Sólo puede hacerse en pleno verano y en rompehielos, y también gracias al cambio climático. La corresponsal Margot Minjon viaja en el buque Louis Saint Laurent por el Pasaje Noroccidental del Polo Norte.
Margot Minjon
A bordo de este rompehielos canadiense se encuentra un grupo de científicos que entre otras cosas, realiza investigaciones sobre el calentamiento de la Tierra. Además, se suministra de provisiones a los puestos de observación más remotos, y el buque rastrea el área en busca de submarinos no identificados. Margot Mijnon narra en esta serie las experiencias vividas.
Unos días más, y estaré atravesando el Pasaje Noroccidental. Para embarcar, tuve que dirigirme a la ciudad de Resolute Bay, bien pasado ya el Círculo Polar Ártico. Desde Vancouver vuelo a Edmonton, y de allí más al norte, a Yellowknife, la capital de los Territorios del Noroeste. Es una ciudad construida sobre permahielo, un suelo que siempre está congelado.
Hace dos años ya había estado aquí, para hacer un reportaje sobre el derretimiento del permahielo. A causa de los cambios climáticos, las carreteras y pistas de aterrizaje se están hundiendo lentamente en el lodo resultante.
En ese entonces llamé al ministerio de Transporte, y para mi sorpresa, fue el mismo ministro quien contestó el teléfono. Aunque estos territorios tienen una superficie equivalente a 33 veces Holanda, su población no llega a los 35.000 habitantes. ¿Para qué contratar a un portavoz si uno puede arreglárselas por sí solo?
Por supuesto que puedo hacer un reportaje, me comunica el ministro. Enviaría al jefe de la gestión de carreteras, para que me explique lo grave de la situación. Y así al otro día viajábamos por ondulantes carreteras, cuidándonos de no caer en las numerosas grietas.
Este domingo regresé a ver cuál era la situación. La calle que pasa por el edificio del Parlamento ha sido reasfaltada, pero ya se ven secciones hundidas, y el agua producto del deshielo emerge entre las fisuras.
Continúo luego mi vuelo hacia el norte. Después de dos horas, aterrizo en Cambridge Bay, en plena región polar. Todo es opaco y gris, el frío es mordaz, llueve y hay niebla. El piloto, que llevaba un mameluco, va a consultar si es posible continuar el vuelo.
En la sala de arribos me entero que en este asentamiento inuí (conocidos como esquimales), hay un campo de golf. No, por supuesto que no hay césped. Si se quiere jugar, se extiende un rollo de césped artificial. Así se juega al golf en toda la región polar.
Finalmente nos dan luz verde, y podemos continuar a Resolute Bay. Dos horas más sobrevolando un mar congelado. Aparte de mí, sólo se encuentran cuatro militares en el aeroplano. Prácticamente nadie visita esta región. Resolute Bay, con 230 habitantes, es un poco como el fin del mundo. Más al norte sólo quedan el pequeño asentamiento de Grise Fiord y la base militar Alert.
Jamás me he sentido tan apartada del mundo como al aterrizar aquí. Un desierto de piedras, un paisaje lunar. Ningún rastro de vegetación. Nada. Aquí, la NASA somete a pruebas sus vehículos lunares.
Dentro del hotel, el calor es sofocante. La temperatura exterior es de 19 bajo cero, y la calefacción está al máximo. Voy a visitar una pequeña iglesia. El altar y el púlpito están cubiertos por pieles de foca. Aquí también la calefacción está al máximo.
Continúo caminando, para tener una idea de esta pequeña localidad con doscientos esquimales y unos treinta sureños. En el extremo occidental, un riachuelo encajonado en gruesas capas de nieve desemboca en el mar. Para mi gran sorpresa, veo a dos niños jugueteando en las congeladas aguas del deshielo. Un amiguito de ellos hace cabriolas en su bicicleta sobre la nieve. A tan sólo 200 metros, pequeños icebergs flotan en el mar.
Mañana iré en expedición a bordo de un avión de las fuerzas armadas canadienses. Espero poder hablar con un guardabosques inuí, y también visitaré un milenario asentamiento esquimal. Hace mil años, el clima aquí era mucho más templado. ¿Qué conclusiones podrían sacarse de este fenómeno?




























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