Existe un vínculo directo entre debilidad institucional y conflicto armado. En el año 2003 el mundo fue testigo de 14 guerras, 21 crisis políticas graves y 45 situaciones críticas. Los acontecimientos del 2004 confirman que estas tendencias se mantienen y que la inestabilidad sigue siendo un fenómeno significativo en el sistema internacional. La mayoría de estos problemas ocurre fundamentalmente en unos 50 países que están clasificados como estados frágiles. Si en el pasado las guerras se libraban entre naciones en la actualidad los conflictos se caracterizan por ser interestatales.
Rosa Meneses
Las extremas injusticias sociales, la exclusión de las minorías, y la ausencia del Estado y del imperio de la ley, favorecen la violencia. Estas tensiones internas generan una lucha por el poder político, por los recursos naturales o por el control de un territorio. Un estudio reciente sobre las causas de las guerras modernas indica que los problemas económicos y políticos están en el origen de la mayoría de los conflictos. Las pobres condiciones económicas son la causa más importante para que a largo plazo se generen conflictos dentro de los estados, y los regímenes políticos represivos son otra importante fuente de enfrentamientos e inestabilidad.
El final de la Guerra Fría vino acompañado de un momento de optimismo. Se esperaba que los recursos destinados al gasto militar fueran transferidos al desarrollo, pero la realidad ha sido otra.
Es cierto que el número de conflictos armados en el mundo ha descendido desde 1989, pero las confrontaciones no declaradas y los enfrentamientos armados dentro de los Estados han crecido. También se ha elevado el gasto militar, en particular a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre en EEUU. En contraposición, la ayuda internacional que proveen los 32 países más ricos está en grave desventaja en relación al presupuesto destinado a gastos militares por parte de estas naciones.
Se estima que en el 2005, EEUU dedicó a gastos militares 500.000 millones de dólares, el 5% del PIB. Esto significa que Washington gasta en armas tanto como el resto del mundo en conjunto y en cambio sólo destina 18.000 millones de dólares a la ayuda al desarrollo, ósea el 0,16% de su PIB.
Desde 1992, cuando el entonces secretario general de la ONU Boutros Boutros Ghali elaboró la llamada Agenda para la Paz, se han buscado respuestas a los nuevos tipos de conflictos. Para prevenirlos o para evitar que renazcan se han utilizado estrategias que van desde la diplomacia, la consolidación de la paz, las operaciones de mantenimiento de la paz, hasta la presencia militar y civil en el terreno, y la reconstrucción postbélica.
Las crisis de Macedonia en 1992 y de Guatemala y Estonia en 1993 han sido exhibidas como ejemplo de éxito de las estrategias de prevención de conflictos. El número de intervenciones multilaterales para la prevención de conflictos y el mantenimiento de la paz bajo el mandato de Naciones Unidas ha aumentado desde el fin de la Guerra Fría. Desde 1989 se han llevado a cabo 41 operaciones de la ONU. A finales de 2004 eran 16 las misiones de paz que tenían el mandato de organización.
La comunidad internacional ejerce simultáneamente funciones de estabilización y de ayuda a estados en transición o regiones que quieren independizarse como es el caso de Timor Oriental o Kosovo. Este comportamiento también ha dado lugar a contradicciones , por ejemplo la OTAN intervino en la guerra de Kosovo en 1999, pero los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y los miembros de la OTAN nunca han puesto ningún interés en presionar a Rusia por sus violaciones masivas de los Derechos Humanos en la República de Chechenia, en el Cáucaso. Un conflicto que tiene profundas ramificaciones en la región y cuyas consecuencias violentas continúan hoy.
Independientemente de todo lo anterior, la intervención internacional también tiene límites. Para que una operación internacional de pacificación tenga éxito lo fundamental es contar con el consenso de la comunidad global a través de sus órganos de decisión, como el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero aun así , esto no es garantía que se lograrán sus objetivos.
En Haití en febrero de 2004 el presidente Jean-Bertrand Aristide es expulsado del poder. Las milicias de la oposición amenazaron con un baño de sangre tan solo logren tomar la capital Puerto Príncipe. En los enfrentamientos mueren 300 personas. Estados Unidos y Francia acuerdan en la ONU enviar una fuerza multinacional a la que se unen Brasil, Chile, Argentina, España y Marruecos. Más de dos años después los soldados de la misión de la ONU aún intentan desarmar a los grupos paramilitares y establecer una calma duradera en el frágil país.
Una vez que se dan por finalizados los combates en los estados frágiles comienza un proceso todavía más difícil de reconstrucción. Los estados en este periodo son como un enfermo convaleciente: su debilidad es extrema. Se hace necesario emprender actividades entrelazadas, que van desde la ayuda humanitaria de emergencia hasta la desmilitarización y reinserción de paramilitares, la reforma política o la rehabilitación de la economía. Los objetivos centrales en las situaciones de postguerra son reestablecer la seguridad, el Imperio de la Ley y una economía viable para la mayoría de la población. En este periodo, la paz es muy frágil, y las tensiones pueden estallar de nuevo en cualquier momento. El riesgo de retorno a la crisis es muy alto. Se calcula que en los primeros cinco años desde que acaba un conflicto existen altas posibilidades de resurja. El trabajo de reconstrucción es lento y sus frutos tardan en madurar. Las graves dificultades pueden provocar el colapso del proceso.
Otra de las cuestiones cruciales es la devolución de la legitimidad a las instituciones del estado. Esto puede hacerse bajo supervisión internacional, por medio de autoridades de transición , o a través de un proceso de transición institucional, poniendo en marcha mecanismos de justicia transicional y la elaboración de una nueva constitución y celebración de elecciones.
En ocasiones las recetas no funcionan. Es lo que ha sucedido en Somalia o como se está viendo en Irak. Estos ejemplos demuestran que la celebración de elecciones no significa la entrada automática a la democracia.
En Somalia el estado colapsó en 1991 cuando fue derrocado el régimen de Siad Barré y el país quedó a merced de los señores de la guerra. Desde entonces es considerado un estado frágil sin infraestructuras ni autoridad política clara. En octubre de 2004 se logró acordar un Gobierno de transición que incluía a viejos líderes guerrilleros para intentar la reconciliación y la reconstrucción del país. Pero los esfuerzos fueron en vano: el Gobierno era débil y operaba desde el exilio debido a la inseguridad. Las tenues esperanzas se vinieron pronto abajo cuando en febrero de 2006 se desataron violentos enfrentamientos que culminaron 4 meses después con la toma de la capital por parte de los tribunales islámicos que impusieron la sharia. Los señores de la guerra abandonaron entonces Mogadiscio y Somalia volvió a hundirse en un abismo de violencia y caos.
En el caso de Irak el proceso transicional impuesto por Estados Unidos tras la invasión en 2003 contra el régimen de Sadam Husein ha provocado la fragmentación y el enfrentamiento entre las comunidades chií, kurda y suní. La violencia ha recrudecido y sitúa al país al borde de la guerra civil. La intervención estadounidense ha provocado una imparable insurgencia que hace imposible la vuelta a la normalidad en el país árabe , a pesar de haberse celebrado elecciones.
Los Estados Frágiles que han sufrido la guerra nunca volverán a ser los mismos. Los procesos vividos durante décadas han modificado sus estructuras sociales y productivas, se han alterado para siempre las relaciones entre comunidades, el funcionamiento del poder, las infraestructuras, la economía y su incorporación al mercado global.
La reconstrucción que sigue a una guerra o al caos institucional requerirá tiempo y un firme compromiso de los actores internacionales para poder alcanzar la gobernabilidad, restaurar la seguridad y la justicia y fomentar el empleo. El binomio Paz y Desarrollo adquiere un significado vital para estos países para no recaer en el caos.
Participan en este programa:
Jesús Núñez, Co Director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria con sede en Madrid, España.
Francisco Rojas Aravena, Secretario General de FLACSO, San José , Costa Rica
Mariano Aguirre, Co director de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), con sede en Madrid, España
Adam Isacson, Director del Programa de Desmilitarización de América Latina del Centro para las Políticas Internacionales con sede en Washington, EE. UU.
Juan Méndez, es el Director del Centro Internacional para la Justicia Transicional, con sede en Nueva York. EEUU.

























Enviar nuevo comentario