En el año 2050, el subsuelo holandés estará tremendamente concurrido. Tuberías, carreteras, cables de alta tensión, edificios y aparcamientos, túneles ferroviarios y del metro, sistemas de climatización geotérmica, almacenamiento de CO2, todo se construirá de forma subterránea.
Y el subsuelo holandés ya está muy atestado hoy en día. Extracción de gas natural, producción de agua potable y sitios arqueológicos se disputan el espacio. Con el fin de canalizar toda esa actividad de manera eficiente, la SKB, la Fundación para el desarrollo científico y la difusión científica sobre el Subsuelo, ha recibido recientemente un nuevo impulso.
Ambiguos
En un país lleno de regulaciones como Holanda, apenas se puede hablar de planificación del subsuelo. Los derechos de propiedad son, en el mejor de los casos, ambiguos. Al mismo tiempo, dejar de utilizar el subsuelo no es una opción viable, como lo explica el nuevo director de SKB, Frank Agterberg:
“Queremos obtener una calidad determinada de vida, para ello precisamos energía. Utilizamos materiales que liberan desechos y en ese sentido, el subsuelo cumple una importante función. Por ejemplo, cuando hablamos de energía se trata en primera instancia de una cuestión de seguridad de suministro, o sea, de que haya suficiente energía, pero más adelante también se necesita energía sostenible para que la actividad tenga finalmente un efecto nulo en el medioambiente.”
Y además del suministro de energía, hay otras razones por las que ya no es alternativa dejar de utilizar el subsuelo. En las áreas urbanas no queda espacio para la infraestructura. El tren, el metro y los edificios de aparcamiento deberán ser construidos bajo tierra. Las escasas áreas verdes urbanas no deben arruinarse con carreteras; en Maastricht y en Utrecht, por lo tanto, se harán construcciones subterráneas.
Corazón Verde
Es importante no causar fragmentación en regiones especiales no urbanizadas, como el famoso “Corazón Verde” entre las grandes ciudades; el resultado es un túnel de siete kilómetros de longitud para el tren de alta velocidad. Y si se llega a concretar el plan de almacenar CO2 en el subsuelo – por más controvertido que sea el proyecto – se hará en antiguos yacimientos de gas natural, el único sitio suficientemente profundo y seguro.
Vida en el subsuelo
Al mismo tiempo, es poco lo que se conoce sobre las consecuencias de la actividad humana en el subsuelo. La empresa Bioclear se dedica a la producción de energía limpia en el suelo, pero intentando perturbar en un mínimo la vida en el subsuelo. El director Sietze Koening explica el problema:
“Más del 95% de toda la biodiversidad en la tierra se encuentra en ese suelo. Apenas contamos con una mínima noción de lo que ocurre en el subsuelo hasta 10 kilómetros de profundidad.”
Legislación
Uno de los principales objetivos de la fundación es la elaboración de normas jurídicas específicas. A grandes rasgos se puede afirmar que no existe jurisprudencia en este tema y es necesario que alguien asuma la tarea de determinar, por ejemplo, cuáles son los límites exactos de la propiedad del suelo.
Arno Peekel, también colaborador de SKB, explica cuáles son las deficiencias en la legislación:
“En principio, la propiedad de un terreno es válida hasta gran profundidad. Sin embargo, si un vecino decide emprender alguna actividad subterránea, como por ejemplo utilizar el agua de las napas, entonces también tiene derecho a utilizar el agua que fluye debajo del terreno vecino.”
Y eso puede ocasionar extrañas situaciones, como lo que sucede si dos empresas vecinas deciden invertir en climatización geotérmica, un sistema muy exitoso y en acelerada expansión (depósito de calor/frío en las aguas subterráneas). En tal caso, el almacenamiento de calor de una empresa puede inutilizar la instalación de la empresa vecina, que justamente se proponía extraer frío del subsuelo.
La jurisprudencia también es importante porque, por lo general, las intervenciones subterráneas son irreversibles. Por ejemplo, si la construcción del túnel para el tren de alta velocidad hubiera alterado el nivel de la capa freática del terreno circundante, los agricultores de la vecindad no tendrían ninguna base jurídica que los respalde. Es más, ni siquiera habría una persona o empresa a quien imputar.
Queso de agujeros
De todos modos, y por más incertidumbres que aún persistan, en las próximas décadas Holanda se convertirá en un país tridimensional. En palabras de Arno Peekel: “Será un queso de agujeros. Y, aunque suene extraño, es una buena cosa, porque simplemente no podemos prescindir del subsuelo.”





























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