Hace veinte años, en la Declaración de los Derechos del Niño, Naciones Unidas prohibió el trabajo infantil a escala mundial.
Por Thijs Westerbeek van Eerten y Robert Chesal
A pesar de ello, el trabajo infantil aún no ha sido erradicado, incluso en Holanda, donde menores de edad trabajan para poder comprar un iPod o modernos teléfonos celulares, incluso aquellos que tienen padres ricos. Para un niño de la India, esta situación es simplemente inconcebible.
El holandés Koen Smet, de 17 años, quien distribuye grandes cantidades de folletos en su elegante barrio amsterdamés, gana 10 euros por hora y media de trabajo. Una suma insignificante en comparación con los ingresos de sus padres, los cuales se hacen visibles en su imponente mansión. Para poder comprar el nuevo iPod que desea, Koen aún debe repartir folletos trece veces más, por tanto aún debe observar paciencia por algo más de tres meses.
”Mis padres consideran que debo pagar mis propios gastos, y les doy la razón pues no quiero que me eduquen como un niño consentido”, dice.
McDonald’s
Koen no es una excepción en Holanda, donde muchos niños trabajan en sus horas libres, independientemente de los ingresos de sus padres. Sobre todo cumplen tareas en supermercados, llenando los estantes, o en la cocina en McDonald’s.
En el patio del Holy Child School, en Vasant Vihar, un suburbio de la capital india, Nueva Delhi, charlamos con Kavitha, una contemporánea de Koen. Al contrario del niño holandés y al igual que todos sus compañeros de curso, ella no trabaja. Entonces, ¿cómo compra su ropa nueva, su iPod o su celular?
“Primero que todo, se lo pido a mi madre, y si ella aprueba mi elección, lo compro, es decir, mis padres lo compran,” responde la niña india.
Es la respuesta de una niña de la India, país en el que muchas personas piensan al oír las palabras ‘trabajo infantil’. Vasant Vihar es un barrio residencial en un país en el que un profundo abismo separa a ricos y pobres. Akansha, una amiga de Kavitha, de 14 años, opina que podría obtener sus propias ganancias, pero lo considera arriesgado porque se puede convertir en un hábito continuo. “Si me acostumbro a comprar mis propias cosas”, señala la menor, “no necesitaría pedirle nada a mis padres y ellos no se enterarían de nada. Yo considero que es mejor pedirles lo que necesito y, si lo autorizan, comprarlo”.
Condición social
Si los niños de familias ricas trabajaran, pondrían en entredicho la condición social de sus padres, quienes son los responsables del mantenimiento de sus familias. La familia holandesa Smet no comparte este principio, y los padres opinan que Koen debe contribuir en los gastos de sus costosos zapatos y su ropa de diseño.
Su madre declara que nunca se les ha pasado por la mente pagar todos los caprichos de su hijo, quien se provoca constantemente por cosas materiales. En cambio, con su proceder, desean inculcarle algo útil para su vida futura, es decir apreciar el valor del dinero y aprender a manejarlo.
Sin duda, la visión respecto a esta modalidad de ‘trabajo infantil’ es el legado de una ética laboral calvinista. Pero también puede tener su origen en el tradicional espíritu mercantil holandés, según el cual a ningún holandés, rico o pobre, le desagrada ganar dinero.
India es un país cuyos habitantes también deben trabajar duro y saben apreciar el valor del dinero que ganan. Entonces, ¿cómo explicar la diferencia? Se trata, a todas luces, de una pregunta compleja para la cual, probablemente, hay más de una respuesta válida.





























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