Cerrar las heridas del pasado es una asignatura que en Uruguay, como en otros países vecinos, sigue pendiente. Para reconciliar a la sociedad, hay que buscar las cosas que les une y eso, por ahora, parece algo casi imposible.
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Pese a los esfuerzos del presidente Tabaré Vázquez, la reconciliación nacional ha tenido una pobre convocatoria en Uruguay. Él ha llamado a cerrar las heridas del pasado. Carlos Montero, colaborador de Radio Nederland y seguidor del tema apunta que "Vázquez ha hablado del ‘Nunca Más' orientales contra orientales, es decir, uruguayos contra uruguayos, y su propio partido, su propia coalición de partido, el Frente Amplio, en mayoría lo desautorizó".
"Tal vez haya que preguntar primero quiénes se tienen que reconciliar. No existe la reconciliación simplemente como un fenómeno social" y segundo, "qué es lo que hay que conciliar", señala Javier Miranda, hijo del escribano desaparecido Fernando Miranda, cuyos restos aparecieron en el año 2006.
Despejar las incógnitas
María Ester Gatti de Islas, abuela de Mariana Zaffaroni, es unos de los casos emblemáticos de desaparición de niños en Uruguay. Gatti considera imprescindible "despejar un montón de incógnitas que hay, y entonces, cuando todo eso esté logrado, podemos empezar a hablar de reconciliación; no sé si perdonar porque son imperdonables todas las barbaridades que han hecho... en la época de la dictadura se portaron como cerdos salvajes".
Javier Miranda, quien también es miembro del grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, ensalza la enorme capacidad de no venganza de las víctimas, de la negación a la justicia por mano propia. "Las víctimas han tenido una enorme capacidad de comprensión, de buscar todos los caminos jurídicos y políticos para que se hiciera justicia, para que se supiera la verdad, para que se construyera la memoria colectiva", afirma Miranda.
No es que haya revanchismo, pero es evidente que todavía no hay reconciliación entre los uruguayos. En todo caso, hay que continuar con el esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura y el enjuiciamiento de los responsables. Ése es el aporte que puede dar la sociedad. Mostrar una mirada con un horizonte más amplio, que haya una justicia sin venganza, que se rescate una memoria sin tabúes.
La búsqueda de la verdad
El articulista del diario La República, Roger Rodríguez, pone de ejemplo una de sus investigaciones periodísticas. Cuenta a Radio Nederland lo difícil que resultó sacarle información a uno de los victimarios. "La diferencia entre vos y yo es que hace ocho horas yo te estoy preguntando para que me digas algo que vos a mi me hubieras sacado en cinco minutos de picana eléctrica. Ahí se hizo un pequeño silencio y el tipo cambió, empezó a colaborar". Ese informante, ese torturador _dice_ es el que ayudó a que Sara Méndez hoy pueda estar con su hijo Simón Riquelo, que durante veintiséis años estuvo en manos de una familia apropiadora en Argentina.
Con el aporte de este represor, cuya identidad el periodista prometió no revelar, salieron a la luz los crímenes de lesa humanidad cometidos a la sombra de la Operación Cóndor. "Y ese informante -cuenta Roger- fue el que permitió que supiéramos que veintitantas personas que pensábamos que estaban desaparecidas en Argentina, en realidad habían sido trasladas en un vuelo de la Fuerza Aérea y fueron ejecutadas masivamente n el Uruguay, y sus tumbas todavía no han aparecido".
Las vivencias de Roger Rodríguez en la investigación dejan claro que no puede haber ‘Nunca Más' hasta que no se conozca toda la verdad de lo ocurrido durante la dictadura y se haga justicia. El periodista cree que no puede hablar de reconciliación mientras persista el silencio. "Las Fuerzas Armadas no quieren reconocer que fueron el aparato represivo de un terrorismo de Estado", precisa Rodríguez.
Confesiones de un general
El general retirado Oscar Pereira, confiesa no haber cometido ningún acto de barbarie mientras estuvo al servicio de las Fuerzas Armadas en esa época de terror, aunque admite su responsabilidad moral de haber avalado esa situación.
"Ésa es la perversidad que arrastramos no sólo los militares, sino muchos uruguayos que aceptaron una situación que llevó a su instancia final a crear la figura que nos degrada como sociedad, que es la figura del detenido-desparecido", señala el autor de ‘Recuerdos de un Soldado Oriental del Uruguay', libro en el que aparece el primer reconocimiento público de un militar de alto grado con respecto a las aberraciones cometidas por las fuerzas armadas durante la dictadura.
Pereira cree que los comandantes de las Fuerzas Armadas deben pedir perdón a la sociedad. "Eso es una reparación ética institucional que le debemos las Fuerzas a Armadas a toda la ciudadanía", apunta el general en retiro y aclara: "No estoy diciendo que deban ser perdonadas, estoy diciendo que deben pedir perdón, que es distinto, como gesto, como voluntad de tratar de cambiar hacia el futuro".
"Yo no sé si bastaría, pero sería muy importante que tuvieran ese gesto", expresa convencida la luchadora por los derechos humanos, María Ester Gatti de Islas. "Con pedir perdón no basta; hay que hacer obra" (...) "Que empleen todo el dinero que tienen, todas sus fuerzas humanas en hacer más escuelas, más hospitales, más vida cultural para la gente. Entonces, ahí se podría empezar las reconciliaciones entre ambos sectores", sugiere finalmente la señora Gatti.





























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