-tarde, bajo un sol castigador, más de 200 mil personas marcharon a recibirlo a la vieja terminal aérea. Zelaya intentó aterrizar a bordo de un avión venezolano que en algunos momentos fue interceptado agresivamente por un “Tucano”, un turbohélice de la Fuerza Aérea Hondureña fabricado en Brasil y apto para lucha contrainsurgente.
Zelaya no pudo aterrizar, impedido por centenares de soldados que ocupaban la pista. Mientras su piloto abortaba la maniobra, la muchedumbre intentaba torcer la historia y un joven de apenas 19 años, Isis Obed Murillo, recibió un balazo en la cabeza, disparado por un militar, se asegura que fue un oficial, tirador experto, para convertirse en la primera víctima mortal del golpe de Estado del 28 de junio de 2009.
En el imaginario político popular se afirma que si Zelaya hubiese tocado tierra, en Honduras se habría desatado una rebelión espontánea y el ejército se hubiera dividido.
Lo cierto es que fue el momento pico de la movilización callejera, después la represión del Estado cobró fuerza y el número exacto de víctimas mortales es imposible precisar.
En su "Segundo Informe de Violaciones a Derechos Humanos en el Marco del Golpe de Estado en Honduras", el Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos cita "las ejecuciones confirmadas (muertes violentas y asesinatos) de 21 personas y detalla en un cuadro 4.234 casos de violaciones a derechos humanos”.
Otras organizaciones de derechos humanos registran cifras más altas. En todo caso, ningún reporte establece el daño colateral del golpe, ni su vinculación a oscuros atentados, muertes, divisiones familiares, despidos laborales y exilios.
Un siquiatra hondureño caracterizó la situación como “un trauma nacional del que cuesta reponerse”.
A Zelaya Rosales el 28 de junio la vida se le partió en dos, un antes y un después, y parece condenado a vivir conectando momentos distintos y trasladando su presente al pasado, como en un flash back cinematográfico o literario.
La historia lo persigue desde joven. Tenía 23 años cuando su padre, un terrateniente calcado de un cuento de Juan Rulfo, fue condenado, y luego indultado, por su participación en una terrible masacre de campesinos y sacerdotes.
Con sus antecedentes familiares y su formación escolar en colegios religiosos conservadores, Zelaya parecía más predestinado al anticomunismo febril que al Socialismo del Siglo XXI.
Veterano de 12 campañas electorales, desde sus primeras incursiones políticas en 1980, Zelaya creció entre los políticos de más oficio y llegó a decir a un periodista: “yo le puedo explicar las mil modalidades del fraude”.
Pese al discurso social del último tramo de su mandato, es difícil encajar su protagonismo personal y manejo del poder –autocrático y saltándose las leyes- como distinto a los caudillos populistas del continente. Un ex compañero de estudios de Zelaya recuerda una confesión que le hizo: “me gusta la política porque no tiene límites”.
Con esa hoja de antecedentes, sus críticos no hablan de conversión sino de oportunismo, pero lo cierto es que rompió el molde del político conservador hondureño e intuyó la necesidad del cambio en esta nación donde 65% de la población está atrapada en una juventud sin perspectivas y uno de cada dos habitantes vive con menos de dos dólares al día.
“Yo no soy un hombre que hizo maldad a los empresarios que financiaron el golpe; simplemente advertí que hay demasiadas injusticias en el país y que deben ser atendidas pacíficamente”, dijo, desde la embajada brasileña.
Al final, la suerte de Zelaya ya no estaba en sus manos, sino en la de sus enemigos y de sus amigos. Querido por multitudes, pero abandonado; respaldado por medio mundo, pero sin la solidaridad decisiva; locuaz, pero censurado.
Sus últimos días en la embajada de Brasil son un retrato de su ocaso. Los vivió con sólo nueve personas; José Navas, Edy Guifarro, César Peña, Manuel Hernández, Hilda Cruz, Julio, Rasel, su esposa Xiomara Castro y un activista norteamericano por la paz, Andrés Thomas, veterano de muchos sitios del mundo donde considera que se cometen injusticias.
La mayoría de ellos le eran desconocidos antes de esta crisis y jamás hubiera pensado, por ejemplo, que Hilda Cruz, joven rural veinteañera, terminaría siendo la fotógrafa de su cautiverio.
A Zelaya le tocó vivir una experiencia sin precedentes en América Latina. Muchos presidentes fueron derrocados por “madrugones” militares, incluso asesinados, pero las aventuras que le tocaron al “Comandante vaquero”, como lo bautizó Hugo Chávez, dan para una autobiografía o una novela. Ninguna, por cierto, ha sido escrita.
Es posible que Zelaya estuviera oxigenando un sistema y un bipartidismo político colapsado, pero para muchos fue un halo de renovación en una sociedad estancada y dividida por las desigualdades más denigrantes. Sin embargo, su empeño no tuvo sabiduría en su conducción y tampoco la comprensión de su misma clase política y empresarial que no le perdona el atrevimiento.
El Fiscal General de la República, Luis Alberto Rubí, miembro también de su partido Liberal, resumió hoy la pasta de la que está hecho el pleito: “se podrá ir a la Dominicana si el Poder Ejecutivo le da un salvoconducto, pero ningún proceso judicial en su contra será suspendido; y si vuelve lo metemos a la cárcel para que enfrente los juicios”.
Zelaya espera arreglar sus líos pronto; desde ahora se anuncia que el nuevo presidente Lobo aprobará una amnistía para todos los implicados. Mientras tanto, su peregrinaje apenas comienza, no sólo físico sino histórico. ¿Qué será de Zelaya en el futuro? Es imposible anticiparlo; lo que sí está claro es que aún no escribe su testamento político, y que le sobran seguidores.




























El futuro politico de Manuel Zelaya cada dia se vislumbra mas oscuro,victima de un golpe de estado debido a su violacion a la constitucion el gran error de los golpistas fue echarlo por la fuerza del pais,
por estas acciones Mel Zelaya se convirtio de la noche a la mañana en una luz esperanzadora para sus seguidores,visitando varios paises en busca de apoyo ,tratando de cruzar las fronteras de diversas maneras y haciedndo alardes de una valentia que nunca tuvo Zelaya nunca pudo imaginar que sus dias
enn la tierra que lo vio nacer terminaria encerrado en una embajada latino-americana y olvidado por todos aquellos que lo empujaron a su abismo politico, se habla se refugio en santo domingo y tambien valoran la posibilidad de irse a Mexico,Mexico? por que ? sera por ser el mas cercano a los EUA pais que una vez le dio su apoyo pero despues lo abandono a su suerte reconociendo las elecciones democraticas y el triunfo de Porfiro Lobo, lo mas admirable en toda esta odisea Hondureña es, que aunque el mundo les dio la espalda a ese pequeño y empobrecido pais la mayoria de los Hondureños
apostaron por una nacion libre de influencias extranjeras ,libre de retoricas y chovinismo mediatico,
libre de personeros de la nueva izquierda latinoamericana que en sus propositos de expandir sus nefastas ideas arrastraron a su presidente a un abismo politico que ya esta por dar sus ultimas palabras,
vaya donde vaya Mel Zelaya no sera mas que eso, un presidente frustrado al cual no le permitieron salirse con las suyas, la historia ya lo acojio en su seno ,de el solo eso queda Historia.
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