Como si se tratase de un programa de juegos, 30 empresas del sector energético internacional compiten, en una subasta televisada, por los derechos de explotación de gas y petróleo en Iraq.
Para Bagdad, ésta es una manera de reunir miles de millones y pulir la imagen de la corrupta burocracia con una dosis de transparencia. Pero, hasta el momento, el proceso es lento debido a las críticas internas y la prudencia en el extranjero.
British Petroleum (BP) y la empresa china CNPC ya se han asegurado los primeros dos contratos. Se trata de una oferta conjunta para obtener la producción del enorme yacimiento petrolífero Rumaila, en el sur de Iraq uno de los más importantes del mundo, en los próximos 20 años. Los dos consorcios reciben dos dólares por barril de crudo, una cantidad mucho menor que la que habían solicitado. Otras grandes compañías incluso han retirado sus ofertas porque recibirían apenas una fracción de la porción deseada de los beneficios.
Riesgos financieros
Parecería una oportunidad ideal para el regreso de empresas como Shell y BP a Iraq, 40 años después de que el partido de Saddam Hussein, Baath, decidiera nacionalizar gran parte de la producción petrolera del país. Sin embargo, el regreso a territorio iraquí implica grandes riesgos. Los ganadores de la subasta deberán pagar a Bagdad bonos de inscripción que ascienden a hasta 500 millones de dólares por yacimiento. Además, deberán comprometerse a alcanzar un determinado nivel de producción en los próximos 20 años. En caso de incumplimiento serán penados con severas multas.
Seguridad
En el aspecto de la seguridad también hay riesgos, afirma la experta en petróleo Lucia van Geuns, del Instituto Clingendael, en La Haya. “La seguridad deja mucho que desear en los grandes yacimientos en la zona chiíta del sur de Iraq”. En el sur también se observa una resistencia particularmente fuerte contra la subasta de intereses petrolíferos. “Tanto la población local como la empresa local estatal en el sur, Southern Oil Company, se oponen tajantemente a la presencia de firmas extranjeras en sus pozos petroleros, ya que ellas mismas pueden encargarse de esas operaciones. Es una especie de nacionalismo de recursos”. Algunos analistas ya advierten ante el riesgo de que se cree una “segunda Nigeria” en el sur de Iraq, incluidos el sabotaje de oleoductos y los secuestros de empleados extranjeros.
En este momento no existe un marco jurídico para los contratos petroleros. El Parlamento iraquí debe comenzar aún la elaboración de la ley sobre gas y petróleo. El año que viene se instalará un nuevo Gobierno que podría negarse a reconocer los contratos firmados este año. Otro aspecto de incertidumbre es la relación de los beneficios frente a los costos. Bajo los contratos ofrecidos, las empresas sólo pueden obtener una cifra fija de ganancia por barril y no un porcentaje de los rendimientos. De modo que, con un precio alto del crudo, el único que se beneficia es Iraq. Las empresas petroleras que participan en la licitación solamente pueden esperar que, en futuras subastas, puedan conseguir mejores condiciones. Para estas compañías se trata de un asunto de largo aliento.
Shell
A excepción de los contratos que ya se han firmado, no se sabe cuáles qué pozos gasíferos y petroleros interesan a las empresas participantes. “No hay información, pero sabemos que la anglo-holandesa Shell le ha puesto el ojo a dos grandes yacimientos en el norte, sobre todo el de Kirkuk”, explica Van Geuns. Por otra parte, no es seguro que Shell realmente esté convencida del éxito de la actual adjudicación. Al igual que otras empresas extranjeras, la anglo- holandesa es escéptica debido a los elevados riesgos. Y sin embargo, todos participan en el juego. Evidentemente, la posibilidad de asegurarse un pie en Iraq es suficientemente atractiva como para pagar un alto precio.
Perspectiva de ganancias
Una licitación exitosa puede brindar grandes ventajas a Iraq. Los bonos de inscripción darán un impulso inmediato a la maltrecha economía. En los últimos años, Bagdad insufló, infructuosamente, 8 mil millones de dólares en la industria petrolera para aumentar la producción. Si esta subasta ofrece el resultado deseado, entonces la producción experimentará una considerable subida. Poco antes de la licitación, el ministro iraquí del Petróleo expresó la esperanza de obtener beneficios de 1,7 billones de dólares para las arcas oficiales, frente a los de 300 mil millones para las empresas extranjeras. El Gobierno del país árabe utilizará estos ingresos en obras de infraestructura, viviendas, hospitales y escuelas. Esgrimiendo estos argumentos, el gobierno en Bagdad espera poder silenciar la crítica interna. Pero, por el momento, tanto en el norte, kurdo, como el sur chiíta, los oponentes están lejos de dejarse convencer.





























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