La nación alpina ya había causado conmoción a nivel internacional al decidir prohibir la construcción de nuevos minaretes, en un ataque frontal al Islam. Ahora, el pueblo suizo se pronunció a través de un referendo a favor de la expulsión automática de extranjeros que cometan delitos.
El referendo fue iniciativa del partido de derecha nacionalista SVP, también conocido como Partido Popular de Suiza. Para ello, el SVP, bajo protesta de los demás partidos políticos, logró recolectar 210.000 firmas para poder celebrar el referendo, una práctica democrática muy extendida en el país alpino. Por tratarse de una enmienda constitucional, se requería de la llamada “doble mayoría”: una mayoría nacional de votos, y una mayoría de cantones que apoyaran la moción. Ambos requisitos fueron satisfechos.
Ya hace años que Suiza expulsa a extranjeros por cometer crímenes graves, a razón de unos 400 por año. Sin embargo, esta medida no era coercitiva, y variaba de cantón a cantón.
La lista de crímenes redactada por el SVP no hace referencia alguna al grado de severidad de la falta. En ella, se equipara el asesinato y la violación a cometer fraude con la seguridad social. Lo más grave es simplemente ser extranjero.
¿Quiénes son los llamados “extranjeros”?
Al ver las estadísticas, llama la atención que Suiza tenga aproximadamente un 22% de población extranjera, mucho más alta que la media de la Unión Europea. La situación se aclara al saber que Suiza tiene un régimen mucho más estricto para naturalizar a los ciudadanos. A diferencia de otros países, no basta con nacer en territorio suizo para obtener la nacionalidad si se tiene padres extranjeros. También se exige un mínimo de doce años de permanencia en el país para poder iniciar los trámites de naturalización. Y cuando finalmente se puede dar comienzo al proceso, éste lleva hasta dos años y cuesta miles de francos suizos. Si Suiza tuviera una política de naturalización similar a la de Estados Unidos, el número de extranjeros conformaría el 6% de la población.
Como consecuencia, aproximadamente una cuarta parte de los “extranjeros” nacieron y crecieron en Suiza; algunos de ellos son tercera generación en el país. Son esencialmente suizos, excepto en papel. ¿Adónde deportarlos? ¿Al país donde nacieron los abuelos? ¿Y qué sucede si los países se niegan a acoger a estas personas?
El pueblo suizo habrá dicho sí a esta moción, pero está por verse si la podrán llevar a la práctica. La nueva ley vulneraría acuerdos internacionales, como es el caso de Schengen, que Suiza ha firmado, y que garantiza la libertad de movimiento de los ciudadanos europeos.
Inmigrantes apropiados
Picante detalle de la lista de crímenes es que delitos tales como fraude corporativo, los problemas derivados del secreto bancario o delitos fiscales no figuran en ella. Tampoco las infracciones de tráfico (cometidas en un 60% por suizos). Todo parece sugerir que Suiza opta por “depurar” la corriente inmigratoria: preferiblemente blancos, cristianos y del norte europeo.





























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