Esta semana se discutirá en el seno de las Naciones Unidas (ONU) la presencia de esta institución en Haití. A cinco años de la instalación de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (MINUSTAH) en el país caribeño, varias metas se han alcanzado. Sin embargo se imponen cambios.
Escuche la entrevista a Profesor de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella ,Juan Gabriel Tokatlián.
La MINUSTAH se instaló en Haití a mediados de 2004, y en la actualidad está constituida por más de 9.000 efectivos, entre fuerzas militares y policiales, y con apoyo de más de 500 funcionarios internacionales y voluntarios.Según el Profesor de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, Juan Gabriel Tokatlián, después de cinco años y ante evidencias cotejadas en informes, se imponen ahora cambios y un nuevo sentido a la misión, “que la OEA brinde un soporte más en términos de orden público que de seguridad estratégica internacional”.
Anna Karina Rosales: ¿Por qué se impone un cambio drástico de la misión de la ONU en Haití?
Juan Grabriel Tokatlián: En primer lugar hay un factor de tiempo. La misión en Haití lleva cinco años de existencia desde el año 2004, y hay un conjunto de factores que han cambiado o se han transformado de manera bastante radical. Ha habido un proceso eleccionario, hay un gobierno legítimamente electo, se han resuelto algunos de los problemas políticos iniciales. Las tensiones y dificultades obviamente continúan pero, en realidad, Haití no puede ser vista como un caso en el cual la seguridad y la paz internacional hoy estén en juego, como sí posiblemente lo estuvieron en el año 2004. Entonces hay una serie de cambios reales en el país. En segundo lugar, me parece que hay una evidencia en el terreno, a raíz de diferentes informes, trabajos e investigaciones, que el componente latinoamericano de la misión en Haití ha hecho un trabajo muy fecundo, muy positivo y ha sido muy bien recibido en general por la población haitiana. En consecuencia, posiblemente no se necesiten tantos elementos, fuerzas contingentes de otras regiones, sino que la propia área de América Latina se apropie y le dé sentido a la tarea en Haití. En tercer lugar, yo diría que hay un ámbito que se ha vuelto cada vez más natural, y que es retornar a las regiones para resolver estas cuestiones. Y probablemente hoy la OEA esté mucho más madura, esté mucho más recursiva y sea un ámbito mucho más específico para seguir ahora, no resolviendo el problema de la paz o de la seguridad, sino manteniendo la paz y la seguridad en Haití.
AKR: Se temía que el caso Haitiano fuera foco de tensiones entre Washington y Caracas. ¿A qué atribuye que no se haya materializado este temor, es justamente por la participación de los países latinoamericanos que me comenta?
JGT: Ése fue un factor muy moderador y muy positivo, y me parece que tuvimos acá una experiencia bastante inédita, porque tenemos países que tienen soldados y policías como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay; otros que sólo enviaron soldados, como Bolivia, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Perú; hay otros países que sólo participaron en términos de policía, como Colombia, El Salvador, Granada y Jamaica; y hay otros que no enviaron soldados ni policías, sino que han tenido una asistencia más social, en el campo de la educación o la salud, como han sido los casos de Venezuela y Cuba. Llamativamente los países han hecho como una distribución de tareas y de esfuerzos compartidos, sin que esto tuviera un nivel de tensión ni de fricción. Incluso, como usted sabe, el ex presidente Clinton fue nombrado enviado especial de Naciones Unidas para Haití, y en su último informe personal, rescata este elemento como un elemento novedoso. Es decir, que América Latina, con diferentes dispositivos, ha colaborado con Haití más que verse enredado en disputas geopolíticas entre países.
AKR: Usted habla de incluir una opción innovadora y eficaz para darle un nuevo sentido a la misión en Haití. ¿De qué manera?
JGT: Obviamente llevando el tema de la ONU a la OEA. En segundo lugar, dado que ya está apropiado de los recursos presupuestarios, que son más de 600 millones de dólares hasta junio del año próximo, ir haciendo una transferencia en la cual sea menor el componente militar y más el componente policial. Hoy el problema del orden público, más que el de la seguridad externa, está en juego en Haití. Lo que se necesita es una policía más dotada, una policía más tecnificada, una policía con capacidad disuasiva y, por lo tanto, el aporte latinoamericano debería ser mucho más en un despliegue de policías, de asistencia en el campo legal y jurídico, que en el campo estrictamente militar. Y en tercer lugar, me parece que, creado ese clima, va a ser más fácil que lo que estén colocando en Haití los donantes de asistencia económica, técnica y social, brinde mayor fruto. Lo que se necesita es que Haití y los haitianos se apropien de los componentes sociales, económicos y políticos y que América Latina, por vía de la OEA, brinde este soporte más en términos de orden público que de seguridad estratégica internacional.




























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