En un hecho calificado como insólito, tomando en cuenta las excelentes relaciones diplomáticas entre Chile y Argentina, este fin de semana dos miembros de una unidad de inteligencia del Ejército chileno, cometieron un acto de violación de territorio extranjero, entrando de manera clandestina al Consulado Argentino de la ciudad de Punta Arenas, a 3.090 kilómetros al sur de la capital chilena.
Las reacciones han sido enérgicas y los mandos superiores ya pagaron las consecuencias. Por la responsabilidad que les cabe en este hecho, fueron dados de baja el general Waldo Zauritz, comandante en jefe de la zona militar austral y el teniente coronel Víctor Hugo Poza Reyes, Jefe de la Unidad de Inteligencia regional. Uno de los primeros en agradecer la celeridad de la reacción chilena fue el embajador argentino, Carlos Abihaggle, quién se reunió con la canciller chilena, Soledad Alvear, y manifestó su satisfacción señalando que coincidía con la condena del Gobierno de Chile, agregando "que en todo jardín de rosas, siempre hay espinas".
La molestia del presidente Ricardo Lagos era notoria y llamó a su despacho a las ministras de Defensa, Michele Bachelet, y de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear. La primera en su condición de responsable del mando militar, ya que la zona austral tiene supervisión directa de su ministerio por razones estratégicas, la segunda, tomando en cuenta las excelentes relaciones con el país vecino, que fueron puestas en riesgo.
La ministra Alvear dijo que se trataba de un hecho absolutamente repudiable, que escapaba a la política del Gobierno de Chile respecto a Argentina. La ministra señaló que ya había hablado personalmente con su homólogo argentino, Rafael Bielsa, y que el subsecretario de Relaciones Exteriores, Cristián Barros, lo había hecho con el embajador transandino en Santiago. El Gobierno chileno, para mostrar su preocupación y drástica condena de los hechos, nombró un fiscal de urgencia para que inicie las investigaciones.
A pesar de la contundente respuesta del Gobierno, quedan en el aire una serie de preguntas. ¿Qué indujo a los dos militares a arriesgar su carrera para espiar en un lugar donde aparentemente había poco o nada que encontrar? ¿Actuaron a título personal o, como se filtró en las últimas horas, lo hicieron a instancias de su jefe directo, el comandante Víctor Hugo Poza Reyes? Por último, ¿por qué se dejaron huellas tan evidentes en el lugar de los hechos?
Las respuestas se conocerán, probablemente, en los próximos días, pero se trata de un hecho irresponsable y temerario, que involucra a dos gobiernos democráticamente elegidos.
Es de esperar, además, que el Ejército chileno y su Comandante en Jefe, Juan Emilio Cheyre, entreguen una explicación creíble. Dada la verticalidad del mando, resulta muy difícil creer que los ex militares hayan actuado a título personal, y de haber sido así, sería necesario revisar las normas y atribuciones de quienes se desempeñan en unidades de inteligencia. Por ahora no parece que este hecho vaya a tener mayores alcances, pero es una mancha que no se va a olvidar fácilmente. Sólo la madurez de las autoridades de los dos países evitó que se transformara en una verdadera crisis.




























Enviar nuevo comentario