¿Qué puede hacer Sudáfrica con un presidente como Jacob Zuma, que en el pasado estuvo acusado de violación y corrupción? Los sudafricanos que no votaron por él esperaban que se equivocara apenas comenzara a gobernar, pero hoy sus críticos comienzan a reconocer que no lo está haciendo tan mal.
Por Elles van Gelder
El analista político Mcebisi Ndletyana era un escéptico, antes de las elecciones. En aquel momento expresó a Radio Nederland su temor a que Zuma no fuera realmente competente, o pudiera abusar de su poder. Tres meses más tarde el analista no puede señalar ningún error en las funciones del mandatario y aprueba al equipo de colaboradores que Zuma a reunido en torno suyo.
Como ejemplo menciona a Gill Marcus, la nueva presidenta del Banco Central. “Tiene un excelente CV” dice Mcebis,”irradia estabilidad y confianza, y no es demasiado de izquierda. Este nombramiento es una prueba de que Zuma no está dispuesto a bailar la música que le toquen los sindicatos”.
Líderes o salvadores
En las elecciones de fines de abril el ANC consiguió el 62,7 por ciento de los votos. Un par de semanas más tarde Jacob Zuma asumía la presidencia de la nación y de inmediato arreciaban las preguntas sobre su capacidad para gobernar. El analista político Steven Friedman señala: “Con el voto elegimos a las personas que deben gobernar, pero los sudafricanos vivimos obsesionados con la idea de un gran líder que resolverá todos los problemas. Así no funcionan las cosas. Necesitamos encontrar un punto medio”.
En las últimas semanas Jacob Zuma ha dado muestras de autoridad. Durante las huelgas y protestas dijo que todo manifestante que utilice la violencia será arrestado. Zuma llegó a la presidencia poco antes del inicio de las negociaciones salariales. A causa de la inflación este año las exigencias han sido mayores y muchos sectores, entre ellos los médicos y los empleados fiscales, salieron a las calles exigiendo que se atienda a sus demandas. Las últimas huelgas terminaron el pasado viernes con un acuerdo de un 13 por ciento de aumento salarial.
Representante del pueblo
Más complicada para el presidente ha sido la reacción de los sectores más pobres, que según partes policiales han iniciado protestas en más de 20 lugares, en menos de un mes. Durante su campaña electoral Zuma hizo nutridas promesas a los sudafricanos pobres, pero lo cierto es que desde 1994, cuando el ANC llegó al poder, la brecha entre ricos y pobres ha crecido sin parar. Muchos ciudadanos siguen viviendo en chozas sin electricidad ni agua potable. Zuma se presentó como un político que entendía las necesidades del pueblo y le pidió paciencia. Los manifestantes consideran que vienen esperando desde hace 15 años, y que ya es la hora de las soluciones.
Según Friedman, Zuma no ha respondido bien a estas demandas. “Creo que ha intentado mostrar que es capaz de escuchar”, dice el analista, “pero la distancia entre los políticos y los ciudadanos es enorme. Zuma pudo hacer mucho más para acercarse a la gente. Durante las protestas bien pudo presentarse en las barriadas y escuchar directamente las quejas. No lo hizo y perdió así una buena oportunidad para acercarse a quienes votaron por él”.
Según un vocero de gobierno, Zuma no fue a las barriadas porque se encontraba muy ocupado, pero inició una gira nacional para agradecer a sus electores. “Jacob Zuma dialoga con los ciudadanos”, dice Friedman, “pero solo bajo las condiciones que él mismo impone. Cuando el pueblo le quiere entregar un mensaje, no se presenta. Los pobladores de las barriadas no esperan milagros: solamente quieren conocer los planes que tiene el gobierno para ayudarlos”.
Ayer domingo fue presentado el nuevo comisario de policía. Bkeki Cele es amigo de Jacob Zuma y de inmediato ha surgido la pregunta de si consiguió el cargo por sus calificaciones o sus conexiones con el poder, y qué grado de independencia tendrá en su gestión. También se ha mirado con recelo el nombramiento de nuevos jueces del Tribunal Constitucional, por sus eventuales relaciones con el ANC.
La intranquilidad no ha terminado en Sudáfrica. Esta semana los trabajadores de la empresa nacional de teléfonos, Telkom, iniciarán una huelga. Al analista Mcebisi le parece bien que el gobierno enfrente la insatisfacción de los asalariados y la población en general. “Los gobernantes pueden aprender mucho de estas situaciones, en que la gente presiona para que se cumplan las promesas”, dice Mcebisi. La lista de promesas es larga y la situación no es la más favorable. Sudáfrica está inmersa en su primera recesión económica de los últimos 17 años. No cabe duda que Jacob Zuma enfrenta un panorama complicado.





























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