En octubre de 2005 el ciclón Stan devasta Guatemala. Más de 3.000 muertos y 120.000 damnificados. En el otro lado del planeta, en Pakistán un terremoto asola el país y deja más de 20.000 fallecidos. En diciembre de 2004 un Tsunami arrasa las costas del Pacífico, el saldo es de 230.000 muertos. En el 2003 un terremoto destruye la ciudad iraní de Bam: 26.000 muertos. El mes de octubre del año 1998 fue el mes en el que el huracán Mitch barrio Centroamérica, el saldo: 20.000 muertos.
Rosa Meneses
Algunos Estados institucionalmente débiles no sólo tienen que enfrentarse a los estragos de las guerras y las injusticias provocadas por la mano del hombre, sino también a la vulnerabilidad de los desafíos de la naturaleza. Las hambrunas, los terremotos y los huracanes devastan en un tiempo mínimo a países con problemas estructurales. Sus débiles instituciones son incapaces ya que no tienen los recursos o carecen de voluntad política de prevenir la situación y una vez ocurrida la catástrofe no pueden hacer frente a ella. Las pérdidas humanas y económicas son un nuevo lastre para el desarrollo del país y les obliga a volver a empezar y a depender aún más de la ayuda internacional.
A veces como en el caso de Centroamérica la reconstrucción de las infraestructuras no acaba nunca. Después del Mitch la nueva catástrofe del ciclón Stan que asoló a México, El Salvador y, en mayor medida, Guatemala, ha vuelto a destruir lo que se había recuperado tras años de trabajo.
Un Estado con instituciones frágiles puede verse en una situación límite cuando además resulta afectado por una catástrofe natural o una hambruna. Sin ser estados frágiles, algunos países pueden responder de forma inadecuada a catástrofes. La descentralización burocrática, la falta de previsión y de inversiones para disminuir el impacto de catástrofes naturales y la privatización de los servicios fueron las principales causas del fuerte impacto social que tuvo el huracán Katrina en Estados Unidos en septiembre de 2005. De este modo una catástrofe de gran magnitud puede provocar el colapso hasta en la nación más poderosa del mundo.
El Katrina causó 1.200 muertos y más de un millón de desplazados en Nueva Orleans y sus alrededores. Puso al descubierto la debilidad de sus instituciones en situaciones de emergencia y desveló las desigualdades sociales y la discriminación a la comunidad negra. Confirmó además la precariedad de su sistema de seguridad social.
Mientras huracanes han devastado el continente americano y continúa la reconstrucción en el sureste asiático después de la tragedia del tsunami, suceden otras catástrofes silenciosas: las hambrunas y las pandemias se cobran miles de vidas cada día en el mundo y la comunidad internacional reacciona con indiferencia ante estos problemas. Frente a la rápida respuesta ante el tsunami y otras emergencias, las víctimas del hambre y de enfermedades como el SIDA sufren a diario el olvido.
El responsable de la coordinación de la ayuda humanitaria de la ONU, Jan Egeland, ha denunciado esta actitud: "Es lamentable esta situación en la que una comunidad de 30 o 40 naciones muy prósperas no quieren o no son capaces de alimentar a los niños del mundo. 300.000 niños mueren cada día por enfermedades que se pueden prevenir. Ustedes saben que en África esto es como un tsunami cada semana".
El hambre y las pandemias son un terremoto diario. Sólo en el continente africano cada día mueren de hambre 25.000 personas. El virus del Sida también causa estragos de gran envergadura. En el año 2000 todas las guerras en África se cobraron 200.000 vidas, mientras que los muertos por el SIDA ascienden a dos millones.
La pobreza lo inunda todo: más de 300 millones de habitantes de la región subsahariana viven con menos de un dólar al día. En África existe la menor esperanza de vida y porcentualmente el mayor número de personas con hambre crónica.
También América Latina sufre esta catástrofe silenciosa. 54 millones de personas padecen hambre en el sub continente , el 40% de los latinoamericanos viven bajo el umbral de pobreza, se trata de la región con las mayores desigualdades socioeconómicas del mundo.
Jean Ziegler, sociólogo suizo autor de varios libros sobre el Tercer Mundo y desde el año 2000, relator especial para el Derecho Alimentario de la ONU, dibuja el mapa del hambre:
Es cierto que cuando una gran parte de la población esta subalimentada, aparte del dolor personal, del sufrimiento, el drama personal que significa la subalimentación y el hambre para las familias, del dolor fisiológico y la angustia psicológica, económicamente para muchos países del Tercer Mundo donde una amplia mayoría está hambrienta, el desarrollo económico no puede realizarse por el simple hecho de que la gente no tiene la fuerza suficiente para trabajar en sus campos, de trabajar en las fábricas. En conclusión, no tienen fisiológicamente la capacidad de suministrar el esfuerzo necesario para desarrollar la producción.
Las cifras se encuentran detalladas en mi libro "El Imperio de la Vergüenza", 100 mil personas mueren de hambre todos los días o de sus consecuencias inmediatas; el año pasado, cada cinco segundos moría un niño de 10 años, y 856 millones de personas, o lo que es igual uno de cada seis en el planeta, ha estado grave y permanentemente subalimentado. Y las cifras aumentan porque en 2004, el número de subalimentados crónicamente graves, era de 842 millones de personas. Esto refleja que en un año cerca de 12 millones más han caído en la categoría de personas, que están permanentemente subalimentadas, lo que quiere decir que han quedado invalidados por el hambre, que carecen de la fuerza y la capacidad para llevar adelante una vida de trabajo, familiar, sexual, escolar, normal.
El hambre asola especialmente a los Estados frágiles que sufren una situación de conflicto armado o que están saliendo de ella, pero también es un arma de guerra que se usa en todo el mundo.
En Octubre de 1996 se desata la Guerra civil en Liberia. Las tropas del señor de la guerra Charles Taylor asedian la población de Tubmanburg provocando la muerte por inanición de miles de personas.
A finales de los 90 la guerra civil azota Sudán. El Ejército de Jartum ataca y dispara contra los aviones de ayuda humanitaria que intentan llegar a la población de las regiones del sur y el centro del país. Los ataques se cobran la vida de varios trabajadores de organizaciones no gubernamentales e imposibilitan la llegada de alimentos y medicinas a los necesitados.
Entre 1992 y 1995 somos testigos de la Guerra de Yugoslavia. Las fuerzas serbias rodean la ciudad de Sarajevo. El presidente serbio Slobodan Milosevic utiliza el bloqueo alimentario para intentar someter a la población de la ciudad.
En el 2005 los piratas somalíes secuestran continuamente los barcos con ayuda alimentaria de la ONU destinada a la población civil y reclaman rescates muy elevados con los que rearmarse.
Jean Ziegler explica cómo el hambre puede ser utilizado como arma de guerra en algunos Estados frágiles: La Cuarta Convención de Ginebra sobre Derecho Humanitario Internacional prohíbe el uso de la privación de alimentos y de agua como arma de guerra. Por ejemplo, las fuerzas de ocupación norteamericanas e inglesas en Irak utilizan corrientemente el corte de agua y la privación de alimentos como arma de guerra. Tomo de ejemplo las grandes operaciones militares del año 2005, las dos batallas de Falluja, la batalla de Dalafar, en el norte, estas grandes ciudades de Irak estuvieron cercadas por el ejército norteamericano; Falluja, la segunda vez durante dos días, Dalafar durante 15 días, rodeadas por el ejército norteamericano que impidió que incluso los camiones de la Cruz Roja entrasen para alimentar a la población. Quisiera llamar la atención al hecho de que Falluja es una ciudad mucho más grande que Zurich, con 500 mil habitantes. Lo hicieron con el objetivo de que la población saliese a fin de poder bombardear la ciudad y destruir los focos de resistencia armada que allí se encontraban. Es algo que he denunciado en mi informe ante la Comisión de Derechos Humanos durante la sexagésima primera sesión. La Cruz Roja Internacional también ha protestado contra esa práctica, pero sigue siendo aplicada en la ocupada Irak.
Las catástrofes naturales, las inundaciones, las sequías y otras muchas calamidades debidas al clima son en algunos casos las responsables de la hambruna en vastas regiones de África, Asia y América. La destrucción a gran escala de los ecosistemas del planeta puede estar en el origen del cambio climático que causa desertificación, graves sequías y catástrofes de gran magnitud como huracanes y tsunamis. La destrucción de las selvas vírgenes de Malasia, el Congo o la Amazonía tiene consecuencias desastrosas para la población de la Tierra.
Si se hace un viaje en helicóptero por la Amazonía, recorriéndola en el tiempo y en el espacio, se comprueba que desde 1972 hasta nuestros días han sido destruidos más de 530.000 kilómetros cuadrados de selva, casi el equivalente a la superficie de Francia. Se trata de una gran herida en el pulmón del planeta que afectará a la población mundial.
La desertificación avanza inexorablemente en el mundo, privando de tierras fértiles y de alimentos a millones de personas. Se contabilizan ya los denominados refugiados que se han producido por causas ambientales, incluyendo guerras por recursos naturales. Naciones Unidas calcula que en 2010 habrá 50 millones de refugiados ecológicos en el mundo, huyendo del deterioro del medio ambiente. Un reciente informe confirma que los refugiados víctimas de las catástrofes naturales en el último año supera a los desplazados por las guerras. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) sólo considera como "refugiado" a aquellas personas que abandonan sus países como consecuencia de persecuciones en razón de su raza, religión u opiniones políticas. Los especialistas reclaman una nueva definición que incluya a las víctimas de las catástrofes naturales. Ziegler pone rostro a esta nueva categoría de refugiados: son muy numerosos, y en segundo término no tienen ningún tipo de derechos.
No están ni previstos ni recogidos en ninguna disposición del derecho internacional. Los refugiados ecológicos son aproximadamente dos millones de personas en todo el mundo. Son personas que, por razones ecológicas, como la destrucción del ecosistema, han perdido todos los medios de subsistencia. Y tomo como ejemplo la situación en África. En África, el Sahara en su franja del Sahel, progresa en algunos lugares por lo menos 10 kilómetros por año. Ello significa que la tierra saheliana deviene polvorienta, arenosa, tan seca e impenetrable que ninguna producción, ningún cultivo es posible. Y se da el caso de que poblados enteros se encuentran impedidos de sembrar, de cosechar, tienen que abandonar sus tierras. Una vez mas el ecosistema ha sido destruido por razones ecológicas, y los sobrevivientes se unen a los "bidonville" que hoy en día rodean como una inmensa masa de miseria a la mayor parte de las metrópolis africanas. Me refiero nuevamente a Dakar, la mayor ciudad del África Occidental. Pues bien, cada año nacen dos nuevas barriadas marginales que abrigan en condiciones extremadamente precarias a los refugiados ecológicos. Lo que es grave es que los refugiados políticos, raciales o religiosos gozan de protección, por la Convención de 1961 de la ONU está contemplado el derecho al asilo, ir a instalarse en otro país en condiciones humanas. Ahora bien, no existe ninguna convención de la ONU o de otra entidad interestatal que proteja a los refugiados ecológicos. Existe una instancia de Naciones Unidas, la Convención contra la Desertificación, que fue adoptada en Rio de Janeiro en 1992 durante la Cumbre de la Tierra. Su secretariado general tiene su sede en Bonn, dirigido por Arbar Diallo, un político de Burkina Fasso, antiguo Ministro de Relaciones Exteriores del presidente Sankara. Y ese secretariado, a través de diversos programas, como la plantación de cortinas de árboles, etc, intenta parar el viento que reseca las tierras y las destruye, trata, valientemente, de luchar contra la desertificación en numerosos lugares del planeta, pero desafortunadamente con medios totalmente insuficientes. Sin embargo usted tiene toda la razón. El drama tan ampliamente ignorado de los refugiados ecológicos, -no solo por el derecho sino también en la obtención de fondos- , es un drama que debe ser resuelto.
Yo digo que hay enormes movimientos de poblaciones, de refugiados, que han perdido todo a causa de la destrucción del ecosistema. La desertificación de tierras sahelianas, es uno de los ejemplos, pero también están los casos de Guatemala, El Salvador, Honduras, los damnificados del huracán Mitch, uno de los mas devastadores de los últimos años y que todavía no han sido asistidos completamente, son igualmente refugiados ecológicos.
Los sucesos de Guatemala, Haití, República Dominicana, Etiopía, Sudán, etc demuestran que la mayoría de las emergencias humanitarias se producen en Estados frágiles.

























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