Analistas advierten que Somalia se puede convertir en el Afganistán de África Occidental. En el país africano aumenta la presencia de miembros del Talibán y 'yihadistas' extranjeros.
Hélène Michaud
Debido a la creciente llegada de milicianos del Talibán y sus tácticas, como atentados suicida, sin precedente en Somalia, la situación en el país africano se está empeorando rápidamente.
“Lamentablemente debemos llegar a esa conclusión,” reconoce Jan Abbink, experto en temas del Cono Africano. En la capital somalí, Mogadiscio, grupos de insurgentes musulmanes están intensificando sus ataques al Gobierno de transición apoyado por Naciones Unidas. Además, los rebeldes reciben creciente ayuda de combatientes extranjeros, conocidos como Al-Muhayirum (los Emigrantes).
Al parecer, junto con voluntarios de Oriente Medio, miembros del movimiento Talibán están penetrando en la región, provenientes de Afganistán y Pakistán, donde ya no son bien recibidos
Emigrantes
Según Abbink, se trata de combatientes ugandeses e incluso europeos y estadounidenses, que poseen su propia estructura de mando, se han aliado a grupo rebelde islámico somalí Al-Shabab y adquieren cada vez más influencia. El experto, vinculado al Centro de Estudios Africanos, de la ciudad holandesa de Leiden, considera que decenas de combatientes ‘emigrantes’ ya están en territorio somalí.
El radical Al-Shabab ha admitido sus estrechos nexos con Al-Qaeda. Por su parte, los combatientes extranjeros, o yihadistas, vienen con el objetivo de luchar una guerra santa y ven en Somalia como un nuevo frente, similar al que crearon en Asia. Con tal fin, traen dinero, armas y contactos, y establecen centros de entrenamiento donde enseñan nuevas tácticas, como ataques suicida con explosivos, que no tienen precedentes en Somalia.
Régimen teocrático
Sin embargo, en razón de divisiones internas, los grupos insurgentes no han logrado beneficiarse del creciente apoyo externo y de la debilidad del Gobierno de transición, para conquistar el poder en Mogadiscio, comenta Mahad Mussa, coordinador de Nedsom, una fundación de la diáspora somalí, con sede en Holanda.
A su juicio, la insurgencia está profundamente dividida en clanes que ejercen control sobre ciertas áreas en la capital. Lo único que los une es su deseo de derrocar al actual Gobierno.
Según Jan Abbink, los clanes también están unidos por la fe islámica y su anhelo de establecer un régimen teocrático en el país, motivación que supera las rivalidades entre ellos.
“En Somalia,” advierte el experto holandés, “está surgiendo un movimiento islámico sin precedentes, y esto es algo que no debemos subestimar, ya que no se desintegrará inmediatamente después de asumir el poder. Ésta es una conclusión de quienes no comprenden la verdadera profundidad de la transformación que está sufriendo Somalia.”
Violencia entre clanes
Mahad no coincide, sin embargo, con este punto de vista, y opina que si los insurgentes conquistan la capital somalí, el principio de los clanes prevalecerá tan pronto ellos intenten ampliar su poder en el resto del país. “Y entonces, sucederá lo que ha sucedido en los últimos 18 años, es decir, grupos que se combaten y un incremento de la violencia entre los clanes,” asegura.
Entonces, la inquietud reinante en Somalia se hará sentir en sus países vecinos, y naciones como Kenia y Etiopía, que en enero retirarán sus tropas de Somalia, se sentirán tentados a intervenir, con lo que surge el ‘escenario afgano’, opina Jan Abbink. En tal caso, aumentará la inestabilidad en África Occidental, lo cual afectará toda la región, y se necesitará toda clase de medios militares y humanitarios internacionales.
Tanto Jan Abbink como Mahad Mussa consideran que tan grave escenario se puede evitar si la comunidad internacional actúa con prontitud y preferentemente dentro de un mes.
Apoyo internacional
Pese a llamamientos hechos por países occidentales y de la Unión Africana (UA) para que se aumente el apoyo al Gobierno federal y para que se refuerce el contingente de la UA en el país, hasta el momento no se han anunciado medidas. El Gobierno somalí aún no ha recibido, o al menos no totalmente, los 200 millones de dólares prometidos en una conferencia de donantes, celebrada en Bruselas el pasado abril.
Entre tanto, según datos del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en las últimas dos semanas, la población civil continúa sufriendo el impacto de la lucha. Entre tanto, casi 160 mil personas han huido de la capital.




























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