En los últimos cincuenta años ha surgido una nueva clase de personas en el mundo occidental, sobre todo en Holanda. Este nuevo individuo es obeso, vulgar, rudo y violento. Además es analfabeto y sólo le interesa consumir. Eso es lo que afirma el periodista Henk Hofland en su nuevo libro. ¿Es realmente tan grave?
‘La nueva clase de personas se encuentra en todas partes’, escribe Hofland. ‘Es un individuo más obeso, que habla en voz más alta y más rápido, pero no con más claridad. Levanta el dedo medio, es más propenso a insultar al prójimo y a propinarle un puñetazo en el rostro. Todo el mundo deberá tener en cuenta su presencia sobre la tierra. ¡Respeto!’
‘Platter en dikker’(Más vulgar y más obeso), el libro en el que Henk Hofland y Roel Visser pasan revista a los ‘excesos de la prosperidad’, es calificado también como un ‘doble ensayo’. Hofland es periodista y columnista, fue proclamado ‘periodista del siglo’ y recibió recientemente el PC Hooftprijs, un renombrado premio literario en Holanda.
Su argumentación es completada e ilustrada con fotografías de Roel Visser, un reconocido fotógrafo laureado en tres ocasiones con el premio de la Cámara de Plata. Visser recorrió cafeterías, bares y restaurantes de la playa, centros de primeros auxilios y las Ferias de los Millonarios para capturar ‘inquietantes fotografías’ de la Holanda de hoy.
El show de los fanáticos
Quien ya no resida en Holanda quedará espantado cuando contemple las fotografías de los numerosos tipos de inadaptados sociales que pueblan el suelo patrio. Y quien asuma sin ninguna sospecha que lo que Hofland argumenta es cierto, seguramente llegará a la conclusión de que Holanda está irremediablemente perdida. Porque, aun cuando los autores niegan que su intención sea hacer un juicio sobre el nuevo ser humano señalado por ellos, la forma en que se presentan tanto los argumentos como las fotografías no puede más que provocar un profundo rechazo, como si Holanda fuera hoy un terrorífico espectáculo de fanáticos.
Pero Holanda no es eso en absoluto.
Las fotografías tomadas en la Feria de los Millonarios – un evento considerado por la mayoría de los holandeses como una farándula – deben apoyar la afirmación de que los nuevos ricos, más que nunca, hacen ostentación de sus posesiones. El argumento de que la obesidad es una nueva enfermedad popular viene ilustrado con fotografías de las formas más extremas, raramente encontradas en las escenas callejeras ordinarias. Y la afirmación de que la agresividad y la violencia se han convertido en ‘aspectos normales de la vida diaria’ es demostrada con algunas fotografías – hermosas, eso sí – de hinchas de fútbol y otros juerguistas.
¿Realidad cotidiana?
Las fotos de Visser muestran una imagen de Holanda que no se percibe fácilmente: la fuerza de la serie reside justamente en el carácter excepcional de las imágenes capturadas, pero con ello también impugna la argumentación de Hofland. Este autor cometió el error de generalizar sus experiencias personales: las molestias que le causan los grandes festejos como vecino de la plaza de los Museos, los turistas ingleses que apestan en un tranvía atestado, las pequeñas observaciones personales a las que él atribuye cincuenta años de historia cultural.
En su análisis, Hofland olvida que la mayoría de los holandeses no reside en el centro de Ámsterdam. Y que los medios y el intensivo consumo mediático agrandan los fenómenos excepcionales a tal punto que parece que se tratara de la realidad cotidiana.
De todos modos, quien haya olvidado el aspecto que presenta la playa de Scheveningen en algunas ocasiones, los carteles que se despliegan en Holanda, quien desconozca cuáles son los tatuajes más grandes y más asombrosos y los tipos pintorescos que se pueden encontrar por la calle, podrá contemplar con mucho placer las fotografías de este libro. Sólo recuerden que no es una descripción de la realidad holandesa. Porque ésta es mucho más aburrida.





























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