La fiebre del Campeonato Mundial de Fútbol ha llegado también a Bahía de Guantánamo. Adonde quiera que uno vaya en la base, los comedores, los espacios de recreo, todo gira en torno al fútbol. Siempre pensé que los estadounidenses detestaban este deporte, pero quizás se trate de un contagio multicultural con los detenidos.
El área de recreao del Campamento 4 se ve desierta: los detenidos están todos en el interior, mirando el partido. Nos encontramos en una de las torres de guardia y tenemos una visión panorámica, pero la única señal de vida que apreciamos es la ropa tendida al sol, los uniformes blancos y café que usan casi todos los internos. ¿Qué? ¿Ningún uniforme naranja? Aunque parezca absurdo, me siento algo decepcionado. Algo así como llegar a Amsterdam y ver que nadie anda en bicicleta. Lo que sucede es que hoy en día en Guantánamo los uniformes color naranja los llevan solamente los detenidos aislados en las zonas de alta seguridad.
El Campamento 4 es de seguridad mínima y está dividido en 5 bloques. Uno es una sala de clases y en los otros se alojan entre 5 y 20 hombres por unidad. No se entregan cifras exactas pero en todo el campamento hay menos de 75 detenidos. Cada bloque tiene 2 espacios de vivienda y una pequeña zona de recreo al aire libre, a la que los internos tienen acceso 20 horas diarias.
Desde aquí se pueden ver cuencos de frutas y batidoras de jugo en las mesas al aire libre, algunos aparatos para hacer ejercicios y un cajón con esteras para la oración al aire libre. La comida llega a los bloques en porciones comunales y los hombres se atienden a sí mismos. Comen tres veces al día – todos los alimentos son halal, es decir acordes con los preceptos musulmanes – y pueden elegir entre dieta regular, vegetariana, alta en fibras y blanda.
Los bloques comparten además el amplio patio de recreo, en el centro del campamento, donde se puede jugar al fútbol o baloncesto. “Se pueden ver partidos de fútbol realmente buenos”, dice el sargento que nos muestra las instalaciones. “Además se gasta un montón de balones. Si alguien patea con mala puntería el balón va a dar a las alambradas y revienta”. Nada extraño, contando con que toda la cancha está rodeada de enormes rollos de alambres de púas. Pero, si miras hacia el otro lado, no ves otra cosa que el inmenso mar azul. Cuesta acostumbrarse a esta mezcla de mar y alambradas. También se pueden ver iguanas en toda el área y todo el mundo las cuida, especialmente quienes conducen vehículos: son una especie en peligro de extinción en la isla y matar a una cuesta 10 mil dólares de multa.
Todos los bloques tienen una estructura social autodesignada que incluye un líder, un portavoz, un encargado de llamar a la oración, etc. El portavoz recoge los reclamos y solicitudes y las hace llegar a la comandancia, mientras que el líder resuelve las disputas internas y toma decisiones que afectan a todo el bloque, por ejemplo tener o no televisión y, en caso favorable, qué canal ver. Muchos de los internos rechazan la televisión, probablemente por motivos religiosos. “Hay una buena línea de mando en las dos partes”, dice el sargento.
Cualquier interno que muestre mal comportamiento en el Campamento 4 – abuso verbal o físico de un guardia, o desobediencia – puede ser enviado al Campamento 5, donde rige otra disciplina. “Es elección de cada uno, dónde prefiere estar”, dice el oficial a cargo del Campamento 5.
Los campamentos
El Campamento 5 es la zona de máxima seguridad del Campamento Delta. Delta comprende los campamentos del 1 al 6, la biblioteca y el hospital. “Con máxima seguridad quiero decir la capacidad de los detenidos para cumplir con las reglas del Campamento Delta”, explica el oficial a cargo. “No tiene nada que ver con las razones por las que están aquí en Bahía de Guantánamo”. Los detenidos calificados de “alto valor” se encuentran en el Campamento 7, pero eso es todo lo que se nos informa. La cantidad de ellos y su ubicación dentro de la base es información clasificada.
El Campamento 5 es el de régimen más estricto y los prisioneros viven en celdas que son controladas cada 3 minutos. El edificio fue transportado a Guantánamo en piezas y reconstruido “como un juego de Lego”. De lo que hemos visto, es lo más parecido a una prisión, a excepción de la limpieza. Me ha tocado estar en varias cárceles en Estados Unidos y Gran Bretaña – como visitante, valga agregar – y siempre he percibido algo de suciedad, como resultado inevitable de la convivencia de muchas personas en un espacio reducido.
En Guatánamo hay menos de 200 detenidos en instalaciones diseñadas para acoger a un número mucho mayor. Los edificios son de construcción reciente y los internos mantienen sus celdas impecables. “Son meticulosamente limpios”, nos dice uno de nuestros guías.
El Campamento 5 tiene un control central y 4 áreas de vivienda que contienen cada una entre 12 y 14 celdas. Actualmente el campamento no está completamente habitado, pero una vez más se nos niegan las cifras exactas. Las celdas son pequeñas, con litera, lavamanos, toilet, espejo y ventana. Hay iluminación permanente 12 horas al día, pero los detenidos reciben antifaces de manera que pueden dormir a las horas que lo deseen. Cuentan también con sábanas y mantas, hasta 6 libros de la biblioteca, esterilla para orar, rosario, bonete y un calendario mensual de oración. Los detenidos en la zona de disciplina visten uniforme naranja: el resto va de color café.
Los internos acogidos al “estatus de sumiso” pueden acudir a la sala de cine – una celda donde hay un gran aparato de TV y butacas de apariencia cómoda - 3 horas a la semana. Mientras están allí permanecen encadenados al suelo por una pierna. Todos tienen derecho a salir al patio de recreo, pero la cantidad de horas y de contacto con otros internos depende de de su comportamiento. La mayoría sólo permanece en el Campamento 5 un par de semanas, pero todo depende de su conducta: algunos se quedan incluso un par de meses, nos informa el oficial a cargo.
El Campamento 6 está justo al lado. Mientras cruzamos la reja de entrada vemos una camioneta blanca con sus puertas traseras abiertas, esperando junto al edificio principal. Está por salir uno de los detenidos y debemos desviarnos un poco. Absolutamente prohibido filmar o grabar. Mientras pasamos puedo ver el interior de la camioneta, sus puertas de hierro reforzado, como una caja fuerte.
Esperamos en un esquina hasta que los guardias sacan a un hombre de uniforme blanco y larga barba. Es la primera vez que veo a un detenido. Debe tener unos 40 años, supongo, quizás algo menos, y se comporta de manera absolutamente pasiva. No coopera con los guardias ni se resiste. Lo suben a la camioneta, parten y nosotros podemos comenzar nuestra visita.
El Campamento 6 es de regimen más abierto que el 5, pero no tanto como el 4. Los internos comen juntos, pero a diferencia del Campamento 4 viven en celdas. Podemos ver algunas zonas comunitarias: una sala de clases con 20 asientos, de los cuales hoy sólo hay 4 ocupados. El oficial nos explica que los demás están viendo el partido de fútbol. Los detenidos están leyendo, con una de sus piernas atada al suelo. Es incómodo y me siento un intruso, mirándolos sin que ellos me puedan ver a través de los cristales. Dan la misma impresión de un recluso en cualquier lugar del mundo: aburridos y resignados.
Las clases que pueden seguir incluyen inglés, arte y materias como administración financiera, cómo escribir un CV, salud y nutrición, etc. “Reciben conocimientos básicos para su reinserción social”, explica el encargado. Pasamos también por un área comunal donde se ve a una decena de hombres con audífonos, la mirada fija en el televisor: sí, están absortos en el partido.
Mientras hacemos nuestro recorrido, en una de las otras áreas algunos detenidos están conversando con representantes de la Cruz Roja. “Están bajo observación de nuestros guardias, pero eso es necesario para la seguridad de la Cruz Roja. Intentamos darles el máximo de privacidad posible”, dice nuestro guía.
En la próxima zona vemos una construcción en marcha. Están poniendo aislamiento de sonido en las celdas y modificándolas para que alberguen a un interno en lugar de dos. Pregunto porqué están haciendo arreglos en una prisión que el presidente Obama quiere cerrar lo más pronto posible. El oficial a cargo explica que por ahora no hay fecha de cierre y que no cree “que vaya a suceder dentro de poco”. En su opinión todavía no se encuentra una solución para compensar el cierre de Guantánamo.
La orden de cierre de la prisión está a la vista en todos los patios de recreo, junto al Artículo 3 de la Conveción de Ginebra y noticias sobre detenidos que fueron puestos en libertad. El oficial a cargo del Campamento 5 dice que los internos se pusieron contentos cuando supieron que se cerraría Guantánamo, pero a la vez la noticia produjo inquietud. “No saben qué pasará después, adónde irán, y eso los preocupa bastante”.
De vuelta hacia la entrada principal debemos esperar ante una de las innumerables puertas de seguridad. “Como pueden ver es más fácil entrar que salir”, bromea el encargado del Campamento 6. Sus palabras no solamente hablan de nuestra situación. Tal como lo está comprobando Barack Obama, fue más fácil abrir la prisión de Guantánamo que cerrarla definitivamente.



























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