Estamos rodeados de agua y nuestros sólidos diques nos protegen de ella. La imagen no puede ser más holandesa, aunque últimamente la seguridad de los diques se ha puesto en entredicho.
La agencia gubernamental que gestiona el sistema de protección y regulación de aguas en Holanda (Agenstschap NL) advirtió hace poco sobre la necesidad de invertir miles de millones de euros para reparar los diques fluviales. También las barreras marítimas corren peligro, sobre todo si se prosigue con la política de recortes al Deltafonds, la fundación que procura por la gestión y seguridad de los diques en Holanda.
S.O.S. allá vamos
Cada vez que ocurre una gran inundación o una catástrofe originada por la fuerza de las aguas, los holandeses aparecen en el lugar. Gracias a su experiencia en el campo de la seguridad de los diques, los gobiernos de muchos países, piden su asesoría y aprovechan su experiencia acumulada durante siglos en la lucha contra las aguas. Los estadounidenses lo hicieron durante la tragedia de Nueva Orleans y las empresas holandesas creen que lo volverán a hacer con lo ocurrido con la tormenta Sandy. Los expertos holandeses ya venían advirtiendo sobre los riesgos que una ciudad como Nueva York corría debido a fenómenos naturales extremos. Riesgos que acabaron de evidenciarse con el devastador paso de Sandy.
Así fue también en Colombia, arrasada a finales del 2010 y comienzos del 2011 por fuertes torrentes de agua provocados por el fenómeno de La Niña. Los ríos se desbordaron, cientos de colombianos murieron y más de dos millones perdieron sus casas o éstas sufrieron daños materiales.
El agua: un buen negocio
Los holandeses exportan de esta manera un conocimiento acumulado por siglos aunque en este momento la atención se vuelva a concentrar en ellos mismos. Holanda, un país que tiene un gran porcentaje de su territorio bajo el nivel del mar, no se puede dar el lujo de que sus diques fallen.

























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