Dos hechos capitales ponen nuevamente a Zelaya en primera plana de la atención local e internacional. Su ingreso al país ha sido posible sólo si se acepta el creciente apoyo del presidente destituido en junio de este año y enviado en ropas menores a San José de Costa Rica. La complicidad de los suyos allanó el camino de la llegada clandestina a la embajada del Brasil. El otro suceso es la postura brasileña, empeñada en perfilarse como una potencia regional que actúa con marcada independencia y ascendencia sobre los países latinoamericanos, no solamente de América del Sur sino también de Centroamérica, como es en este caso de Honduras.
Beatriz Díez y José Zepeda hablan en el vídeo sobre el caso Zelaya:
Zelaya llamó la madrugada del martes a los hondureños a ir a la capital, Tegucigalpa, a presionar al régimen que debe "ceder" y restaurar la "constitucionalidad". No será fácil, Micheletti tiene todavía el apoyo incondicional del sector oligárquico del país, y de numerosos empresarios de la región. Sin embargo, la presencia de Zelaya en territorio hondureño deslegitima el intento de realizar elecciones para resolver la crisis. ¿Qué grado de legitimidad puede tener un acto electoral con el presidente del país refugiado en una sede diplomática.
La presidencia de la Unión Europea (UE) llamó este martes a una solución negociada en Honduras y en particular a las partes a evitar toda violencia después del sorpresivo regreso del derrocado presidente Manuel Zelaya el lunes. La postura de la Unión Europea ha sido considerada tibia y ambigua por la gente de Zelaya. Si bien hay que reconocer, dicen, que se han tomado algunas medidas económicas y apoyado a la Organización de Estados Americanos, OEA, no es menos verdad que se ha evitado hablar de golpe de estado, y se le ha permitido al gobierno de facto seguir negociando en Bruselas el tratado de Asociación biregional. Peligroso camino para una potencia, eminentemente pacífica, que durante las décadas de los 70 y 80 fue bandera de libertad y de democracia en istmo centroamericano.
Más clara se perfila ahora la posición de los Estados Unidos, preocupado de dos cosas: salvar la democracia hondureña e impedir que el gobierno se transforme en un aliado incondicional de Hugo Chávez. Hillary Clinton dijo, desde Nueva York junto con Oscar Arias que ahora que el presidente Zelaya volvió, sería oportuno devolverle su puesto" y "seguir adelante con las elecciones previstas para noviembre, tener una transición pacífica de presidentes y devolver a Honduras el orden democrático y constitucional".
Probablemente ha vuelto la hora de la OEA, y su Secretario General José Miguel Insulza podría jugar el papel de moderador de un diálogo necesario entre las partes para resolver la crisis. En cualquier caso el impasse ha terminado y el caso ha vuelto a ser motivo de atención y preocupación internacional.





























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