Dos días de camino en busca de los cuerpos de sus 18 hermanos masacrados Awá, lleva el primer contingente indígena de la Minga Humanitaria que salió al atardecer del lunes del predio El Verde, resguardo El Sábalo, departamento de Nariño, sur de Colombia.
Un primer trecho en camiones hasta Buena Vista y, luego, a pie por trochas y caminos de herradura que los habrán de conducir hasta los restos de las víctimas, asesinadas entre el 4 y 6 de febrero por la columna Antonio José de Sucre, de la guerrilla de las FARC que reconoció el crimen motivado, según un comunicado, por supuestas informaciones que los nativos habrían entregado al Ejército. Los primeros testimonios de sobrevivientes que llegaron a la población de Samaniego daban cuenta de muertes a cuchillo para no alertar al Ejército, y de personas amarradas a los árboles para escarnio público.
"Nos preocupa sobremanera la criminalización en contra de nuestros pueblos.
Cada vez que exigimos respeto por nuestra autonomía y reivindicamos
nuestros derechos se nos tilda de ser colaboradores de uno u otro actor
armado, lo cual pone en riesgo nuestra vida y nuestra pervivencia". Así reza una declaración emitida la semana pasada por la Asamblea Extraordinaria de Autoridades Indígenas, preámbulo de la minga.
Las versiones iniciales sobre el número de muertos oscilaron entre 17 y 27, hasta decantarse en 18. En un sobrevuelo, el Ejército avistó un cuerpo en medio de una corona de minas, y algunos sobrevivientes hablaron de restos que, para no dejar rastro, fueron lanzados río abajo.
Sobre tan dolorosas e inciertas huellas trasiega la minga.
De todo el país
La romería inicial está compuesta por unos 500 hombres y mujeres de la guardia indígena de los departamentos de Nariño y Cauca, y delegaciones procedentes de todo el país, como los Wayuú, de La Guajira, fronteriza con Venezuela; Embera, del Chocó, limítrofe con Panamá, y de varios puntos de la amazonía. Paulatinamente, se irán integrando nuevos contingentes hasta completar dos mil o más. En tanto se celebrarán actos simbólicos y de solidaridad en Bogotá, Pasto y otras ciudades.
Los mayores van armados de bastones de mando, y los demás con palos y la convicción de la razón para imponer neutralidad en sus territorios asediados por todos los flancos. En primera fila, Luis Evelis Andrade, presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, y el senador Jesús Piñacué.
"Esperamos entrar el jueves 26 al resguardo Tortuguaña-Telebí, donde ocurrió la masacre," dijo a Radio Nederland Noraldo Chinipua, de la comunidad Wounaan, consejero de derechos humanos de la ONIC y del comité organizador de la minga. "Si todo va como previsto, este miércoles tomaremos un brazo del río Barbacoa para aligerar la travesía," precisó.
- "¿Cuándo finaliza?
- "No sabemos. Pensamos que el 29, pero es un cálculo incierto porque el territorio está minado. Queremos recuperar sus cuerpos, enterrarlos dignamente en un ritual de acuerdo con las costumbres del pueblo Awá."
Si bien Noraldo señala que son concientes del riesgo que implica ingresar a zona minada, sin ayuda de expertos anti-explosivos del Ejército o la Policía, confía en el buen sentido y cautela para hallar las minas y desactivarlas. En reunión con el ministro del Interior, agrega, "hemos pedido ayuda internacional, pero el Gobierno se negó; sabemos que esto conlleva mucho riesgo, pero asumimos esa responsabilidad desde las personas y autoridades", afirma.
De gato a tigre
"La minga es una forma recoger a todos los pueblos e ideas en un solo pensamiento para dar apoyo a cualquier comunidad afectada por el conflicto armado, en este caso, del pueblo Awá", comenta en diálogo con esta emisora María Claudia Colcué, trabajadora social, miembro de la guardia indígena de la comunidad Nasa, del Cauca
Radio Nederland.- ¿Qué significado tiene el episodio de recuperación de los cuerpos de los Awá?
María Claudia Coicué.- Estamos en una guerra que en este momento tocó a nuestro pueblo hermano pueblo Awá. Fue un atentado contra nuestra sangre, contra nuestra visón de mundo, contra la minga, contra no cambiar la historia. Se quiere recuperar los territorios a punta de sangre, de muerte, de masacre. Estamos yendo a recuperar esos cuerpos no para que los entierren. Para nosotros, los muertos no sólo representan dejar la vida sino la sangre dentro de la tierra, cada muerto para nosotros es una forma de resistencia. Los compañeros Awá están desplazados, y la idea es volverlos a su territorio, pues un indio sin tierra es un desterrado, un muerto en vida.
RN.- Los territorios indígenas están atravesados por el conflicto armado. ¿Cuál es su experiencia en el pueblo Nasa?
MCC._ Hace poco la guerrilla de las FARC se quería apoderar de un territorio del pueblo Nasa en la parte baja de Jambaló, Cauca. Con ellos tocó sentar una posición porque querían imponer sus leyes a través de las armas. Exponían que por cada cuatro hijos que tenía una familia, dos se tenían que ir con ellos, que los territorios iban a ser mandados por ellos y que cualquier problema que se presentara debía ser solucionado por ellos. De tal forma, despojaban de legitimidad la fuerza y la organización que existe, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, un proceso que lleva mucho tiempo desde la creación del Comité Regional Indígena del Cauca. Además, desconocían nuestra guardia indígena, que es la defensa de nuestra vida, que ha hecho un papel importante en al limpieza del territorio. A la imposición de la guerrilla respondimos con nuestra cosmovisión, diciendo que nadie es Dios para elegir la vida de nosotros. Les dijimos que si defendían la vida, entonces qué paso con el pueblo Awá y no hubo palabra para responder.
RN.- ¿Qué tan eficaz es la guardia indígena en cuanto a la neutralidad que reclaman?
MCC.- Recuerdo que estando en la discusión con los guerrilleros pasó una avioneta, a lo que dijeron que nuestros bastones de mando habían llamado su atención. El ambiente se caldeaba, y llegó un momento en que pensamos que nos iban a matar, porque la radicalidad aumentaba, la energía era sumamente fuerte, hablaba cada vez más gente y todos gritaban "¡que viva la guardia indígena!, ¡que viva la resistencia!" Pero, finalmente, logramos que se sentaran con nosotros, de manera pacífica y con una cosmovisión de mayores, pudimos decirles de buena manera que dejaran libres los territorios nuestros. Limpiamos el territorio de tanto explosivo y cosa mala que estaba enterrada, pero no lo entregamos al Ejército, porque tanto ellos como la guerrilla son nuestros enemigos latentes.
RN.- Usted dice que la lucha de los pueblos indígenas es pausada, como el paso de un gato, pero que esperan en algún momento convertirse en un tigre.
MCC.- Alguna vez observaba el paso lento del gato cuando va a cazar su presa y pensaba ‘nosotros somos como el gato, caminamos, caminamos, caminamos y llega el momento en que atacamos. Pero yo no quiero atacar de esa manera, sino que el paso lento del gato que no se escucha se puede convertir en el grito maullante y fuerte de un tigre en la selva. Eso es lo que está pasando en este momento. Nadie nos conocía como pueblo indígena, pero hoy podemos gritar y decir necesitamos y también podemos contribuir. El enemigo grande que tenemos es el Gobierno, pues nos tiene apabullados. Pero vamos a cambiar la historia: el paso lento del gato tiene que convertirse en las grandes garras de un tigre.
Advertencia
Los Awá están integrados por unos 25 mil indígenas, dispersos en 300 mil hectáreas de selva y sierra, en territorio colombiano, y una porción menor en territorio ecuatoriano.
La localización estratégica de sus resguardos en medio de plantíos y rutas de la coca, desde los Andes hasta el Pacífico, ha violentado su autonomía confinándolos en sus propios predios, sembrados de minas anti-personal.
Al dar inicio a la jornada humanitaria, la Asamblea de Autoridades Indígenas, la ONIC y la Unidad Indígena del Pueblo Awá (UNIPA) exigieron "a los actores armados, legales e ilegales, la desmilitarización del territorio del pueblo Awá, y, bajo ningún argumento, colocar en riesgo la minga".





























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