La Unión Europea perdió gran parte de su brillo desde los emocionantes días del Tratado de Maastricht. Dos décadas más tarde, la crisis monetaria revela profundas fallas estructurales en el tratado.
“El tratado debería haber creado una unión económica sólida, con soberanía conjunta en la autoridad presupuestaria y fiscal”. Incluso Laurens Jan Brinkhorst, un ferviente partidario de la UE, admite que Maastricht no tenía suficiente garra. La debilidad del documento es ahora el talón de Aquiles de Europa, afirma, mientras Bruselas lucha por dominar los graves problemas de la deuda de los Estados miembros del sur.
Sin embargo, Brinkhorst, ex embajador de la UE y ex ministro holandés, permanece optimista. “Europa siempre tarda en responder. Necesita una crisis para avanzar. La voluntad de hacerlo es más fuerte que nunca”.
Cinco maneras en que la UE ha mejorado la vida de los ciudadanos 1- Ya no es necesario cambiar divisas dentro de la eurozona.A pesar de lo dicho…
2- No hay más controles de pasaporte en la zona Schengen.
3- Se amplió el mercado laboral para los trabajadores europeos.
4- Es más fácil estudiar en otros países de la UE.
5- Es más fácil encontrar productos de otros países europeos en los comercios.
El 7 de febrero de 1992, los doce Estados miembros firmaron el Tratado de la Unión Europea en la ciudad holandesa de Maastricht. Con espíritu de triunfo, se pronosticó entonces que la UE pronto se convertiría en una potencia mundial.
El ascenso de Europa estaría fundamentado en su fortaleza financiera. El tratado condujo a la creación del euro y estableció los tres pilares de la UE: la Comunidad Europea (La Comisión Europea, el Parlamento y la Corte de Justicia), la Política de Asuntos Exteriores y Seguridad, y el pilar de Justicia y Asuntos Internos.
Profundas divisiones
“Mis expectativas eran altas”, asegura Ben Bot, antiguo ministro de Exteriores holandés y alto diplomático en Bruselas. “Pensaba que lograríamos reunir las tres ramas – económica, de justicia y de exteriores – bajo un mismo techo. Pero no funcionó. Algunos países estimaban que el momento aún no era propicio.”
Al igual que Brinkhorst, Ben Bot es un ferviente partidario de la UE, pero lamenta las profundas divisiones que frenan el proceso de toma de decisiones en Europa. “Se suponía que Maastricht iba a disminuir esas divisiones y transferir soberanía a Bruselas”, señala Bot, quien considera a la UE como una “inestable construcción”.
“El mayor fracaso desde Maastricht fue introducir el euro sin contar con la estructura económica que garantiza la seguridad de la moneda única”, añade Bot. “Sin una autoridad bancaria central y un gobierno económico central, se cae en situaciones como las que vemos ahora en Grecia.”
Desilusión
Y los problemas de Europa apenas estaban comenzando. En 2005, Francia y Holanda rechazaron el proyecto de Constitución Europea en sendos referendos nacionales. Fue un doble golpe del que la UE nunca se recuperó. Los temores ante un súper-estado europeo que se entromete en la soberanía nacional siguen siendo profundos en la actualidad.
El “Nee” holandés y el “Non” francés pusieron fin a las grandes ambiciones de convertirse en una potencia europea mundial, si es que alguna vez existieron seriamente. En opinión de Ben Bot, no fue así: “Obviamente, la UE no tenía la ambición de convertirse en una potencia mundial. Lo único que buscaba era reforzar su rendimiento económico y su peso financiero en el mercado, creando una moneda que compitiera con el dólar, una divisa de reserva mundial.”
Extralimitación
Y precisamente allí es donde fracasó Maastricht, señala Derk Jan Eppink, miembro del Parlamento Europeo y antiguo asistente del Comisario Frits Bolkestein. “Con la firma del tratado, Europa comenzó a ir más allá de las propias posibilidades. Creyeron que una rápida expansión de la UE y la moneda única nos conducirían a la unión, pero nos están dividiendo. Algunos afirman que la crisis es una perfecta excusa para continuar adelante y crear una unión de la deuda porque así, al menos, tendríamos una unión. Maastricht es un caso de extralimitación imperial.”
Sin embargo, el diplomático Laurens Jan Brinkhorst se resiste a aceptar ese tipo de argumentos, ya sea que provengan de “los euroescépticos anglosajones que no comprenden el continente” o de sus propios compatriotas. “He perdido la cuenta de la cantidad de veces que los fatalistas pronosticaron la caída de Europa”.
Para celebrar el vigésimo aniversario de la UE, se realizará una conferencia en la ciudad de Maastricht, el 7 y 8 de febrero, en la que veteranos políticos holandeses y europeos discutirán el legado del Tratado y el futuro de Europa.

























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