El Gobierno estadounidense manifiesta preocupación por la violenta criminalidad en México. Entre tanto, los habitantes de Ciudad Juárez han perdido la confianza en las autoridades.
Por Teun Voeten
La violenta criminalidad en México es motivo de preocupación para el gobierno estadounidense. Por esta razón, este mes la ministra norteamericana de Relaciones Exteriores, Hillary Clinton, visitará el país a fin de elaborar un plan para combatir las bandas narcotraficantes. La visita había sido convenida antes del asesinato de empleados del consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez el pasado fin de semana. Pese a que la noticia sacudió al mundo, los mexicanos reaccionan con cinismo. El fotógrafo holandés Teun Voeten informa desde la ciudad más peligrosa del mundo, la cual visita regularmente.
Los habitantes ya no tienen confianza en las autoridades, menos aún tras el incremento de noticias e informes en los que se señala la participación del Ejército y la policía en las violaciones a los derechos humanos.
Desierto
Ciudad Juárez está languideciendo lentamente. Chantajes, secuestros y nuevos ingresos secundarios del crimen organizado han obligado a cerrar muchas empresas. En todas partes se encuentran comercios abandonados, bares y tiendas cerradas. Salvo por motivos de urgencia, después de las siete de la tarde nadie se atreve a salir a la calle. El animado centro de la ciudad, antes visitado por miles de turistas y ciudadanos norteamericanos de la ciudad fronteriza de El Paso, ahora está desierto.
Se calcula que un treinta por ciento de la población se ha marchado de la ciudad, para refugiarse en El Paso, o ha regresado a sus regiones de origen. Esta semana, el Estado de Veracruz anunció que se están tomando medidas para acoger a los emigrantes que decidan volver.
Sangriento asesinato
Pocos días después del sangriento asesinato de ciudadanos norteamericanos, el presidente Calderón visitó la ciudad. “Ya estamos hartos, señor Presidente,” se leía en los titulares de El Diario, la mayor publicación de la región. Las tropas de seguridad mantuvieron alejados del mandatario a decenas de manifestantes que exigían el retiro de las tropas a los gritos de “¡Calderón asesino!”.
No es que el Presidente no sea plenamente consciente de la gravedad de la situación. El problema es que la corrupción está enraizada en la sociedad mexicana. Los ingresos anuales del narcotráfico se calculan en 30 mil millones de dólares, cifra equivalente a una cuarta parte del Producto Bruto Nacional. Mientras tanto, los asesinatos continúan. El mismo fin de semana de la muerte de los norteamericanos cayeron otras 35 víctimas fatales, todos mexicanos. La prensa internacional ya casi no les dedica atención.
“Es triste que haya costado la vida a algunos norteamericanos para que el mundo se entere de lo que ocurre aquí,” dijo uno de los manifestantes al presidente Calderón.




































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