La adicción a Internet es un problema creciente en China. Nada sorprendente, pues 250 millones de chinos tienen conexión a la red de Internet. Entre cuatro y diez millones de ellos son adictos.
Karen Meirik
El Profesor Tao Ran rehabilita a los internet-adictos en un campamento militar situado en un terreno cerrado, en las afueras de Pekín, donde un sargento da instrucciones en tono autoritario a un grupo de muchachos rollizos. No se trata de jóvenes reclutas, sino de adictos a la red, internados en este campo militar para su rehabilitación.
Wan Chuan, de 20 años de edad, es uno de los pacientes. “Mi familia me internó aquí porque yo siempre necesitaba estar en línea; a veces, durante días enteros.” Wan es uno de los más de cincuenta pacientes en el Centro de Rehabilitación de Adictos a Internet, del Ejército Popular de Liberación, bajo la dirección del profesor Tao Ran.
Lucrativo
El profesor Tao fue el primero en iniciar, hace diez años, una clínica de esas características en China. Actualmente, hay miles de ellas, ya que se trata de una lucrativa empresa. Un mes de tratamiento en la clínica castrense cuesta una suma equivalente a más de cuatro veces el sueldo mensual promedio en Pekín. Sin embargo, los pacientes siguen llegando y, según Tao, el método militar es parte de su éxito.
“En general, los padres confían que el Ejército convertirá a sus hijos en seres serviciales y sociales, y les enseñará buenas costumbres. El Ejército es el lugar indicado para inculcar buenos modales a las personas.”
Médico castrense
Tao Ran, quien es también médico del Ejército, confía plenamente en la disciplina, algo que, en su opinión, ha faltado durante demasiado tiempo a los “yonquies” de Internet. “No sólo enfrentan problemas psicológicos sino que también tienen una inadecuada actitud ante la vida. Frecuentemente, pasan días sin asearse, sentados ante su computadora. Y puesto que viven una vida virtual en la zona horaria de Estados Unidos, duermen de día y juegan de noche. Durante el tratamiento, deben aprender un ritmo de vida normal.”
Tanto el uso del uniforme militar como los ejercicios físicos contribuyen a que los chicos se cuiden mejor. Ahora que no cuenta con acceso a Internet, Wan Chuan reconoce el grado de adicción en que había caído. “Gastaba todo mi dinero de bolsillo en eso, me alimentaba mal y no compraba ropa,” dice. Al parecer, para conseguir dinero, niños adictos con menores recursos recurrían al robo o al chantaje. Según un juez pequinés, un 85 por ciento de la delincuencia juvenil en la capital china guarda directa relación con los juegos de Internet.
Prestigio
Si bien el profesor Tao considera la adicción a Internet como un problema mundial, en su opinión la situación es más grave en China, a causa de la política de planificación familiar que no permite más de un hijo por familia:
“Los padres depositan grandes expectativas en su único hijo o hija, lo que significa una gran presión sobre los niños, pues son ellos los que deben dar prestigio a la familia. Si no obtienen buenas notas en la escuela, sufren constante crítica de sus padres, lo que afecta su auto-estima. Esto, a su vez, puede llevar a la adicción. “Pero es bastante más difícil curar a los padres que a los hijos,” afirma el profesor, “ya que sus costumbres están más arraigadas.”
El doctor Tao asegura que el 70 por ciento de sus pacientes se cura definitivamente después del tratamiento. Pero Wan Chuan todavía no está seguro de lograrlo. “Me voy acostumbrando poco a poco, pero especialmente las primeras semanas fueron terribles,” nos cuenta. Y tras semanas de tratamiento intensivo, lo que más desearía es jugar en la computadora.





























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