La Dra. Sybille Schnehage está destrozada. Ella es el motor que impulsa uno de los proyectos humanitarios más exitosos de Afganistán. Ha conquistado el respeto de todo el espectro político afgano. Pero fue traicionada por un hombre que era un amigo cercano y su socio empresarial. Ahora su vida se ha convertido en una pesadilla.
Schnehage comenzó su labor humanitaria en Afganistán en 1994 durante la guerra civil posterior al retiro de las tropas soviéticas en 1989 y continuó su trabajo durante el régimen del Talibán. Gozaba de tan alta estima que incluso el Talibán había dado permiso para que las niñas asistieran a las escuelas fundadas por la Dra. Schnehage en la provincia rural de Kunduz, en el norte de Afganistán. Todavía posee un permiso oficial para las niñas firmado por la jefatura del Talibán en Kandahar.
Proyectos laureados
Los proyectos de base llevados a cabo por la asociación Katachel (su nombre proviene de una aldea en la provincia de Kunduz) se expandieron sucesivamente. En 2006, Schnehage obtuvo el Premio Malalai, la más alta distinción para las mujeres otorgada por el Estado afgano. Los fondos de su proyecto provenían de diversas fuentes, como donantes particulares alemanes, el gobierno holandés, y una organización aglutinante llamada “Mujeres en Europa por un Futuro Común” (WECF en sus siglas en inglés).
Contabilidad paralela
Pero en el último año, su trabajo de toda la vida a favor de los afganos se desintegró. Su gerente comercial afgano, Dadgul Delawar, había estado manteniendo una contabilidad paralela desde el inicio de los proyectos en 1994. “A mí me daba un documento, para la asociación. Yo confiaba en esos documentos”, declaró Sybille Schnehage a Radio Nederland. “Pero paralelamente, había archivado los documentos originales bajo su nombre”. Gran parte de las propiedades inmuebles que ella pensaba que estaban registradas a nombre de la Asociación Katachel figuraban, en realidad, a nombre de Dadgul Delawar. En consecuencia, ella rompió inmediatamente los lazos con él y presentó una demanda judicial.
Cirugía de reconstrucción
Dadgul no es un simple empleado afgano de una organización alemana de ayuda humanitaria. Su historia personal está íntimamente ligada a la de la Asociación Katachel. En 1992, Dadgul era un joven combatiente Muyahedin a quien una granada soviética le había destrozado la mitad de la cara. Sybille Schnehage lo conoció en el hospital, y lo llevó a Alemania donde fue sometido a 40 operaciones para reconstruir su rostro. Compartió en algunas ocasiones la casa de los Schnehage en Bavaria y se convirtió en un íntimo amigo de la familia. Él le relató sobre su pueblo natal, Katachel, y así fue como se originó el proyecto.
Amenazas físicas
Sybille Schnehage está desolada por el hecho de que Dadgul la traicionó desde el principio, para su beneficio personal. “Estoy viviendo momentos terribles, casi me ha destrozado el corazón”. Pero el horror no se limita al fraude comercial. Recientemente ha sido objeto de amenazas personales por parte de Dadgul y un nuevo integrante del equipo que trabaja para ella ha resultado gravemente herido en un atentado de bomba.
Propiedades
La Dra. Schnehage ocupa ahora mucho de su tiempo intentando rectificar el fraude inmobiliario. “En este momento ha comenzado un procedimiento en Kunduz a fin de que el gobierno afgano me devuelva la propiedad de estos inmuebles. No acepto que me devuelva solo mi casa, sino otras propiedades que han sido construidas, en parte, con financiamiento público”, explica Sybille Schnehage.
Radio Nederland tomó contacto con WECF, que ha apoyado durante mucho tiempo a la Asociación Katachel. Ahora, las donaciones de WECF fueron suspendidas, en espera del resultado de los procedimientos legales en Kunduz. La presidenta Sascha Gabizon: “Para nosotros es muy difícil comprenderlo. Conocemos a Dadgul desde hace mucho tiempo y nunca nos imaginamos que actuara con mala fe frente a su socia Sybille Schnehage, que le salvó la vida.”
“Administración meticulosa”
Según Sascha Gabizon, la WECF ha investigado el caso de la “contabilidad paralela” contra Dadgul. “Hemos solicitado de inmediato todos los documentos financieros, no solamente los que tenían relación con nuestros proyectos, y los conseguimos”, relató Gabizon a Radio Nederland. “Descubrimos una meticulosa administración de todos los fondos aportados por nosotros y otros donantes, que siempre fueron enviados por transferencia bancaria desde Alemania a Afganistán. Poseemos todos los informes de todos los edificios construidos, así como las fotografías correspondientes. Hemos mostrado estos documentos a nuestros auditores registrados, y no hemos detectado absolutamente ninguna falta en el proyecto de Katachel por parte de Alemania.
Una pregunta sigue abierta: ¿por qué el gobierno afgano no ha tomado la iniciativa para esclarecer el asunto? Sería lo mínimo que deberían hacer por una mujer laureada con el Premio Malalai y por un exitoso proyecto de ayuda humanitaria que se ha ganado tanto respeto en el curso de los años.





























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